Hay alergias para todos los gustos. Yo las colecciono. Soy alérgico al polen de las gramíneas, al pelo de los perros, al pelo de las cobayas, a la taladrina, al cartón ondulado, al chocolate malo, y creo que tengo alguna más. La peor, sin duda, es la de la del maldito polen, que me deja durante dos meses para el arrastre.
Claro, que pensándolo bien, hay alergias peores. Yo, de toda mi vida, la más extraña que haya conocido es la que tenía Brus (los padres quisieron ir de modernos en una época que predominaba lo rancio, y no se les ocurrió otra cosa que llamar a su primer retroño Bruce, pero el del registro no sabía inglés y lo escribió según le pareció, y como los padres no sabían leer ni escribir, lo dieron por bueno). Como Dios se empeña en unir aquello que destaca, Brus se enamoró de una muchacha que se llamaba María de la Magdalena del Paño Caliente; nombre raro y complicado, quedándose en Marimag para la familia y amistades.
Esto ocurrió hace tantos, tantos, tantos, que tener una radio en casa era cosas de multimillonarios. Brus y Marimag habían estado 4 años de noviazgo. En aquella época, y más en un pueblo, el acercamiento más carnal de dos prometidos podría ser un par de besos robados, y algún achuchón de él en el culo de ella, poco más. Casados por la iglesia en el Día del Señor de la semana 37 del 1947, tuvieron buen banquete, "manzana" (1) aceptable, y estreno de cama en casa nueva.
Había una tradición muy arraigada en el medio rural castellano: la cencerrada (2). Como los que por aquí pasan son todos muy jóvenes, dedicaré unas palabras a explicarla. Familia y amigos, ataban cencerros a la cama de los recien casados, y se ponían bajo la ventana a escuchar. Si sonaban los cencerros, era porque el matrimonio se afanaba con esmero, siendo motivo de júbilo; si no sonaba, entonces malo, y empezaban a cantar una serenata de coplas al marido descastado. La poca vergüenza de los allí apostados, el alcohol, y mala leche, originaban que hubiera seranata tanto si se follaba como si no, incluso frases malsonantes. Tradiciones un poco cabronas, que por suerte han pasado a mejor vida.
Como os podeis imaginar, el sexo era un tabú en aquella España de curas y militares. Brus tenía un primo, habitante de la capital, que le había explicado el modo de comportarse en esos casos, no como un gorrino cuando monta a una cerda, ¡ese no era el camino! Lo más importante, subrayado una y otra vez para que la mollera de Brus no se olvidara, era que había que tener paciencia, mucho tacto, y que nada de ZAAAAAAAAS, no, no, que antes de meter era menester hacer un buen cuníngulis, para que su mujer se relajara primero, se excitara después, y luego, ya se vería si había penetración o no; y sobre todo, nada de obsesionarse, que a base de practicar, antes o después, llegarían el gustirrinín.
En la noche de autos, Brus empeño puso. Bajó a la gruta del placer y allí más que lamer se puso a beber, y a olfetear aquello, poniéndole bien berraco, y bueno, no sería un cuníngulis de 10, pero hizo el trabajo, y lo que vino después os lo podeis imaginar, ¿no?, bueno, que tuvieron que fingir que hacían algo, porque entre que a ella le dolía, a él se le bajaba, pues bueno, lo intentaron.
El caso es que a Brus le gustó aquello, y cogió por vicio el de practicar a su parienta eso que a ella tanto la excitaba, terminara o no luego en otra cosa. Rara era la noche que no practicaran sexo oral.
Pero aquello se convirtió en un problema. Resulta, que cada vez que lo hacía, él se cubría de ronchas la cara. Si lo dejaba de practicar 2 ó 3 días, el cutis volvía a su estado anterior. La pareja descubrió que aquello era bueno para unas cosas, y malo para otras.
La alergía a Brus no se la diagnosticó el médico, no era plan de ir a ver al galeno y contarle cosas privadas, ¡menuda vergüenza! Fue el pariente capitalino, quien le dijo que seguramente eso era alergia al pelo púbico de ella, y que lo mejor sería que Marimag se podara un poco los bajos, pasando cuchilla con cuidado por aquella zona, y dejandolo todo lo pelón que se pudiera.
Hicieron caso al familiar, y ella se puso a la faena. Marimag era mujer de buena pelambrera, morena, rizada, y un poquito larga, eso sí, nada sucia, porque ella se lavaba. Aquellos pelos necesitaron de esmero, con bien de jabón y frote intenso, pasando después la maquilla. La operación llevó tiempo, porque ni tenía bidé, ni maña para afeitarse. El resultado quedó bien, ambos se congratularon.
Probaron con aquello afeitado y resultó acertado, Brus no volvió a tener erupciones en su cara. Lo malo vino después, la navaja causó heriditas, y las heridas provocaron granitos, y lo que primero fue pelo, después carne, terminó por ser una paella de tomates reventones, ¡un horror!
Así que señoras y señores, por la maldita alergía de los cojones, aquel matrimonio unido por bajas pasiones, dejó de lado "beber del caño", y volvieron los pelos ha ocupar el espacio desvastado, y Brus, el pobre, dejó de probar aquel suculento bocado.
¡Hay que joderse con las alergias!, hoy en día, seguro que una buena crema lo hubiera solucionado todo.
¡Feliz lunes!
MIGUEL
(1) En muchos pueblos de Castilla se denomina así a la entrega de dinero en una boda, aún se sigue llamando aunque ya no se haga lo de entonces. El llamarse así era porque la novia, o un familiar, se ponía a bailar con una manzana trinchada por un cuchillo o tenedor, para que los invitados "clavaran" sus donativos a los novios en la manzana, siendo generalmente monedas.
(2) Las canciones picantes de las Cencerradas, es tema estudiado en muchas tesis doctorales. En realidad, eran normal en toda España. Generalmente se hacían a los viudos, cuando se casaban en segundas nupcias. En otros lugares, se hacían por sistema, siendo más o menos bestias y alusivas dependiendo de quienes se casaran.
(3) En aquella época no había nada de libertad, siendo además una sociedad con muchísimos tabues, sobre todo en el terreno sexual. Por blasfemar se multaba, ¡y menuda multa según recuerda mi madre!, no se podían hablar de según que cosas; pero, en las fiestas, cuando los mozos se ponían tibios de vino, a veces, salía la ganas de cachondeo y se bailaban jotas, y el "agarrao", con algunas letras brutísimas como la del ejemplo:











