Óptica Calvo

miércoles, 20 de julio de 2011

La lavadora y sus consecuencias.

Me está viniendo bien esta semana, en la que pareciera que el mundo se ha parado de golpe. El estrés de las anteriores me ha dejado hecho polvo. Perdonad si no paso a visitaros con tanta frecuencia (así descansais de mi).

Claudia ha heredado la fascinación mía por uno de los mejores inventos de la humanidad: la lavadora. Le pasa como a su padre, se queda lela mirando el movimiento giratorio del tambor; es algo misterioso, un agujero negro que te atrapa, un placer para las neuronas, que te desconecta de la realidad y te lleva a otros mundos. Imagino que a vosotros os pasará igual, y al que no le pase, entonces que se lo haga mirar, porque es raro.

No sólo el movimiento del tambor me lleva a estados semejantes a fumarme yo sólo una pipa de agua, no, es también el ruido del electrodoméstico el que me eriza la piel, reflejo de las conexiones que se generan en mis neuronas. Desde el sonido, similar a una turbina, cuando está centrifugando, a los originados por las vibraciones, o  al sonido de cisterna cuando se descarga o carga de agua; ruidos, que terminan de golpe cuando se escucha el "clanck", de final de lavado.

Hay una cosa que no quiero morirme sin probar: echar un mantecado con la lavadora centrifugando a máximas revoluciones. Esa vibración, ese soniquete, con ella encima, como si fuera una mesa, y el hombre de pié, en la horizontal, si ambos consiguen equilibrar su movimiento al compás de la lavadora, debe de provocar un orgasmo simultáneo buenísimo, de esos que te deja vacío de fuerzas, y de los que llaman a la policía por los gritos que pegas. Se lo he pedido a Ana, pero me ha mandado a la mierda.

Y es que, como os digo, yo conozco a gente que ha practicado esa postura, y habla maravillas de ella. Ahora mismo estoy recordando lo que me contó el tío Zipuerto, paisano de mis padres, hace muchos años, y que yo, en mi torpe redacción, quiero transmitir a la  Blogsfera.

El tío Zipuerto tenía sus cosas buenas, y también sus cosas malas. Criado en una época, en la que el pensamiento machista era el dominante, no entraba en su dura mollera que los tiempos avanzan, y que el lavar a mano era del pasado. Salustiana, la mujer, tuvo que dejarle sin quitar las zurraspas de los gayumbos durante semanas para que al final se decidiera. Cuando por fin se decidió, se compraron la mejor lavadora, y ya de paso una cocina nueva, un frigorífico de 3 estrellas, dos muebles de sobremesa y cortinas para el baño, ¡joder, ni tanto ni tan calvo!

Instalaron la lavadora en el baño, cosa muy común en los pueblos. Pronto se convirtió en el segundo electrodoméstico preferido del hogar, después del televisor. Dos veces por semana, cargaban la lavadora y la ponían en marcha, dando lustre a las prendas, desde delicadas a los monos de faena. Como diría un castizo: "un señor invento"

Estando una mañana el Zipuerto afeitándose, se puso la mujer a cargar la lavadora. Salustiana estaba en bata, y al agacharse, el macho cabrío debió excitarse. Buenas posaderas en pompa, a primera hora de la mañana, ummmm, ¿estaría el Diablo por allí aburrido?, se ve que sí, pues ese día tocaba lavar la ropa blanca, y, Salustiana, allí mismo se quitó las bragas y las echó a lavar, haciendo montón con el resto de ropa que esperaba.

Las lavadoras de entonces no era como las de ahora, que casi no vibran. Aquella vibraba, ¡vaya si vibraba! Encima, el gañán del Zipuerto no le dió por calzarla como es menester, por lo que su abnegada esposa tuvo que inventarse una artimañana para evitar males mayores. Consistía en subirse encima cuando arrancaba, y de esa manera, estando unos minutos sentada sobre ella, la lavadora llena se "calzaba" y  las vibraciones disminuían. Ese día hizo lo mismo, y estando sentada encima, no pensó en cerrar las piernas, todo lo contrario, no cayendo en cuenta que estaba su marido en otros pensamientos.

Se puso calentorro el Zipuerto, más tontorrón que de costumbre, y estándo la lavadora arrancada con su señora esposa encima, se acercó y la cogío a las bravas.

- Zipuerto.- ¡Ay, Salustiana de mis carnes!, ¿para cuando la niña?

- Salustiana.- ¡Zipur, tú no vales!, no sabes más que darme cabestros, ¡qué cruz!

- Zipuerto.- No sé, tal vez  no lo hacemos bien, ¿por qué no me dejas que te dé un besó, ahí, en la nuca?

- Salustiana.- Para eso no pidas permiso, anda, dámelo, que ahora no pinchas y estás aseadito.

Y Zipuerto le dió el beso, y luego otro, y se pusieron cariñosos, y claro, una cosa llevó a la otra, y el miembro del Zipuerto se empeñó en ponerse duro, y estándo enfilando hacia el lado oscuro, pues no pasó ni un segundo que aquello entró súbito, y en un santiamén se pusieron a follar, con perdón, a hacer el amor.

Estando en el mete-saca, repito, él de pié, y ella sentada encima de la lavadora, que a su vez vibraba pues estaba lavando, hubo un momento que en el fragor del polvo se desequilibró el aparato, y la vibración empezó a aumentar, cosa que no importó a los amantes. No llevarían ni cinco minutos cuando la lavadora se puso a centrifugar, y la vibración inicial pasó a la que tiene un compresor rompiendo una acera, que unido al movimiento rectilíneo de lo ya sabemos, originó que entraran todas las vibraciones en resonancia aumentando la amplitud (imaginaros féminas en el clítores, ¡uaaaa!), que no tardó en llevar al éxtasis a los dos, culminando al mismo tiempo, entre grandes aspavientos y tembleques, con gritos de "¡ay, qué bueno!, ¡vamos, todo dentro!". Aquellos sonidos salieron por la ventana y  se propagaron por el patio, de ahí a la calle y al cielo, y al final por todo el pueblo, que tan alto fue el volumen que se enteraron hasta los del cementerio. Vamos, ¡un señor polvazo!, y encima de los buenos, esos que no durán más allá de un ratejo.

