Óptica Calvo

jueves, 4 de agosto de 2011

¡A descansar y felices vacaciones!

Buenas....

Me queda muy próximo el inicio de las vacaciones, y, al igual que los anteriores cuatro años, no nos iremos a ningún sítio. Cuando no se puede, no se puede; se intentará descansar, que no es poco.

Habreis visto que me he tomado unas vacaciones virtuales. El motivo es muy sencillo: se me terminaron las pilas antes de tiempo. La Blogsfera es un hobbie, y ante la falta de carga en la batería, es necesario dejar los hobbies por lo esencial: luchar por el trabajo y vivir con la familia. En unas semanas tendré la pila más llena, y volveré a caminar por el mundo de los blogs; mundo virtual en dónde sólo me he encontrado bellas personas (aunque presiento que septiembre el trabajo será un puerto de categoría especial con mil curvas entrelazadas).

Antes de desearos unas felices vacaciones, para aquellos que se vayan, o un feliz retorno, para aquellos que regresan, me apetece contar una anécdota veraniega. Espero que os haga sonreir.

Hace unos días iban en el tren 3 mocetones y 2 mocetonas. La edad de todos ellos no superaría las veinte primaveras. Ellos parecían clones del Cristiano Ronaldo cuando estaba menos hinchado por los asteroides. Ellas parecían copias de la Britney Spears en aquel primer video,  en el cual ella salía vestida de colegiala. Eras las 7:00 horas cuando entré en el tren camino del trabajo y allí estaban ellos, ocupando 8 asientos por la cantidad de maletones que llevaban consigo. 

Yo tengo costumbre de echar un cabezadita en los 15 minutos que dura el trayecto hasta el trabajo. Ese día no pude, porque los susodichos se empeñaban en "llenar" de voces el silencio ambiental del vagón. Las chicas hablaban bastante bajo, aunque se oía;  pero la molestia de ellas hacia los demás era baldía, ya que uno de sus compañeros debía de haberse tragado un altavoz. En un momento dado, dijo:

"En estos días que tenemos, me voy a comer todo lo que se ponga por delante"

Y todos se echaron a reir. 

Al rato, se ve que envalentonado, gritó:

"Me da lo mismo que el conejo sea negro, rubio, que blanco, ¡voy a ir a saco!"

Y todos otra vez rieron con vehemencia, acompañándolas incluso con los aplausos de uno de los mostrencos. 

Estaba a punto de saltar y mandarlos callar, hasta que una mujer, de unos 60 años, le dijo al fulano:

"¡Chaval, si te gustan también los blancos, aquí tienes uno, que yo me apunto!".

JAAAAAAAAAA, empezamos a reirnos los que estábamos al lado, luego los de más allá, y al final todo el vagón, JAAAAAAAAJA,  y en eso que el tren llegó a Nuevos Ministerios. La gente que montaba se quedaba alucinada, porque veía que todo el mundo que salía, salía riéndose, y los que en el vagón seguían, se tronchaban de la risa, incluso los mismos muchachos (incluido el voraz comedor de conejos) no podían parar de reir,

La verdad, que cada día que pasa, me convenzo más a mi mismo que nos hace mucha falta reir. En estos momentos tan difíciles, en los que nada hace gracia, agradecí al Cielo, a Dios, o al destino que aquel muchacho estuviera berraco y con la lengua suelta; y al mismo tiempo di las gracias al Diablo por poner a aquella buena mujer, que tenía pinta de ir a limpiar la mierda que otros dejan, cuerpo arrugado y enjuto por estar muchos años dando el callo y al frente, que dijera aquello que dijo, que fue como un bálsamo, y nos hizo llegar más alegres a nuestros destinos.

¡Felices vacaciones, en unas semanas nos vemos!

Miguel Ángel de Móstoles