Óptica Calvo

miércoles, 28 de septiembre de 2011

La oferta que rechazé del Diablo.

Tengo pachuchas a las nenas, sobre todo a Claudia, a parte de estar más liado que la pata de un romano (con follones, ¡ojalá fuera trabajo!). Quiero pensar,  que antes o después, volveré a "normalizarme".

¿Os he contado alguna vez que el Demonio un día se me apareció, y que  me hizo una oferta que a punto estuve de aceptar?, ¿no?, ¡vaya memoria tengo!, ¡pues ahora mismo os lo cuento!

Don Pepe Botero me visitó un domingo, hace la tira de años. Era una época en la  que mis padres me aguantaban, y hubo un fin de semana que no tuvieron más remedio que dejarme sólo. Como amante de la cocina que soy, ese día me di un homenaje y me zampé un kilo de mejillones al vapor, seguido de un plato a rebosar de pasta al estilo Miguelillo. Para regarlo, no se me ocurrió otra cosa que mezclar Licor 43 con pacharán, en una cubitera llena de hielo. Entonces tenía un cuerpo de acero y me sentó el litro de brebaje más la comida de maravilla. Para hacer bien la digestión, nada mejor que una siesta de 2 horas en el sofá.

Al despertarme, me llevé un susto bestial. Estaba el innombrable sentado en una silla mirándome. Me cagué del susto, no os digo más.

- Yo.- ¡Vade retro Satanás! - mientras mostraba la cruz que tenía colgada del cuello - ¡avemariapurisimasinpecadocondebidaaa.....!

- Satanás.- ¿Qué haces atontao?, ¿por qué te asustas?

¿¡Qué por qué me asusto!?, ¿quién no se asustaría en mi lugar, al ver a un tipo con patas de cabra, con cuernos de reno, con talle de color sangre, y cola de anaconda?

- Satanás.- ¡Ah!, ya veo, es por la pinta que tengo. Tranquilo, me he disfrazado para que me reconozcas. Puedo tomar cualquier cuerpo. Mira, ahora mismo me transformo en el cuerpo de Maribel Verdú, que sé que te gusta.

Y dicho y hecho.

- Satanás.- ¿Me quieres tocar las "lolas"?, ¡no te cortes!

- Yo.- ¡¡Desaparece!!

- Satanás.- Bueno, venga, vamos a lo que vamos que tengo tarea para un rato. Resulta que he pasado por aquí y te he visto, y como tienes cara de bueno, me he dicho a mi mismo de tocarte un rato los huevos, y ya de paso, ganar adeptos para la causa. Vengo a proponerte una oferta, que un hombre inteligente como tú, no podrás rechazar.

- Yo.- ¿Una oferta? - ya más sosegado, y sin dejar de mirar las tetas del Diablo - ¿a cambio de qué?

- Satanás.- De tu corazón.

Casi me dió un soponcio, y no pudiendo contenerme, me dió la risa tonta.

- Yo.- JAAAAAAAAA, ¡te cagas!, a ver, ¿qué oferta es esa?

- Satanás.- Te haré el hombre más feliz del mundo. Tendrás dinero, mujeres, riquezas, serás multiorgásmico y  calzarás potente herramienta, ¡lo que quieras chato! Lo único que perderás será la capacidad de amar. Como verás, una oportunidad así no se da todos los días. Además, ¿de qué sirve el amor, pudiendo tener todo lo demás?, ¡es algo sobrevalorado!

- Yo.- ¡Joder!, ¡pero todavía no me he enamorado!, ¡yo quiero estarlo, quiero estarlo!

- Satanás.- A la una, a las dos..... y.. ¡a las tres!

- Yo.- ¡Espera, espera, lo estoy pensando!


- Satanás.- ¡Adios salao! Tuviste la oportunidad de tu vida. Ya es tarde, ¡hasta la vista!

Y desapareció, así, sin más, sin dejar humo ni señal. Del canguelo del principio pasé a la turbación posterior, terminando aquella en masturbación, pues no se tiene todos los días, al alcance de la vista, el cuerpo de Maribel Verdú.

Tuvieron que pasar 5 años para que viniera Dios y me hiciera otra proposición. ¡5 años de barbecho, que se unieron a todos los anteriores, dónde nunca hubo amor, si acaso, llamémoslo así, deseo! Dios se convirtió en mujer y apareció Ana, y lo que vino después, de sobra es conocido por la concurrencia.

¡Joder, como pasa el tiempo, pronto hará 10 años que nos conocimos, y como regalo  se me ha ocurrido esto!, ¿tendré que comprar un regalo caro, o bastará sólo con mi ingenio "vertido" en texto de un post?

"Noooooo, ¡no basta!, ¡¡saca la VISA y púletelo en un colgante caro, de no menos de 20.000 €!!"

¡Vaya!, parece que el Diablo ha regresado de nuevo y me está dando por saco.

Besazos.

Miguel Ángel de Móstoles







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viernes, 23 de septiembre de 2011

El desagüe que se lleva todo.

El agua que al principio era clara, se torna al rato más oscura y con espuma, el agua no cambia, se transforma. Entra en la bañera un hombre derrotado, y a la media hora sale un hombre esperanzado. Sabe que todo se va a la mierda, que a todo el mundo le llega, pero no quiere bajar los brazos. Quitando el tapón, el nivel empieza a bajar, y el agua sucia por el desagüe se va. Por una cañería fina a otra general, de la general a una principal, de la principal a un colector y de ahí a un arroyo, el cual desembocará en un río, que morirá a su vez, en el mar. ¿Será el fin o el nacimiento?, ambas cosas mi capitán. Es el fin de todas las aguas, como si la mar fuera la gran casa, y el nacimiento de todo, pues de ahí al cielo y de nuevo la tierra, es el ciclo del agua que se estudia en ciencias.

A veces, creo que cuanto más mierda mandamos al mar, él lo devuelve por duplicado. Como un torbellino que cuanto más se acerca al centro más velocidad coge, y más succiona. No me refiero a la mierda de suciedad, me refiero a la "mierda" de problemas que cargamos con ellos, a las desazones, a la vida en general, de todos aquellos que tenemos la suerte de tener una bañera, con agua corriente y jabón, y podernos bañar dentro de ella, pensando que nuestros problemas, por el sumidero se irán.

Dedicado a mi hija Claudia, que ayer, después de tener un día nefasto (hoy mejor no mirar los periódicos, aunque imagino que todos ya estareis bien enterados), al vaciar la bañera dijo:

"Papá, ese agua se va a su casa"

No sé lo que estaría relacionando en su cerebro con casa, pero un razonamiento así en un niña  de dos años y medio, me demuestra que el Ser Humano tiene en su mano la solución de todos los problemas.

Antes que mi hija dijera eso, tomando el baño relajante, los Pink Floyd sonaban dentro de mi cabeza.




¡Feliz fin de semana para todos!

Miguel Ángel de Móstoles



miércoles, 21 de septiembre de 2011

Nueva técnica en implantes capilares.

Patrocinado por: www.opticacalvo.com



Gracias infinitas a Beatriz Salas, por poner su voz al post HUMO, hecho en colaboración con nuestra gran amiga Sensaciones. ¡Un beso Beatriz!. Podeis escuchar su gran voz pulsando AQUÍ.


Estoy que no quepo en mi, y no es  por la grasa que me rodea, es porque no doy crédito. La noticia ha corrido a la velocidad de la luz por la Red: hay un tratamiento definitivo para aquellos que no quieran estar calvos.

He tenido familia que se han hecho un implante capilar. Han pasado de tener poco pelo a tener algo de pelo. Un pastizal primero, varias horas de quirófano después, un preoperativo que es un coñazo, ¡y dejás de estar calvo! La operación, consiste primero en quitarte pelos de aquellas zonas de la cabeza dónde sí los tienes, y después, con paciencia y tiento, te los injertan en la zona de clareo.

El problema venía meses después  con muchos  de esos pelos transplantados, que  con el discurrir del tiempo no terminaban de "agarrar" bien, y de nuevo volvían a desaparecer. El error no estaba en el método, estaba en el tipo de pelo.

El nuevo sistema consiste en transplantarte pelos del pubis a la cabeza. ¿Os habeis quedado tiesos?, no es para menos. Con el mismo pastizal, te hacen una poda integral y definitiva de los bajos, transformando un gañán en un metrosexual, y encima te cubren la sesera con pelo de calidad, además de darte un toque afro que ahora, eso dicen los modistos, está muy de moda. ¡Dos operaciones de estética por el precio de una!, ¡madre lo que avanza la ciencia!

Ahora, yo me pregunto, ¿y aquellos que quieran un pelo más largo y rizado, a modo de caracol, para quedar como un galanazo de telenovela, qué harán?, ¿de dónde los van a sacar?, porque si los de abajo te los dejas largos, entonces serán lacios y no tendrán fuerza. Sólo se me ocurre un sítio en el cuerpo, el cual pueda proporcionar pelos sanos, largos y rizados, a modo de caracol:

En la zona de la raja del culete.

De ahí deberían de ser, digo yo. Además, que encima por el precio de uno te hacen 3 operaciones de estética, ¡nada menos!, y no es menos baladí quitar las "lianas" en los que se lian los "tarzanitos", que son las zurraspas secas de las malas limpiezas.

¡Joder con los tiempos!, en menos que canta un gallo nos hincharemos a ver a españoles con el pelo rizado, JAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, y encima bien peladitos de lugares recónditos y prohibidos, JAAAAA, ¡me meo imaginándomelo!

Por cierto, tengo entendido que con los años el pelo púbico también se vuelve cano, por lo que, a ciertas edades,   habrá que pensarse si uno se opera o se mantiene calvo, porque como quiera tener transplante de pelo largo y rizado, entonces le puede pasar como a este señor:



Que encima, ¡no se le ocurrió otra cosa que luego irse después a la peluquería, a hacerse una permanente! ¡Hay de todo en la viña del Señor!

Señoras y señoritas, mujeres todas, ¡qué suerte teneis que sólo pocas de vosotras padeceis el abandono capilar múltiple!, porque si ocurriera os como a los hombres, entonces la raza humana terminaría por dejar de tener  el pelo lacio, ¡y hasta los chinos lo tendrán rizado!, JAAAAAAAA

¡Noticia bomba, oiga!

Miguel Ángel de Móstoles

P.D. Mi abuela Pipa (Felipa), que en paz descanse, ha sido la única mujer calva que he conocido en esta vida. ¡Qué me muera ahora mismo si es mentira!, AGGGGGGG, ¡me da algooooo!, JAAAAA, ¡¡es broma!! (lo del  yuyu, que lo de mi abuela es verídico).






lunes, 19 de septiembre de 2011

Una de pelos, alegrías, e instrumentos.