A los 9 meses nació una niña, que se unió a los 3 varones. De padre cetrino, unicejo, feo con cojones; de madre bajita, rechoncheta, pero con hermosa melena y gestos graciosos, nació una niña rubia, de piel muy blanquita, que más pareciera nórdica que manchega, pues sus ojos verde azulados parecían de otro planeta. La llamaron Vanessa, con doble "s"; sí, suena raro, pero debeis de saber, que ya por aquel entonces, se empezaba a poner de moda la gilitontuna de poner nombres extranjeros. 

Vanessa creció y se convirtió en una pedazo de mujer, bueno, bueno, una cacho de tiarrona, ¡¡un bellezón!!,  ¡y no sólo eso!, ¡qué encima se sacó dos carreras! En el pueblo la llamaban "la Vanessa", de mote "la centrifugadora", porque de sobra era conocido que había sido engendrada encima de una lavadora.

Vanessa fue la primera de las mujeronas, rubiacas, de ojazos, con cuerpos de escándalo, que empezaron a nacer por aquellos lares. Yo, que después de ver en los archivos del ayuntamiento, que en el año de 1971 el Gobierno les había dado un premio, por ser el único de España que tenía lavadora en todas las casas, ahora empiezo a atar cabos, y dos conclusiones saco:

1) Me doy cuenta del porqué, un poblacho de 2000 habitantes, tenía hace años ¡4 tiendas de electrodomésticos!

2) Visto el nivelazo del percal que hay en las mujeres de menos de 40 años, y sabiendo que por allí no ha pisado sueco, ni noruego, ni alemán, en siglos, la afición al echar el polvo encima de la lavadora se debió de poner de moda, JAAAAAAAAAJAAAAA.

Si me preguntais si la calidad de los chicos también mejoró, no sé que deciros, yo en esas cosas no me fijo, pero imagino que sí.

Bueno, pues ya estais tardando en poner una lavorada y practicar el mantecado explicado.






viernes, 15 de julio de 2011

HUMO - Colaboración con Sensaciones.

Gracias infinitas a Beatriz Salas, por poner su GRAN VOZ a este colaboración con Sensaciones ¡Un beso Beatriz!. Podeis escucharlo pulsando AQUÍ.



¡Estoy muy contento!, ¡me parece genial las colaboraciones entre blogueros! Hoy publico de la mano de Sensaciones un trabajo conjunto. A modo de curiosidad, Laura es la única bloguera que conozco personalmente; amiga catalana que visitó Madrid hace unos meses, y con la cual, en compañía de Claudia y Ana, y dos amigos más de ella,  nos tomamos unas cervecitas en la Plaza Santa.

Hoy te vuelvo a decir lo que te dije entonces, y lo que después te he repetido muchas veces:

"Los mejores perfumes vienen en frascos pequeños".

La colaboración ha dado el siguiente  resultado:

Humo

que se esfuma entre palabras

y olvido

Humo

que contamina los sentidos

me pierdo en los sueños míos

entre la niebla y el frío

Humo

que me inhala cada pensamiento

en sueño convertido

entre ilusiones y deseos compartidos

Sensaciones

El humo de un cigarrillo puede estudiarse desde la Dinámica de Fluidos. Las ecuaciones que obedecen a la trayectoria que observamos, primero son  en régimen laminar, y después en régimen turbulento.  ¿Por qué te he dicho esto?, porque cuando me encendiste aquel cigarrillo, en la noche  que te conocí, una llama de amor prendió un fuego dentro de mi. Un amor que al principio fue laminar, pues  éramos dos trayectorias paralelas, una al compás de la otra y viceversa; pero la física, metáfora del destino, actuó entre tú y yo,  y aquello cambió. Tú, parte del  humo que éramos los dos, mi trayectoria paralela, quisiste cambiar y sentirte "libre", como si yo te retuviera, y te separaste, y te diluiste en el aire, que es mi vida, y el régimen laminar se transformó en turbulento, y cuanto más tiempo pasaba, más turbulento se hacía, como el humo que sube al cielo. Todo terminó, como en el cigarrillo, cuando se consumió el combustible, tabaco en el cigarro, paciencia y amor en mi caso.

Ahora, siento un vacío, algo me encoge el alma, una angustia, ¡una desdicha!,  la misma que siente el fumador habitual, en su primer día sin fumar.

En la vida como en la naturaleza, el caos absoluto no existe, y nada es para siempre.

Miguel Ángel de Móstoles

El régimen laminar y el régimen turbulento en el humo del tabaco 

(Fuente: internet)

¡Feliz fin de semana para todos!

Miguel Ángel de Móstoles






jueves, 14 de julio de 2011

Aquellos maravillosos años y una reflexión.

Con la mano en el corazón, hoy voy a contaros mi historia personal de iniciación al sexoorrrrrr. Muchos hombres de mi quinta se sentirán identificados. Hijos míos, nosotros no somos la Generación X, ¡somos la Generación Pardillo!

Quiso el destino que yo naciera en el tardofranquismo, concretamente en el año del Señor del 1971. Mis padres llevaban años esperando a la cigüeña, y cuando habían perdido toda esperanza, apareció como el cuñado plasta (sin avisar y dando por saco). No puedo decir que mi primer encuentro con mujer fuera la teta de mi madre; yo me crié con biberones de leche en polvo.

Buceando en mi memoria, no recuerdo a mujer que me haya turbado  ni de palabra, ni gesto, ni de presencia, en los primeros años. Sólo recuerdo que era un niño gordito, cabezón, muy torpón (eso es porque no asimilé el Reflejo Asimétrico del Cuello) y que mi madre, de tanto estresarla, alguna colleja me daba.

Como el hambre de "carne" en la dictadura franquista fue muy grande, en la Transición Española aparecieron, como hongos en otoño, publicaciones picantonas, enseñando chicha a los españolitos y poniéndolos bien malitos. Mi madre no aceptaba publicaciones guarras en casa, y sólo dejaba entrar prensa seria, como el Interviú (revista que sigue todavía). Mi padre se lo leía de cabo a rabo, y también se entretenía la vista con las famosas que en ella salían. Una de aquellas zagalas era Silvia Tortosa, que salió esplendorosa enseñando pelo, trasero, tetas, ¡madre del amor hermoso, qué tía más buena! Tendría unos 6 años, y sentí un palpitar en los bajos, algo extraño, unas cosquillas en los huevos; ese es mi recuerdo más viejo de ponerme berraco.

De los 6 a los 12 estuve en punto muerto. Estudiante de un colegio mixto, era como un madero, todo me daba igual; yo feliz con mi fútbol, mis canicas, mis comics, y mi bicicleta. Como decía mi madre: "a Miguel Ángel, el único reto que le mueve es comerse los bocadillos de Nocilla de dos en dos", mi madre, ¡se ha ganado el cielo conmigo!

En 7º de E.G.B. empezé a notar fenómenos extraños en mis compañeras de clase. Se fueron de vacaciones y regresaron distintas, se fueron hechas niñas y retornaron con cuerpos para el pecado. Les crecieron las tetas, les salió culo, caderas, y algunas de ellas incluso empezaron a ligar. El comienzo de 7º curso de Educación General Básica fue el comienzo de mi adolescencia; ahora, desde la distancia que dan los años, lo veo claro. Empecé a sentir cosquillas en las pelotas  y en el palo del medio.

Por aquellos años llegó el video a España, y con el video los videoclubs. Los videoclubs tenían una sección de películas porno, así que con unos 14 años visioné en compañía de los gañanes el primer film XXX. Yo, que pensaba que aquello era más romántico, no diré que me llevé un chasco, pero sí que quedé alucinado. ¡Cuanto daño ha hecho el cine porno!, JAAAAAAAAAAAA, ¡y cuanto esperma desechado también!, JOOOOJAAAA.

También por aquella época, el gobierno de Felipe González decidió que había que mejorar la imaginación erótica del pueblo llano, y por eso empezaron a proyectar los viernes a las doce la serie de películas "Cine de Medianoche". En la televisión  pública vi películas de Tinto Brass, películas famosas como Emmanuelle, Portero de medianoche, o El imperio de los sentidos; imagino que estos títulos los habrá visto todos los que por aquí pasen.

Tantos estímulos en la líbido, nos tenían a los de entonces pensando en lo único, y a base de dos diarias. Como  no era plan de quemar la junta de culata, y aplicando uno de los principios de la Termodinámica, que dice que un gas, a presión constante, al aumentar su volumen reduce su temperatura, como un géiser, pues eso, que éramos géiseres con dos patas (bueno, tres algunos), JAAAAAAAAAAA.

Así que cuando el amor llegó a nosotros, y llegó el momento de poner en práctica lo dirigido en nuestras películas "de medianoche", se juntó el hambre con las ganas de comer, JAAAAAAAA. Nosotros éramos doctores en teoría y tonterías, y ellas eran princesitas que buscaban a su príncipe encantador.

No quiero que las lectoras se enfanden conmigo, esto no es un reproche escrito. Lo que a mi me pasó le pasaba a todo el mundo. Entender el lenguaje de signos, de gestos, de miradas, no se hizo para el hombre, y por eso, la mayoría de las veces, no nos enterábamos de nada. Si vosotras querías besos, nosotros pensábamos en sexo; si vosotras hablabais de felaciones, nosotros oíamos "fornicaciones varias"; y si al final, los astros se alineaban para que, ¡por fin!, se procediera a echar el caliqueño de marras, JAAAAAA, aquello terminaba en comparsa, pues el susodicho con el condón se hacía la picha un lío, y lo que Peter North duraba en la pantalla, era como comparar una vida con un segundo; por no hablar de ellas, que esperaban lo más, porque sexo daban por amor, y al final, ni fuegos artificales, ni príncipe encantador, ni polvazo ni leches en vinagre, ¡unos minutos de empujón y a darle al fumeque!

Eso sí, como todo en la vida, a base de practicar se termina por mejorar. Eso pasaba en los primeros 100 polvos, a partir de ahí algo se mejoraba, y cuando los de mi generación lo teníamos ya medio controlado,  ¡nos  ha  llegado  la hipoteca, la puta crisis, el coche que no arranca, las vacaciones mierdosas pagadas a plazos, y la mamá o la suegra dando la tabarra!, y entonces, y sólo entonces, es cuando te acuerdas de aquellos maravillosos años.

Por cierto, espero contrarréplica escrita de alguna fémina.

¡Besotes!






miércoles, 13 de julio de 2011

Una etiqueta confusa: relatos para adultos.

¡Buenos días a todos!

Estoy muy contento por la acogida que ha tenido entre el público el post anterior, hecho en colaboración con Rosana Martí

Hoy toca hablar de otra cosa, y además me voy a poner serio (JAAAJAAAAA).

De mi última "obra": "Las clases de recuperación del verano" (5 capítulos, enlazados en el blog en la etiqueta del mismo nombre), prometí hablar de 2 cuestiones; las cuales ya estaban pensandas cuando vomité esa tontá recopilada en 5 entregas.

Muchos habeis dicho que los capítulos estaban "subidos de tono", opinión que a mi, francamente, me deja perplejo. Si mi torpe vocabulario, empleado en algunas escenas graciosas de acercamientos calientes, puede causar calentamientos, entonces, JAAAAAAAAAAAAAAA, algunos pasajes de obras, como por ejemplo:

- "El misterio de la cripta embrujada", del último Premio Planeta, Eduardo Mendoza.

- "La vieja sirena", del magnífico economista y escritor, que es José Luis Sampedro.

Deberían haber ganado premios en "La sonrisa vertical", que es una prestigioso premio de literatura erótica.

JAAAJAAAAAAA, ¿de verdad que lo pensais así?, ¿de verdad que os ha puesto cachondos?, ¡no me lo creo!

Si por esas escenas mal paridas, peor redactadas, y con sentido indefinido, me censuran el blog, entonces los anteriores prestigiosos escritores son escritores XXX Hardcore. Un poco de erotismo no es censurable, creo yo.

En el mundo de Blogger, si alguien nos cae mal, podemos dedicarnos a darle al botoncito de "informar sobre mal uso". Como las direcciones IP son generalmente dinámicas, si lo hacemos desde nuestro ordenador, una vez cada día, llegará a un punto que en Google detectarán que ese blog está siendo censurado por diferentes direcciones IP, que equivale a diferentes personas, y como es automático, antes o después aparecerá la dichosa pantallita de  "Aviso de contenido". Así de fácil es joder a alquien que nos caiga mal. Luego podemos apelar, y transcurrido el tiempo, habrá editores que lo revisarán, quitando en la mayoría de lo casos el aviso. Pero claro, el disgusto ya lo tienes.

Ahora vamos al tema de adultos. ¿Vosotros que sois, adultos o niños?, adultos (aunque algunos, como yo, sigan siendo un niño), ¿las bitácoras que leeis, están escritas por adultos o por niños?, por adultos, ¿a que sí?, pues entonces, estais leyendo literatura para adultos, y da lo mismo que hable de como dar lustre al faro de policarbonato de un Citroën C5 (es un post que nunca publiqué), que de una paja mental. La etiqueta de adultos es una etiqueta muy vaga, y por este motivo, pensar que "literatura erótica", o "literatura con palabrotas", es lo mismo que "literatura porno", me parece exagerado.

Los últimos post que yo he escrito los puede leer perfectamente un adolescente. Seguro que se ruboriza de ver que antes éramos tan panolis. Si yo pudiera, y espero que Google tome nota, que gustaría que antes del post apareciera una pantallita, como esa de "Aviso de contenido", en la que indicara la edad recomendada para leer el post, algo parecido a las películas en cines o T.V. De existir eso (Google, quiero millones de € por la idea), yo a  esos posts los hubiera clasificado para mayores de 15,5 años.

Ahora queda la segunda, que espero hablar de ella breve.

¡Abrazos para todos!

Miguel Ángel de Móstoles





lunes, 11 de julio de 2011

NO SEAS UNA MARIONETA (cooperación con Rosana Martí)

¡Buenas a todos!

Va para cuatro años que escribo en un blog, así que no soy un recien llegado. A    Rosana Martí  la conozco de hace unos meses, nos presentó Morgana

Me gusta mucho la poesía, por eso soy seguidor de muchos blogue@s que se expresan en verso. Rosana no es una más, es una de las que más me gustan. También escribe en prosa en su otro blog, el cual podreis conocer pinchando  aquí 

Mi querida poetisa me propuso hacer un trabajo conjunto. Yo escribía un texto en prosa y ella ponía el verso, y al revés.  Del resultado, podemos decir, ¿verdad Rosana?, que estamos satisfechos.

El resultado de escribir ella en verso y yo en prosa salió publicado en su blog "POEMAS ESCRITOS CON EL ALMA" el pasado 7 de julio (¡San Fermin!, ya lo sé, me puede el payaso que llevo dentro). Por favor, visitar a Rosana en el siguiente enlace:



A continuación lo que ha resultado de escribir yo un texto partiendo del poema de ella. ¡Rosana, me lo has puesto muy difícil!, ¡¡había momentos que me salía humo por la orejas!! Disfrutar de los versos de Rosana:

NO SEAS UNA MARIONETA

Amiga hoy me vas a escuchar,

no dejes que un amor te engañe

con falsas ilusiones

cuando te chilla, te pone la mano encima,

te esclaviza,

no consientas que te hunda como mujer

que te diga lo que tienes que hacer,

o cómo debes vestir,

que te utilice a su antojo y placer,

no seas una marioneta ante él:

se valiente y denúnciale.

porque ningún ser humano

merece ser tratado tan vejatoriamente,

no le sigas la corriente,

sino mejor corre muy lejos,

tan lejos que no pueda alcanzarte,

no tengas miedo,

apóyate en personas buenas

que te ayuden a salir de ese hoyo,

que tú creíste amor,

no es tu amor, porque no te

respeta, ni te tiene en consideración.

Amiga déjate ayudar,

yo te tiendo mi mano

y manos como la mía,

a tu lado verás,

sólo sé valiente denuncia

a tu verdugo antes que sea

él quién acabe con tu vida.

no dejes amiga,

que por un estúpido despiste seas tú,

la próxima víctima.

Rosana Martí

Hoy he recibido una carta certificada de mi abogado. No he sido capaz de abrirla, nada más verla  me he puesto a llorar. Es mi hijo mayor quien la ha abierto, me ha dado un abrazo, y preso de cólera ha dicho:

"El hijoputa ese saldrá en libertad la próxima semana. Tranquila, no te dejaremos sola ni un solo momento, ¡te lo prometo!".

Me enamoré de un Mr. Hide, que antes de casarnos era el Dr. Jekyll. El amor, a veces, no quiere ver lo que hay delante, y toma caminos laterales para no ir por el directo. Mi madre me avisó: "hija, ese hombre no te hará bien".

Tuve 3 hijos con él, los cuales se criaron en un hogar de voces, puñetazos y lamentos. El mayor es mi protector, la chica del medio me echa la culpa, el pequeño está en la cárcel. Hubo un momento que tuve que salir corriendo, me amenazó con un cuchillo y un click sonó en mi cerebro. Familia, policía, y tres años después un juicio, con una condena firme.

Desde entonces no le he  visto la cara, aunque hay noches en las  que sólo veo la suya; desde entonces vivo, aunque lo que viví antes me desvive; desde entonces veo el futuro, cosa que antes no veía.

Lo que sé de él es a través de mi hija. Dice que ya no es así, que quiere hacer las paces, que ha cambiado, que me desea lo mejor. Un lobo viejo siempre saldrá de caza, por mucho que lo encierren y reeduquen.  El hombre, con el que un día me casé, es un lobo viejo, y sé que vendrá de caza.

Ahora no sé que pasará, espero no ser una viñeta en un periódico, una noticia en la T.V., una muerta más de la lista que no acaba.

Miguel Ángel de Móstoles
 

¡DI "NO" A LA VIOLENCIA DE GÉNERO!




¡Feliz lunes!

Miguel Ángel de Móstoles






viernes, 8 de julio de 2011

Las clases de recuperación del verano - V (y último).

Parte I - Publicado el 29/06/2011
Parte II - Publicado el 01/07/2011
Parte III - Publicado el 05/07/2011
Parte IV - Publicado el 06/07/2011

AVISO: Me ha salido un post larguiiiiiiiisimo (por vosotros, que conste, que yo por mi, lo hubiera dividido).

Una cosa me dejó bien clarito Amapola (durante las dos horas siguientes al multazo): ¡ella deseaba qué yo fuera el hombre que la desvirgara! 

Amapola no era lianta, era yo que me dejaba liar hasta por un perro.  Mi poca personalidad hizo el resto. Me creí un elegido, y más me hubiera valido salir corriendo.

Para haceros una idea de lo que aquello supuso para mi, diré que el broncazo que me echaron mis padres por sustraer el coche sin permiso, ¡encima con multazo! (bronca que de recordarla ahora me entra tembleque), la resistí como si me echaran la bronca por ir a comprar pan, y en vez de comprar un candeal trajera una gallega. Estaba en una nube, estaba enamorado hasta las trancas.

Antes de continuar, quiero deciros que las 30.000 pts. se las devolví a mis padres. Tardé 10 años, pero eso es lo de menos, ¿no?, ¡pues eso!

Pero claro, cuanto más alto subes, más fuerte es el tortazo. Fue aterrizar en la tierra y entrarme los 7 males.

A esa tierna edad de 20 años sólo habia practicado el ñiqui-ñiqui dos veces. En ambas dos estaba con una castaña de aupa. La primera vez yo no me enteré, según me dijo la muchacha habíamos hecho el amor; corramos un tupido velo. La segunda sí recuerdo algo, y es para echarse a llorar; como tardaba tanto en ponerme el condón, a ella se le pasaba y mi se me bajaba; cuando aquello, ¡por fin!, tras apaños manuales se puso a tono, no sabía dónde estaba el agujero, y no se me ocurrió otra cosa que decirla: "mea un poco, para ver por dónde". Se lo tomo un poco mal, ¡vaya un gañán!

Reconozco que no tenía ni idea de lo que era un himen, y eso que estaba estudiando una ingeniería. Acudí al Templo del Saber, que es la biblioteca, y revisando varios libros de medicina, vi por fotografías lo que era: un colgajo de carne en mitad del camino, que bloquea la puerta. Revisando más biografía, descubrí unas gráficas, que reflejaban la presión media necesaria para desvirgar en la penetración. Ese dato me dejó aturdido, ¡joder, se me antojaba mucho!

Un buen espíritu científico no debe quedarse en la sospecha de la suposición, tiene que ir a más. Con una bolsa de plástico del Mercadona, hice un par de cortes y me fabriqué un hymen de plástico. Con el miembro bien erecto, empuje hasta romperlo. ¡Pardiez, fuerza grande tuve qué hacer!. Si para romper virgo había que tirar con garbo de riñones, ¡no me extraña que eso duela! Además, unido a todo ello, si yo ya de por si era torpe, y persona que controlaba mal su fuerza, ¿como habría de hacer para quedar bien y que aquello no doliera?

Volví a la biblioteca y estudié técnicas. Decían libros sesudos, que en la preparación está el truco, que no es cuestión de empujar a lo burro, no, si no de preparar el camino, de relajar primero el espíritu, luego el cuerpo, excitar los sentidos, y al final, cuando todo esté listo, con ternura y cariño, proceder a meter lo que hay entre las piernas en la cueva del deseo. Para ello no había nada mejor que los besos, las caricias, los arrullos, los masajes, tocarse el pelo al besarse, y por último, "bajarse al pilón" y aplicarse con esmero en lamer y excitar el clítoris, y si la lengua se cansa, o hay demasiados pelos, para eso están los dedos, ¡pero con cuidado!, ¡qué no se trata de amasar nada o apretar como si fuera una máquina! Me quedó todo claro, aunque claro, cavilando esas prácticas  me vinieron ganas, y en algún momento me tuve que aliviar, porque no era  menester acumular y acumular.

Si me hubiera pedido subir al Everest, me hubiera parecido más sencillo. Vereis, si en el único polvo que recuerdo me corrí al minuto, ¿qué no pasaría ahora?, ¡ay madre!, menos mal que para eso están los amigos. Uno me reconoció que era célibe, pero que no me preocupara porque según él, con 5 pajas todo se solucionaba (¿pero anormal, 5 pajas cuando?, ¿antes, durante o despues?). Otro me dijo que lo mejor era pensar en la muerte, ¡te cagas! El tercero, el más follado, me dijo aquello sería una mierda, que no esperara nada, que si al final me empalmaba y atinaba, que seguro sería un lamento, un gruñido, un cabreo, ¡qué el dolor era importante!; aunque si ese momento pasaba, luego lo mejor era pensar en la muerte, porque si no, al minuto kaput y ¡hala!, ¡a echar el cigarrete!

¡Hay que joderse!, ¡en menuda empresa me metieron! Amapola, mi linda Amapola, la más cachonda de las amigas, profesora de italiano, maestra en el arrimao, catedrática de termodinámica amorosa, ella, que me tenía loquito, porque loquito estaba por ella, se trasvistió en pricesa de cuento que esperaba a su príncipe. Otros hubieran dicho que no, pero Miguel "el enamorado", estaba dispuesto a dejar el pabellón bien alto.

Al final lo dejé estar, total, si salía bien, cojonudo, si salía mal, la culpa sería del pacharán. Sí amigos, como último recurso tenía al pacharán. Amapola no supo lo que era beber Elixir de Dioses hasta que yo la invité a Zoco. El pacharán era su bebida favorita, aunque se cuidaba bien de beberla con recato, porque decía que más de un vaso era su perdición. Si no había manera, ¡pacharán al canto!

Para el día en cuestión compre condones de los caros. Una caja se me hizo poco, así que al final tres: unos con espermicida, otros son sabor a chocolate, y otros más con unas protuberancias que son para dar más gustirrinín. Los de chocolate eran para la iniciación, porque si yo me bajaba al caño, también quería que ella me correspondiera. Los de protuberancias los compré porque pensaba que eran más útiles para romper el virgo. Y por último, viendo mi experiencia de cagarla siempre, preferí ir a lo seguro y comprar con doble sistema, no fuera ser que se rompiera.

Y llegó el día, y apareció ella, ¡qué guapa por Dios! La angustia de la semana de espera se evaporó al verla, y además, por primera vez en nuestra relación de amistad, fue tan puntual que llegó antes para estar esperándome. Eso, conociendo los tiempos pasados, era porque significa mucho para ella.

- Yo.- ¡Qué guapa estás!, ¿hace mucho que esperas?

- Amapola.- Una semana.

- Yo.- Verás, he estado pensando, y yo no sé si estaremos preparados o no. Yo no soy buen amante, y  si piensas en fuegos artificales, no esperes encontrarlos, más bien, espera un desaguisado. Prefiero ser tu amigo, olvidar lo pasado, no tener más malos entendidos. No me importa renunciar a tenerte como algo más, si con ello sé que evito perderte por lo siglos.

- Amapola.- ¿Por qué hablas en rima?, JAAAAAAAA, ¿te ha dado un aire?, ¡qué repipi!, JAAAAAAA.

- Yo.- Porque estoy muy nervioso, y cuando eso me pasa, hablo así, como si fuera Felipe el Hermoso.

- Amapola.- Hermoso eres un rato, anda, acércate y dame un beso, como esos que me distes en el coche.

- Yo.- Aquí.

- Amapola.- Lo deseo, y ya no puedo más, uno sólo, y después los que quieras. Esta noche, es el comienzo de algo nuevo, atrás se queda el pasado, ¡pero bueno!, ¡me has pegado tu forma de hablar!, JAAAAAA.

En mitad del pasillo del centro comercial la dí un pedazo beso que la tuve que agarrar, porque se dejó vencer y la tuve que coger, ¡aquello empezaba bien!

Nos fuimos por el centro, a tomar unos vinos al Anciano Rey, y a picotear algo. Como el tiempo era estupendo, subimos andando desde Principe Pío, agarrados de la mano. Yo no andaba, levitaba.

Bebiendo vinos, yo me fuí iluminando; Amapola todo lo contrario, su luna iba de llena a cuarto menguante. LLegó el momento de entrar en la tercera fase, que no era otra que ir a la C/. Leganitos, a esos garitos de parejas que hay tan apañaos.

- Yo.- Amapola, mira, hay un garito en Leganitos que está fetén para esto. Tiene compartimentos grandes, está limpio, son como reservados. Nos pedimos unos cubatitas y la noche la tomamos a paso de tortuga.

- Amapola.- Verás, no sé, me tienes loca, pero tengo algo que decirte.

- Yo.- ¡Ya empezamos Amapola!

- Amapola.- Tengo que contarte una cosa.

- Yo.- ¡Joder!, a ver, cuentame.

- Amapola.- He estado toda la semana pensando en ti. Y....

- Yo.- Yo también ,¡dame un beso!

- Amapola.- ¡Nooooo!, ¡espera!... verás, la otra noche, en el coche, fue una lata lo de la policía, pero nadie me había besado así, sentí algo, y, no sé, llámalo amor, llámalo X, ¡qué no lo he podido olvidar! Todas las noches me dormía pensando en tus besos, en tus caricias, y en como me hacías el amor. Me mojaba toda. Fíjate, que he pensado cosas que nunca pensé que me dejaría hacer, ¡me tienes loquita!

En esos momentos me acerqué todo lo que pude a la barra, bien pegado, porque yo también me estaba haciendo una película mientras lo contaba, y viéndome en pantalla, el hermano menor se había puesto tontorrón.

- Amapola.- Hubo una noche que no podía dormirme. Me había masturbado 3 veces pensando en ti. Estaba sola, y como sé que mis hermanos tienen revistas porno, y sé también dónde las guardan, fui en su busca, no lo pude evitar. Viendo esas imágenes, mi mente cambió las caras de ellos por la tuya y la mía, ¡me hice una película! (porno, claro está).

- Yo.- Vamonos ya a Leganitos, que al final se perderá la polvora...

- Amapola.- Y verás, llegó un momento que estaba tan cachonda, pero tanto, tanto, que me desvirgué yo sola, pero pensando en todo momento en ti, y algo me dolío, pero fue tan grande el orgasmo que ni cuenta me di que manché las sábanas.

- Yo.- ¡Ah! - con cara de lelo, no sabiendo si alegrarme o cabrearme - bueno, pues ya está, pero... ¿nos vamos a Leganitos?

- Amapola.- Lo sé, te dije que serías tú, y me da apuro decirte que pensando en tu barra de carne, dura, esa que me enseñaste, lo hice con la escobilla de wáter, ¡lo siento!

Por amor se perdona todo, un polvo entre cientos no es nada, sólo un dato estadístico. La verdad, lo confieso, sentí alivio. En ese momento no supe si seguir el camino previsto, cortarlo en seco, o intentar un intermedio y tantear después.  La entrepierna ganó al raciocinio, y en vez de pensar sensato me ganó la vehemencia, y di por hecho que otra vez me iría a casa con los piés fríos y la cabeza caliente.

- Yo.- Entonces, ¿de follar hoy nada?

- Amapola.- ¡¿Para qué Miguelillo?!, disfrutemos del comienzo de esta relación, ¡ahora sobre todo!, ¡qué es lo más bonito y romántico!. ¡Tú eres mi novio!, ¡mi bello novio!, JAAAJAAAAAA, cariño, no somos los que cantan Amistades Peligrosas.





- Yo.- Ya.

Amapola recogió la vuelta al camarero, se atusó el pelo, sacó un cigarrillo del bolso, me dió a mi también otro, y lo encendió con chulería de actriz de cine mudo. Aspirando fuerte el humo, intentó hacer un corazón, que no le salió. No lo volvió a intentar, me miraba y sonreía, y yo callaba, era mi tontería, ella me guiaba, era la sargento y yo el soldado chusquero.

- Amapola.- Por cierto, mañana estás invitado a comer conmigo, con mis padres y mis hermanos en casa, ya he dicho que te voy a presentar. No acepto un "no" por respuesta.

Sólo me faltó decir: "¡señor, sí señor!

¿Os había dicho, que me dejo siempre liar?



- Ana.- ¡Vaya historia!, ¡como contador de novelas no tienes precio!, así que, ¿por aquellos barros estos lodos?

- Yo.- Siiiiiiii, me ha dejado marcado, ya lo ves.

- Ana.- ¡Venga!, ¡no pasa naaaaaaaada!, ¡10 gatillazos seguidos los tiene cualquiera!, JAAAAAAA. Es por la crisis, lo entiendo. No hace falta que te inventes historias.

- Yo.- Entonces, nos damos un beso y a dormir.

- Ana.- Dormir dormirás tú, que yo me voy a la cocina a picar alguna cosa. El otro día estuve en un Tupper Sex y me regalaron unas cositas. Venga, ¡hasta mañana!, y no des más la murga que se despertará la niña.

FIN.

La historia tiene un par de lecturas, de las cuales hablaré la próxima semana. 

Y nada más, ¡feliz fin de semana!, y muchísimas gracias por estar ahí.

Miguel Ángel de Móstoles


















miércoles, 6 de julio de 2011

Las clases de recuperación de verano - IV.

Parte I - Publicado el 29/06/2011
Parte II - Publicado el 01/07/2011
Parte III - Publicado el 05/07/2011

Esperando una declaración de amor, mi bella amica se salió por la tangente y empezó a contarme una historia de romanos.

Amapola me estuvo calentado la cabeza, los sentidos y la entrepierna. Durante 30 minutos me contó una historia de un amigo, el cual era más que un amigo, y con el cual se pasó de amigo y lo perdió como amigo (el amigo era del instituto). Intenté mantener la atención durante la media hora, pero había un par de cuestiones gordas que me distraían en todo momento: ¡joder qué  tetorras!

Mi obsesión de entonces por las mamellas lecheras debía ser algo psicológico, alguna fase que no había superado en la infancia, aunque  con el tiempo cambió, no es que ahora las prefiera pequeñas, es que ahora prefiero la cabeza de quien las tenga, sean grandes, pequeñas, medianas, de cabra, caídas o levantadas. Venir al cine con un escote hasta el ombligo es provocar, ¡digan lo que digan!

De la historia que me contó, no diré que por un oído me entró y por otro me salió, no, como amiga apreciada fue convenientemente escuchada; pero aquellas  pajas mentales con el amigo de 1º de B.U.P., contadas ahora, y encima a mi, y con lo que había ocurrido, o era que quería decirme algo, o era que quería justificarse por algo. Uno que es prudente, eligió la segunda opción.

- Yo.- Vamos a ver, voy a intentar no pasarme, y si me paso me paras. ¿A qué cojones me has contado todo esto?

- Amapola.- ¡Eres un bestia, no entiendes nada!

- Yo.- Bueno, lo que me faltaba, mira, ¡me las piro, vampiro!, cuando te encuentres me llamas, que yo paso de historias chorras y de ser amigo pañuelo. Si estás enamorada me lo dices - dejando pasar unos instanes, tiré la bomba - ¿qué pasa, es eso?

- Amapola.- Sí, ¡joder!, ¡¡eres un cabrón!!

Soy cumplidor a rajatable de la norma: "no te fies ni de tu padre". Su respuesta fue la que fue, en ningún momento dijo: "¡sí, joder, di tí hasta las entrañas!", no, ¡no lo dijo!, así que mejor que ir con tiento que darlo por supuesto.

- Yo.- Venga, voy a pagar y nos damos una vuelta. Me han chivado por aquí cerca un sítio de parejas, ponemos musiquita guapa en el coche y te relajas, ¿te hace?

No dijo nada, asintió con la cabeza y se secó las lágrimas. Pagué rápido y dejé hasta propina, porque empezaban a mirarnos raro.

El sítio era un descampado en la Avenida de la Aviación, al lado de un campo de fútbol de barrio que hay próximo a Fanjul, a unos 300 metros del  desvío de la carretera a La Fortuna, el cual no estaba iluminado. Las parejas de enamorados aparcaban pegados a la cerca de ladrillo enfoscado, y ahí, hacían sus cositas. Yo no había estado nunca antes, lo sabía por un coleguilla.

La música que llevaba en el coche no era especialmente romántica, o que invitara a animarse sin pegar botes; al final escogí del montón a  "La negra flor" de Radio Futura. Elegí esa canción para decirla: "si quieres un amigo aquí lo tienes, si quieres un amante, me lo dices y ya veremos, si quieres calentarme, ¡ya estás corriendo a tu casa, o a hacia quién te quiera aguantar!"


La noche era serena, y el "picadero" ya estaba ocupado con clientes. Menos mal que la iluminación próxima, y la luna llena, iluminaban lo suficiente para elegir acomodo al coche con las luces apagadas. Elegí una esquina, de esa manera sólo tendríamos compañía por un lado. Los coches vecinos tenían sus parasoles correspondientes, fundas, prendas, todo aquello que pueda las ventanillas tapar. Algunos autos botaban, otros se bamboleaban, ¡joder con la gente, no se cortaba nada!.  Yo pasé de tapar ventanas, total, para hablar, ¡qué mas daba!

- Amapola.- ¿Nos vamos al asiento de atrás?

- Yo.- ¡Vale!

El forito (nombre simpático que se le daba al Ford Orion paterno, que luego heredé yo) no era especialmente amplio en el asiento trasero. Los diseñadores tuvieron un fallo en su día, ya que quisieron hacer un maletero inmenso en detrimento de la habitabilidad trasera, pues las ruedas quitaban bastante espacio. Eso sí, el asiento era bien cómodo, con el respaldo alto para apoyar la cabeza, además de estar bien limpio y pulcro, que de eso mi madre se encargaba con esmero.

Amapola había mejorado de humor. Había vuelto a ser la chica dicharachera de antes. Sentada en el asiento de atrás, se asomaban sus piernas, que aunque no eran esbeltas, invitaban a morderlas; como el escote, ¡me la comería cruda ahí mismo!, ¿se dejaría?

Mis manos permanecían en mis rodillas, ella pasó un brazo por mi hombro, y mis ojos se volvieron a clavar en sus pechos, me estaba poniendo malo.

- Yo.- Creo que no ha sido buena idea venir aquí, ¿te llevo a casa?

- Amapola.- Tal vez prefieras andar.

- Yo.- Estamos al lado de el parque de Las Tres Cruces, pero me da un poco de yuyu, mejor nos quedamos en el coche.

- Amapola.- Miguel, ¿tú me deseas?

- Yo.- Matiza la frase "¿tú me deseas?"

- Amapola.- ¿Qué si te gusto?

- Yo.- Depende, ¿te gusto yo a ti?

- Amapola.- Mucho.

Cuando las mujeres decís en ese contexto "mucho", ¿qué quereis decir?, porque yo esa respuesta la encuentra vaga. Yo diría: "me gustas lo suficiente para querer salir contigo", o "estoy enamorado hasta las trancas de ti", o, "a mi eso de follamigos no me mola naaaaada".

- Yo.- ¡Joder tronca!, estás atravesando una pértiga entre dos rascacielos. Yo ya te he dicho en alguna ocasión, a mi manera, es verdad, pero lo entiende hasta un niño, que me gustas. Me he dejado enrollar con el tema de las clases, ¡aún sabiendo que eso era un invento!, me calientas, me enfrías, ¿y ahora me sales con esto?, ¡¿qué me aspen si te entiendo?! No me gustan las personas que me hablan con rodeos.

- Amapola.- ¡Joder!, ¡no es así!, ¡nadie va así!, ¿qué clase de hombre eres?, ¡te estoy pidiendo calor y me lanzas un témpano!

No dije nada. Hacía unos minutos que se había terminado la casette de Radio Futura. Había que relajar tensiones y puse a Miguel Ríos. Los altavoces empezaron a emitir la melodía del cantante granadino.


Me acerqué a Amapola con los ojos cerrados, buscando sus labios. Encontré lo que antes era fruta prohibida: su boca. Empezamos a besarnos suave, sin prisas, labios con labios rozándose, y mientras nos besábamos yo la abracé, y ella correspondió cogiéndome por el cuello. De los besos en el labio al encuentro de lenguas, encuentros de zonas erógenas que suben la temperatura y el deseo. Mis manos habían bajado a su cintura y la había echado a lo largo del asiento, ahora empezaban los morreos.

Me quité la parte de arriba y dejé mi torso al aire, exhibiéndolo, y ella suspiró, y jadeando pidió otro beso. Echándome encima, ofrecí lo que ella pedía, y con una mano subía su falda, hasta alcanzar una liga.

- Yo.- Esto, ¿qué coño es?, ