El miércoles de la semana pasada, en una reunión de trabajo en Portugal, me dicen:
"En español hay palabras "sucias". Opino que el francés también las tiene, y el portugués que hablan en Brasil está continuamente lleno de palabras sucias".
No entendí muy bien lo que significaba el adjetivo "sucio". Le pregunté a mi interlocutor si lo que quería decir era que hay palabras con más de un sentido, con lo cual pueden tener muchas interpretaciones, incluso a veces utilizarse de forma perversa para engañar, sin parecer que engañas, en el mundo de los negocios. Después de un rato pensando (imagino lo tuvo que traducirlo del español al portugués en su cerebro), contestó:
"Ummmm, sí, algo de eso es, pero creo que hay personas que lo utilizan mucho y otros no, y los españoles lo utilizan demasiado".
Una persona de su trayectoria profesional, así como de su edad y educación, me parece que si dijo lo que dijo era por algo, no por decir tonterías. Aquel razonamiento lo tengo guardado, y ya sé a que atenerme allí en algunos estados concretos en la vida de una relación comercial entre empresas, sobre todo interviniendo 3 países: Portugal, Italia y España.
Como soy más raro que un perro con lunares, la expresión de "palabras sucias" la he llevado a una anécdota que me pasó cuando yo era mozo apañao de cuerpo, guapo de cara, y corto de entenderas.
He dicho en muchas ocasiones que yo con veintipocos era tan simple como el mecanismo de un chupete. Tan cortito era, que no podían hablarme ni "con segundas", ni tirarme "indirectas", porque no me enteraba, o me enteraba tan mal que el resultado podía ser contraproducente.
Unos colegillas talaveranos quisieron gastarme una pequeña broma cuando cumplí los 23 años. Coincidió que la primavera me trajo la alergía al polen habitual y una subida de hormonas de aquí te espero, tanto que estaba cachondo perdido, vamos, que me arrimaba a una escoba con faldas. Todas me gustaban, y me aplicaba con esmero el reflán castellano que dice:
"Ninguna mujer es fea por donde mea".
El único problema era que ni las guapas, ni feas, ni mujer cualquiera me hacían caso. Yo creo que daba alergia. Así que cuando me arrimaba a ellas primero sonreían, al rato fruncían el cejo, y poco después me mandaban a paseo. Me decían que a tonto ganaba premio, así que como la peste, mejor bien lejos.
Viéndome mis colegas padrinos, que me sacaban unos pocos años de edad, en estado de tontuna transitoria, decidieron inventarse una costumbre de boda (importada de E.E.U.U.), no porque hubiera boda, era porque había ganas de broma, y una noche de sábado, después de cena opípara con buenas viandas y Rioja a mansalva, nos fuimos al chalet de uno de ellos, a terminar la ronda con una gachís que decían habían contratado para echarse unos bailes y ponernos berracos.
La muchacha era alta, guapa, hermosa, rubia y con ojos azules. Si cuando llegó ya nos quedamos mudos, cuando se cambió alguno se tuvo que sentar, porque venía toda vestida de cueros, con botas altas y corpiño ceñido, con fusta en mano derecha pidiendo guerra.
Encendió el radiocasette y empezó a sonar Joe Cocker.
Y lo primero que hizo fue sacarme a mi, sentarme en una silla, y ponerse al lado a bailar. Muy sensualmente, sus contoneos aumentaban la temperatura de los presentes. Yo sentado, sudando, y oliendo el cuero de sus ropas cuando me rozaba con su cuerpo. Primero se quitó el corpiño y "bazokas" fuera, ¡Dios qué tetas!
Después se quitó una bota, y en segundos retiré yo la otra, y después abandonaron carne los guantes y no sé que más, porque ya no estaba en la tierra, no sé si volaba o estaba soñando; eran los golpecitos que me daba con el látigo lo que me hacían volver al mundo, ¡por Belenos qué me dolieron!
No sé el tiempo que transcurriría, ni tampoco las canciones que pasaron, sólo recuerdo que empezó a sonar Erotica de Madonna, y ella me hizo ponerme de pié.
Erguido como un poste me desabrochó la camisa, lentamente, tomándose su tiempo para liberarla de la tenaza que hacía mi pantalón con mi cintura. Con la camisa desabrochada y fuera de mis tejanos, empezó a acariciarme los pelos del esternón. Mirándome fijamente, ella se mojaba con su lengua de reptil la comisura, ummm quien fuera comisura... y absorto en mis pensamientos me quitó la prenda de forma violenta... y su cara picarona cambió un poco, movió la nariz y su faz se torno en mezcla de asco y sorpresa; tal vez fuera mi aroma, de sobaco pasado por llevar horas sudado, y más todavía cuando aquel día no me había echado deshodorante.
Con la camisa quitada, se puso detrás de mi y me hizo sentar. Me abrazó apasionadamente, sentí como su carne se pegaba a la mía, y dándome un pequeño empujón, como si ella fuera mi ama y yo el esclavo, me agarró con una mano de la cabellera y.... se le quedó pegada a ella, porque ese día me pasé con la brillantina.
De un puntapié me tiró al suelo. Los demás gritaban, silbaban, estaban encendidos, aquello era un coliseo, donde yo era el mártir y ella la fiera que quería devorarme; fiera que estaba para yo comerla, porque ya sólo vestía un tanga. Viéndola venir, me quité los zapatos y los tiré por ahí... y algo de olorcillo a piés "perfumó" el ambiente, ¡qué más daba!, son cosas que pasan, así que me dispuse a esperar, y, la grité:
"¡Cómeme ya, si te atreves!"
Me quiso dar otra vez con la fusta, falló, esquivé la embestida, lo volvió a intentar, erró de nuevo, con cara de cabreó, la piqué más diciendo:
"¡Quítame los pantalones, qué te dejo!"
Y se tiró al suelo encima mía, dejándome atrapar. Me desabrochó el pantalón, y, bajando, bajando, descubrió.... mis gayumbos más feos, encima manchados por delante y con olor a orines mezclados con sudor y restos, pues era mucho calentón para tener fresquito aquello, eso que todo el mundo entiende, supongo, ¿o tengo que explicar lo que eso que puede dar deseo y asco al mismo tiempo?
El gesto de repugnancia fue supremo, y tirando por ahí los pantalones me gritó:
"¡Tío, eres un cerdo!"
A lo que yo respondí:
"Siiiiiii, grrrrrrrrrrrr, un berraco perverso, que aunque huele a mierda es una llama que prende hasta el hielo"
JAAAJAAAAAA, que risas por el amor de Dios, JAAAAAJAAA. se pilló un enfado tremendo, JAAAAJAAAAAAA. Mis amigos no daban crédito, yo que siempre iba lavadito y presentero, 30.000 pesetas tiradas (180 €) para encima tener broca y jaleo, JAAAJAAAAA, ¡ay, si no fuera por esos momentos!
Y vosotros os preguntareis el porqué de ir así, hecho un guarro y oliendo a estiercol, pues muy fácil, las preguntas que tengais tienen respuesta, y la respuesta es sólo una: me chivaron el encierro, y en vez de quejarme o hacerme el despistado, preferí tomarles el pelo, ¡vamos, hacer el tonto!, y no se me ocurrió otra cosa que ir con falta de ducha, con mucho alcohol en vena, y con la neurona en ON que movía entonces mi pensamiento, JAAAAAAAAAAJAAAAAAAAA.
Lo siento por la stripper, pero seguro que todavía se estará acordando de mi. Eso sí que era español "sucio", y no las calendas de mi partner portugués, que se adelantó al tiempo, sin saber lo que vendrá, como aquellos colegas talaveranos, JAAAAAJAAAAA.
En fin, que por algo os he dicho que era tonto, pero tonto de ejemplo; que hacía tontadas a diestro y siniestro, y si no, a las pruebas me remito. JEEEJEEEEEEEEE, ¡¡me parto yo sólo!!
Ahora con más años y menos descaro he perdido frescura, soy menos tonto pero me he vuelto más gilipollas. Por cierto, pedí perdón a la chica y le expliqué todo. Al final terminó bien.
Miguel Ángel de Móstoles
En fin, que por algo os he dicho que era tonto, pero tonto de ejemplo; que hacía tontadas a diestro y siniestro, y si no, a las pruebas me remito. JEEEJEEEEEEEEE, ¡¡me parto yo sólo!!
Ahora con más años y menos descaro he perdido frescura, soy menos tonto pero me he vuelto más gilipollas. Por cierto, pedí perdón a la chica y le expliqué todo. Al final terminó bien.
Miguel Ángel de Móstoles