Gracias infinitas a Beatriz Salas, por poner su voz al post HUMO, hecho en colaboración con nuestra gran amiga Sensaciones. ¡Un beso Beatriz!. Podeis escuchar su gran voz pulsando AQUÍ.

El otro día, en el programa de radio del Carlos Herrera, hablaron del siguiente tema: el destape en el cine español. JAAAAAAAA, me meaba de la risa escuchándolo (a ratos, sólo cuando estaba conduciendo). No recuerdo si era uno de los colaboradores del Líder, o un oyente que llamó, el caso es que hablaron del "gato" de la actriz, que protagonizó el primer desnudo integral del cine español. Gracias a Google, ahora sé que ese honor lo tiene María José Cantudo. El video en el que enseña el parrus es éste:





JAAAAAA, claro, claro, como ahora la moda es el rasurado integral, ver montes de venus frondosos hasta escandalizan. ¡Ay!, ¡cuanta tontería nos han traído los videos, las series americanas, y demás! El pelo es alegría, y si "bebiendo del caño" te comes alguno por haber abundancia, con escupirlo es suficiente. ¡Cuanta tontería, por el amor de Dios!

Y todo esto viene, porque gracias a ello he recordado una historia real, que paso a contar (es muy larga, aviso).

Hará unos 20 años, estando de veraneo por Talavera, era normal ir un par de veces a bañarse en las cristalinas (y heladas) aguas de Madrigal de la Vera o Candeleda. Talavera de la Reina es ciudad de dos ríos: el Tajo y el Alberche, pero estando relativamente cerca la Sierra de Gredos, es preferible cogerse la merienda e irse a pasar el día a dónde he dicho; merece la pena.

Nosotros éramos de los que nos subíamos hasta lo más alto, hasta la charca más elevada, con el único fin de estar tranquilos y no rodeados de más gente. Teníamos fichados un par de sítios, a más de 1000 metros de altitud, y que para llegar casi necesitabas tirarte en paracaidas desde un helicóptero. Entoces como se era joven, se hacía lo que se hacía.


Viajábamos en  2 ó 3 coches. Por norma, el grupo lo formaban más chicas que chicos.  También era normal perderse en la siesta, en pareja, para hacer cosas de pareja. ¡Lo pasábamos en grande!, ¡qué tiempos!, comíamos dabuten, nos poníamos ciegos a buen vino, el agua estaba estupenda y el paisaje era de postal, y encima, algún besito caía, ¡genial!


Un día de los que fuimos, nuestro escondite había sido usurpado por una pareja. El chaval llamó rápido la atención, pues parecía Conan el Bárbaro en guapo, y la chica, pues más de lo mismo en cuanto atractivo y belleza. Sus sonrisas al vernos tuvieron por respuesta nuestro ceño fruncido y miradas inquisidoras. Montamos el campamento, y al rato, como ya estábamos un poco beodos, pues eso, que ya nos dió lo mismo. Uno de nosotros quiso ser amable, y se dirigió a ellos para ver si querían unirse a la fiesta. Sonrieron y respondieron algo en un idioma desconocido. Tuve que ser yo el que dijera que hablaban en inglés, ya que los de allí no salían del talaverano.

Vino la chica a saludarnos, y se entendió conmigo como pudo. Me dijo que eran australianos, y que estaban de año sabático por Europa. Recalaron allí porque lo habían leído en una guía australiana, y no podían estar más encantados, pues era mejor de lo que se esperaban. La pregunté si aceptaba una botella de vino español, para que se la bebiera ella con su boyfriend, ese que había revolucionado el gallinero femenino patrio. La acepto, y como agradecimiento, ellos también quisieron hacernos un regalo. El presente era un búmeran mediano; y para no ser descortés, lo aceptamos, aunque no sabíamos muy bien para que coño terminaríamos utilizándolo. Sin duda, la botella de vino era mucho mejor.

Ellos se dedicaron a vaciar la botella, diciendonos "salud" en la distancia, y nosotros asintiendo con la cabeza y con el vaso de plástico lleno de morapio.  Al mismo tiempo, comíamos  buenas viandas y latillas varias (mejillones, chirlas, navajas), uffff, ¡menudo banquete!

Los astrualianos se pusieron tontorrones y perdieron el sentido. Ella se quitó la camiseta y el pantalón, quedándose sólo vestida con un bikini, prenda que mostraba un buen par de perolas y..... ¡tachán!, ¡unos señores pelarros que salían por los lados de la braguita!, JAAAAA, se ve que en nuestras antípodas, y  en aquellos años, ¡el pelo abundante era alegría! Los chicos un pelín chasco nos llevamos, para que negarlo, y las chicas se lo tomaron a risa, a carcajadas  la dijeron "¡qué no estamos en invierno!", y mientras gritaban se relamían, esas caras concupiscentes eran resultado de una cosa: el gachó tenía un señor empalme, y, ¡joder!, dejaba al pabellón patrio el mierda que no pisa ni gato, ¡madre del amor hermoso!

Al rato de terminar la botella se esfumaron. Digo yo que les entraría ganas de echar un pis, y por eso de no perderse, irían los dos. Debieron de irse lejos, pues tardaron más de una hora, lo comprobé con el reloj. Debieron también aprovechar para cagar, pues su caras relajadas, eran constancia feaciente. Durante la hora,  como flores en primavera que esparcen su polen, salieron nuestros feromonas al ambiente y actuaron: pues nosotros nos pusimos bien malitos, y ellas cardiacas perdidas; pero, entre amigos, mejor nada.

Yo me dormí la siesta, había que sudar el cebollón. Dos horas y media, y me desperté como nuevo. Luego más risas, otros bañitos, y ya cayendo la tarde, me dió por buscar el búmeran de marras. Como no lo encontraba pregunté. Los chicos dijeron que no sabían, y las chicas no dijeron nada, sólo se reían y se miraban entre ellas. ¿Dónde narices estaría?, quería quedármelo, ese era mi empeño, porque aunque inútil, era original y colgado en alguna pared de mi habitación quedaría fetén.

Ya de vuelta, en el coche, volví a preguntar por él; nada, ni estaba, ni se le esparaba. Me cabreé y puse el morro arrugado. Yo en el coche llevaba sólo amigas, así que me tocó repartirlas. El orden de reparto lo decidí yo, pues quería dejar a Maripili para la última, una muchachota que me hacía tilín y quería que se despidiera con un beso, ¡qué menos!

La dejé en el portal y beso no me quiso dar, y como me enfadé, de su bolsa sacó el búmeran.

- Toma, ¡atontao!, ¡para qué luego digas que no te doy naaa!, ¿no estabas buscando esto?

- ¡Joder!, ¡qué cabronas!, bueno, algo es algo, anda, ¡dámelo ya!

Y mientras me lo pasaba a la mano, me vino un olor fuerte y familiar a las napias, y el foco era el búmeran; ese olor añejo, como a bacalao, ummmm, ¿sería que la bolsa tenía cúmulo de mierda, y hacía tiempo que no pasaba por la lavadora?, sí, seria eso; pero cuando lo acerqué a mi cara, comprobé que el instrumento estaba lleno de pelos, rubios y morenos, ¡joder, si son pelos rizados!, ¡ay madre!

- Oye, Maripili, ¡esto tiene pelos!, tú eres rubia de cabello y cejas, pero también los hay morenos, ¿acaso no lavas la bolsa desde hace milenios?

- Sí, sí, será eso, JAAAJAAAAA, ¿tú la ves sucia? - mientras me la enseñaba por dentro - con esto no te digo nada y te lo digo todo.

Ya vais atando cabos, ¡claro!, yo pensé también eso, y al cabo de 10 años, estando todas aquellas muchachas  ya casadas, y con niños, me enteré que con la coña del vino, el calentón del momento, el maromo que rompía el bañador, y nosotros, que nos quedamos dormidos y ellas, precisamente, tenían otras cosas "despiertas", pues eso, que el búmeran sirvió para sustituirnos, y que aunque no fueron todas, algunas pecaron, ¡pecadoras!

¡Quién me iba a mi a decir!, aunque me lo suponía, que tuve colgado por tiempo un vibrador australiano, que hizo un buen apaño, y que cuando las visitas venían, siempre decían: "anda, uno de esos trastos que si los lanzas, vuelven al punto de partida", JAAAAA, pues no sé yo si con los años, a más una de aquellas, le hubiera gustado que hubiera vuelto aquella "fiera" de madera.

JAAAAAAAAA.

Por cierto, estoy muy contento. Me aposté con Ana que alguno de vosotros, con el post anterior, sacaría a relucir los 2 rombos. ¡Gracias!, ¡¡estaban esquisitas las mollejas y los rillones al Jerez que gané en la apuesta!!

Buena semana.

Miguel Ángel





viernes, 16 de septiembre de 2011

El rombo y el amor.

Post patrocinado por: www.opticacalvo.com


Acabo de volver de vacaciones, y ya necesito otras... A ver si puedo descansar un poco este fin de semana, ¡qué me hace mucha falta!

El otro día me animaba Miguel Ángel Molina  a escribir más microposts. Tocayo, ¡no me salen!, ¡no valgo!, pero a base de intentarlo, me ha salido algo, ni largo ni corto, más bien mediano (de texto, JAAAA, que de calidad no llega ni a charco). Dedicado con mucho cariño, a todos aquellos que estén enamorados y compartan el amor:
 
- La evolución del amor se asemeja a un rombo partido en dos. Dos personas se conocen, la forma da lo mismo, y es como si empezaran en uno de los extremos. Cuando surge el amor, hasta el agua y el aceite se mezclan, dicen que es un fenómeno químico, yo creo que es algo milagroso. Si avanza, esa relación se irá afianzando, y empezaremos a bajar por el rombo, hacia la parte más ancha. Es la superficie el equivalente del amor. Cuando estemos en la "cintura" de la figura geométrica, habremos alcanzado el máximo. El tiempo en pasar del vértice al radio menor, que es el máximo, lo podemos medir por el radio mayor, ¡mira, al final todo se reduce a las matemáticas! Habrá quienes avancen rápido, habrá quienes avancen lento.

Pero algo pasa, otra vez la química, ¡qué la arma!, que lo que antes aumentaba, antes o después,  tiende a disminuir. Según nos desplazamos por el radio mayor, vuelve a hacerse los otros radios más pequeños, y pasada la "cintura", empieza este a ser menor; vamos camino del otro extremo inferior. Ahora no aumenta, ahora disminuye. Y llegará un momento, antes o después, que de nuevo estaremos en el extremo, y lo que antes era mucho, ahora ya casi no es nada. Habremos llegado al final. Ya sabes, todo lo que comienza, termina, como la vida misma.

- Entonces, ¿ahí se terminó todo?

- No del todo, porque hay una cosa que es evidente: se puede recorrer el camino inverso, y, por tanto, volver de nuevo a crecer. Todo es proponérselo, o reconocer los errores, primero propios, sobre todo, y después ajenos, si los hubiera.

- Cariño, nuestro rombo es grande y largo. Espero pasar mucho tiempo a tu lado, y si llegara al final, y no hubiera vuelta atrás, entonces cogería un lápiz y lo haría más grande.

- Yo también te quiero, ¡dame un beso!

Espero que os haya gustado. FELIZ FIN DE SEMANA PARA TODOS.

Miguel Ángel de Móstoles





martes, 13 de septiembre de 2011

Padre nuestro, que estás en los cielos.

Señoras y señores, tengan a bien sentarse, que aquí empieza la corta historia de Josefino rezando al Padre.

Estaba la mujer de Josefino viendo la televisión, cuando escuchó a su marido orando en la habitación. Josefino que era ateo, por la gracia de Dios, ¡¿rezando el Padrenuestro?!, "eso no me lo pierdo yo", y dando un respingo, levantó el culo del sillón.

Josefino, de rodillas frente al ordenador, empezaba a rezar la principal oración de los católicos:

"Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre..."

Y en eso que la mujer, comprobó con gran horror, que estaba su marido de rodillas con el rabo en posición. Con la izquierda en el corazón y la derecha en la salchicha, una la movía y la otra la mantenía.

"Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad..."

Y Josefino, en movimiento vertical, agitaba lo de allí abajo, poniéndose "eso" duro y venoso, ¡como si estuviera viendo porno!

"El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy, y hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo..."

Y Josefino venga que dale, y del movimiento llegó el gustillo, pues empezaba a cambiarle la voz por una más ronca, más nasal,  cómo si tuviera dificultad con  la respiración; se estaba acercando el final. La mujer, la pobre, no sabía si tirarle un cenicero, llamarle la atención,  o irse para no volver, ¡estaba en estado de shock! Josefino seguía y seguía, rezando y al mismo tiempo batiendo el rabo.

"Y hágase tu voluntad, y líbranos del mal, aaaaaaaaa....."

Y Josefino relajó el jeto, cerró los ojos, tiró hacia abajo del miembro, y apretando las nalgas terminó de orar y correrse al mismo tiempo.

"meeeeeeeeeeeeeeeen"

Y de su pene salió un par de gotas, pues sus tésticulos ya rondaban el invierno, y lo que de joven era caudal bueno, ahora era  lo que era: una mierda seca.

No cayó Josefino en cuenta que estaba siendo observado, pues el pobre era despistado por naturaleza, y a juzgar por lo visto, tampoco andaba muy sobrado de vergüenza. Satisfecho, se giró a la puerta, franqueada por su amada mujer, que con los ojos como soles, se tapaba la boca.

- Esposa.- ¡Sinvergüenza, maleducado, malmarido, cabronazo, yo te mato!

- Josefino.- Ya veo, me estabas espiando. ¿Qué te escandaliza más, que me haga una paja o que me ponga a rezar?

- Esposa.- ¡Para tocarte te vas al wáter, cuando yo no esté en casa, por supuesto!, ¡¡¿pero rezar y masturbarte al mismo tiempo?!!, ¡ahora mismo te vas de esta casa con tu madre!, ¡qué te aguante otra esto!

- Josefino.- Mujer, no te enfades, no des importancia a esta escena, verás, yo te cuento, si me dejas.

La mujer gritaba, daba botes, se arañaba la cara, pareciera que estuviera poseida por el dueño del Averno.

- Josefino.- Esposa mía, esto se va a la mierda. Grecia a las puertas de la quiebra. España irá detrás. Hoy me han despedido del trabajo, ¡ya sobramos todos! He ido al banco y he pedido que me aplacen la hipoteca, y me han dicho, muy fino, eso sí, que me vaya la mierda. Ahorros no tenemos, porque los gastamos en viajes, en el BMW, que se antojó, y en el piso en Benidorm, ese que ahora no vale ni la mitad del pastizal que pedimos al banco usurero. Desazonado me he puesto a llorar, muchos me habrán mirado pero nadie me ha dicho nada. Todos tienen sus problemas. Aunque diga que soy ateo, en realidad  en algo creo, llámalo X, llámalo Dios,  y por eso a la iglesia me he encaminado, dónde un cura me ha dicho:

"Hijo mío, Dios escucha a todos, rézale con gusto y fruición, y Él te guiará en tu camino"

- Esposa.- ¿Y por qué coño te estabas a la vez masturbando?

- Josefino.- ¿Joder Ramira, ya te he dicho que me han dicho que rezara con gusto y fruición ?, ¿estás dura de oido?

Y colorín colorado, esta tontá se ha acabado. Que nadie se me mosquee, ¿eh?

Miguel Ángel de Móstoles




lunes, 12 de septiembre de 2011

Mi descubrimiento de los Kleenex.

Ayer estuve sacando un señor mocazo a Claudia de sus naricitas con un pañuelo de papel, y después de darme las gracias y un beso por liberarla de esa carga, me acordé de mi descubrimiento de los kleenex; forma coloquial de llamar a los pañuelos de papel en España, que no es ni más ni menos que una marca que los fabrica.

¡Aquí comienza otra historia del abuelo cebolletaaaaaaaa!

En mi adolescencia y juventud, existía una prenda llamada pañuelo. Yo los tenía de varios tipos, dimensiones y colores. Desde los más sencillos: lisos y de color blanco, hasta los más elaborados: bordados por mi señora madre a la Lagarterana, que más parecía el pañuelo real de Felipe II que un pañuelo al uso.

El pañuelo, o moquero en las tierras de mis padres, se llevaba en el bolsillo y sus utilidades eran múltiples. Tantas como las que se puede dar a un pañuelo actual de papel. Unos ejemplos:

a) Como depósito de mocazos y viscosidades varias provenientes de la nariz. En los pañuelos actuales te suenas y luego lo desechas. En aquellos no. Elegías un lugar concreto de su superficie para depositarlos, quedándose ahí pegados, y luego lo cerrabas. Según seguías usándolo, tenías que buscar otro lugar, por lo que era necesario despegarlos porque los mocos secos son como el pegamento Imedio. En épocas de alergia, era muy normal que a los dos días se quedara de pie por la cantidad de mocos secos que contenía. A veces, parecía un mapa verde, JAAAAAA.

b) Para secarse el sudor. Como ya he dicho, había que elegir cuidadosamente el cómo hacerlo, porque podías dejarte un moco pegado en el secado. A la cantidad de miasmas secas, se unía la suciedad negra al limpiarse la grasa disuelta generada por la sudoración.

c) Mi padre lo empleaba a veces a modo de cubre-cabezas. Cuando cortaba el mármol, se lo ponía en la cabeza, anudado, y así no se manchaba el pelo de polvo.

d) También se utilizaba para limpiarse el pito al final de los encuentros sexuales. Esto yo no lo he hecho, me lo han contado.

Tendría unos 20 años, y sería mi segundo o tercer encuentro carnal, cuando estando en lo bueno (el cigarrín de después del polvo),  la chica me pidió algo para secarse el sudor. Yo rebusqué en los bolsillos de mi pantalón y saqué mi pañuelo, el cual se lo di. No recordaba haberme sonado con él, y estaba bien doblado y planchado. Ella lo extendió y se secó.

Pasado un buen rato, cuando en el espejo de cortesía del parasol se estaba mirando para arreglarse, comprobó con horror que estaba manchada de negro en las zonas que se había pasado el pañuelo. Tras mi sorpresa inicial por aquel tonto mosqueo, y el broncazo posterior que me cayó, caí en la cuenta que aquello había sido  motivado porque habia limpiado con el pañuelo el polvo del pomo de la palanca de cambios, que estaba algo churretosa. Un desliz lo tiene cualquiera.

Me cayó la mundial, y me molestó, sí; pero gracias a ella descubrí que el papel sirve lo mismo que el algodón, y encima tiene  una gran ventaja: es desechable. ¡Joder!, ¿por qué no enseñaban esas cosas en el instituto, en vez de integrales?, ¡eso sí sirve para algo! 

Pensando en el método de limpieza desechable del papel, se me encendió la bombilla y pensé en el papel higiénico (ella no habló nada de pañuelos de papel, lo digo como aclaración). Mi madre es una ahorradora nata, y había veces que se pasaba. El papel higiénico lo compraba en el DIA, en un formato que venían 3 rollos, y era de una calidad pésima; encima de ser más  fino que el papel de fumar (a la que te descuidabas metías las manos en la masa), era pura lija que incluso los pelos depilaba. ¡Hasta una gráfica hice a mi madre para convencerla!, en donde se demostraba bien claro, que la variable X de gasto en papel era muy elevada con respecto a la variable Y, de longitud de la misma; un papel de mejor calidad hubiera sido un ahorro, porque no era necesario coger medio rollo para limpiarte un restregón. No fui capaz de convencerla.

Así que me cogí un rollo y lo metí en la guantera del coche. Con solución tan brillante ya no habría ocasión de volver a pasar vergüenza. La ocasión para probar el "invento" tardó un mes en llegar.

Pues nada, lo que ya os podeis imaginar, los cigarrines de antes, los 10 minutillos de rigor, y el cigarrín de después, con dificultad porque estábamos literalmente bañados en sudor. Estaba esperando el momento, y el momento llegó.

- Chica.- ¡Madre del amor hermoso, estoy empapada en sudor!, JAAAAAA, ¡me voy a derretir!

- Yo.- ¡Ya te digo!, ¡¡qué asco!!, además, ¿no sé de qué te quejas, porque tú estabas encima?

- Chica.- ¡Claro!, si te pones tú entonces me da un sofoco. Uff, hasta por el coño me sale sudor (queridos lectores, perdónenla porque era una basta. Actualmente es directora en una oficina bancaria de BSCH).

- Yo.- No te preocupes, tengo papel para que te seques.

- Chica.- ¿Y por qué no me lo secas tú? - mientras me guiñaba un ojo y ponía cara picarona.

La neurona de abajo se espabiló de repente, y como pulgar que apunta hacia arriba dando el  visto bueno, reaccioné. Abrí la guantera y saqué el rollo de papel, mientras la que deseaba ser secada estaba toda espatarrada. Sus cara de sorpresa me paralizó un momento, pero la sangre se me había ido abajo y no estaba para pensar. Con maestría desenrrollé un buen trozo entre mis dedos, y con suma delicadeza acerqué aquel trozo multicapa a su sexo. Primero tocándolo, a modo de esponja, para que aquello absorbiera, y al poco, con movimientos verticales, empezé a desplazarlo para terminar de secar.

- Chica.- ¡AGGGGGGGG!, ¿¡qué mierda de papel es ese, me estás haciendo una depilación en seco!?

Y yo,  con la mano enrollada en papel y con cara de susto, no supe que decir, ¿a qué venían aquellos gritos si estaba haciendo algo fino, fino?

Me cogió la mano y la acercó a su cara, y pasandola por uno de sus carrillos, bramó:

- Chica.- ¡Papel del DIA!, ¡¡qué cacho cutre estás hecho!!, ¡ni unos miserables kleenex tienes!

- Yo.- ¿Clines?, ¿eso que es?

- Chica.- ¡Unos putos pañuelos de papel!

Había oído hablar de ellos, pero como en sueños.

- Yo.- ¿Pañuelos de papel?

- Chica.- ¡Sí, joder!, ¡¡trae mi bolso, cacho de gañán!!

Y rebuscando en su bolso sacó un especie de embase plástico, rectangular, que lo abrió y de ahí sacó un trozo de papel, que luego lo extendió y formó un pañuelo, como los que yo utilizaba, lo único que no era de tela. Aquel, en concreto, estaba perfumado y olía como ambientador de rosas. Con aquello la limpié, y tan suave y tan bien olía, que casi daba pena utilizarlo. Ese fue mi bautismo con los tissues de papel.

Desde entonces, soy un exagerado. En mi bolso de mano siempre lleno no menos de 3 paquetes.

Ahora, me gustaría que vosotros escribierais en los comentarios el cómo lo descubrísteis vosotros.

¡Un besote!

Miguel Ángel de Móstoles





jueves, 8 de septiembre de 2011

Examen de amor (microrrelato).

Buenos días a todos.

Hoy tenía previsto publicar una nueva tontá, inspirada en hechos reales. Sin embargo, ayer por la tarde,  una personita me retó a que no era capaz de escribir un microrrelato, ¿¡qué no soy capaz!?, ¡pues aquí va, y dedicado a la fémina que ha osado decirme semejante cosa!

- Cariño, ya no me escribes versos de amor, ni poemas, ni cuentos, ni historias... sólo gruñes, roncas, ¡y encima en la cama me das las espalda!

- Mujer, si quieres te escribo una muestra de amor.

- ¿Harías eso por mi?

- ¡Claro que sí!, ¡ahora mismo!, si tú lo deseas, ¡me ha venido la inspiración!

- Lo deseo, amor, incluso esta noche, no tendré dolor de cabeza.

Y en una cuartilla en blanco, que había encima de  la mesa, dibujó un cubo, a modo de caja, y de la caja salía una flecha que conectaba con una leyenda, la cual decía:

"El poema de amor está escrito dentro"

JAAAAAAAAAAAJAAAJAAAJOOOOJOOOOOOOO

Menos de 150 palabras tiene la historia, así que, ¿quién dijo que no era capaz de escribir un microrrelato?

La única cosa mala, creo,  será que tendré que irme a dormir fuera de casa ;)

¡Feliz día a todos!

martes, 6 de septiembre de 2011

La Cataplasmosis.

Bueno, por aquí andamos compañer@s. El periodo de descanso vacacional pagado ya pasó hace un trecho, y ahora que hemos vuelto, no sé si estoy, o estoy viniendo, o es que me he quedado, o directamente no estoy. Las vacaciones ya terminaron, ¡a Dios gracias!

En ese periodo de tiempo, se me ha pasado por la cabeza un par veces cerrar el blog. Esto hecho un mustio.

Como Ana me venía viendo como acelga pasada, y como hará más de 20 años que no acudía a cita con el  galeno, me obligó bajo pena de dormir en el sofá si no pedía cita para hacerme un chequeo médico. El sofá es muy cómodo, así que le cogí la palabra y al sofá a roncar. Luego me amenazó con quitarme el pacharán. Tampoco me importó, porque estoy cambiando y he dejado el alcohol; ahora me gusta la cerveza SIN y el agua. Finalmente, de tanto darme la tabarra, dije sí y punto final a tanta matraca.

Como nunca había usado el médico privado de la empresa, y sabiendo por comentarios que la doctora estaba de tomar pan y mojar,  concerté cita para el 4 de agosto a las 18:00 horas.  Era la primera vez en mi vida que acudía a un médico que no fuera de la Seguridad Social. Estaba en un cuarto piso de una zona exclusiva de Madrid.

Como yo soy muy puntual, llegué con 30 minutos de adelanto al portal del inmueble de la cita. En otros tiempos me hubiera ido a tomar un par de cañas de cerveza. Ahora, como estoy en proceso de cambio, decidí comprarme un botellín de agua en un puesto de helados que había allí al lado. Para lo que me cobraron, mas me me hubiera valido entrar al bar. 

Llegué con mi botellín de agua en la mano, sudoroso y oliendo a pringe, pues hacía calor. Me atendió un caballero joven, muy amable, aunque su gesto, que él creyó que no me di cuenta, de mover la nariz hacia un lado, me molestó. Un currante a esas horas, no huele a flores ni perfumes caros. Peor hubiera sido que me hubiera tirado un pedo, ¿no?

La sala de espera estaba vacía, así que yo era el único adorno. 10 minutos esperando, 3 idas al servicio, una lavada de manos, y salió una señorita preguntando por mi.

- Señorita enfermera.- ¿Miguel Ángel?

- Yo.- Miguel Ángel Chico.

- Señorita enfermera.- Pase conmigo a la consulta. La doctora Bellido le está esperando.

- Yo.- Detrás de usted, señorita.

No quería verla el culo, ¡malpensados!, lo hice porque uno es educado (cuando quiere).

La doctora Bellido ni me miró al sentarme, sólo movió un poco sus narices. Estuvo unos segundos leyendo  unos garabatos, y cuando terminó me miró por encima del marco de las gafas.

- Doctora Bellido.- Miguel Ángel, ¿cuanto tiempo hace que no se ha hecho un chequeo médico?

- Yo.- Desde que me tallearon para el servicio militar. 

- Doctora Bellido.- JAAAA, ¡ya ha llovido!

- Yo.- ¡Incluso nevado!

- Doctora Bellido.- A simple vista, veo que está usted un poquito pasado de peso. Perder 6 kilos le vendrían muy bien. Hoy sólo rellenaré una pequeña encuesta, le tomaré la tensión, y le auscultaré. Mañana por la mañana, a primera hora y sin desayunar, le tomaremos unas muestras de sangre y le haremos una analítica. 

- Yo.- Muy bien.

- Doctora Bellido.- Me gustaría saber el tipo de vida que hace usted: su dieta alimenticia, sus hábitos higiénicos, si bebe, cuanto y como, incluso su vida sexual. 

- Yo.- Bueno, verá, vamos a ver si lo resumo. No fumo. Beber alcohol, poco. Me gusta el pacharán, pero el último me lo tomé cuando el Rayo Vallecano subió a primera. Sé que lo hago mal; a penas desayuno, casi nunca almuerzo, la comida es muy frugal, meriendo fruta o lo que pille, y en la cena me pongo como un cerdo, porque tengo un agujero en el cuerpo. Al revés de como se debiera hacer. No hago ejercicio físico. Mi vida sexual ha mejorado; este año llevo el doble de polvos que el pasado: el año pasado nada, y en el que estamos nada de nada, JAAAJA. 

- Doctora Bellido.- JEEEE. Tener buen humor ayudar a prevenir ciertas dolencias. Deduzco que anda usted un poco flojo moralmente. ¿me equivoco?

En esos momentos la enfermera empezó a prestar atención. Me estaba "calentando"   la doctora con sus comentarios y actitud, así que decidí contratacar con mi fino humor e ingenio.

- Yo.- Verá, le explico. Se ha tenido que cabrear muy seriamente mi mujer para que viniera. Vendré mañana a dejarme pinchar para la analítica, pero lo que yo tengo ya sé.

- Doctora Bellido.- ¡Vaya, entonces sorpréndanos!

- Yo.- Tengo ca-ta-plas-mo-sis.

- Boctora Bellido.- ¿Cataqué?, JAAAAAA


- Yo.- Cataplasmosis: unión de la palabra cataplasma y el sufijo  -ō-sis, que significa "proceso patológico por el cual uno se transforma en un cataplasma", definiendo cataplasma como una persona bastante pesada, de esas  que da ganas de darla una ostia. Creo que me he explicado bien, ¿no?

- Doctora Bellido.- JAAAAAA, ¡Marian! - que así se llamaba la enfermera - JAAAAA, ¡qué bueno!, JAAAAAA, Miguel Ángel, a usted lo que le pasa es que es hombre, y que ya ha cumplido los 40. Imagino que antes no tendría ese cuerpo rombo que tiene ahora, que hace que le salga la camisa por los lados; tampoco ahora podrá beberse esos pacharanes en tubo que se tomaba en los  domingos de farra, en los billares de Corona Verde; y en el tema sexual, si antes era galgo ahora es bulldog viejo, ¿me equivoco?

- Yo.- ¿Me conoce?, ¿cómo sabe el dato de los billares?

- Doctora Bellido.- ¡Joder!, si en una Nochebuena me entraste, y estuvimos hablando. La cara algo te ha cambiado, pero sigues siendo igual de tonto que entoces, JAAAAAA, ¡cataplasmosis!, JAAAAA, ¡qué bueno!, ¡ay!, ¡mira!, ¡entonces me reí mucho y ahora me  meo encima de la risa!

- Yo.- ¡Qué pequeño es el mundo!, me he quedao muel-to

- Doctora Bellido.- Ya, ya, hoy, igual que entonces, has venido vacilón y has salido escaldado. Miguelillo, mañana te esperamos, como ya te he dicho. Si el pensamiento de sacarte sangre te puede quitar el sueño, entonces te tomas una valeriana. ¡Hasta mañana!, ¡hemos terminado!

Y salí de allí  presto y a paso rápido, con sus miradas clavadas en mi nuca y las carcajadas hundiéndome en la miseria. Como burro con ojeras, no quería ver lo que hubiera alrededor, pues no estaba para mirar a nadie, y menos aún por si te encuentras un espejo, porque vería reflejado a un idiota de libro. Ese idiota soy yo. Cuando llegué a casa, le dí un beso a mi Ana querida y a mi hija, esos dos puntales que soportan la carga de mi idiotez.

Desde luego, no ha nacido hombre más pardillo que yo en el mundo entero. A mi me podían estudiar para identificar el gen de la pardillez. No recuerdo la noche en la que entré a aquella buena muchacha, convertida en doctora Bellido con los años, pero el ridículo supino que hice en esa cita médica, lo llevaré grabado a fuego hasta, por lo menos, el próximo mes. Luego vendrá otra cagada más gorda, que borrará esta, y así hasta que pierda la conciencia.

Antes de irme, deciros que no acudí a sacarme sangre. Me moría de la vergüenza.

¡Con Dios!

Miguel Ángel de Mostoles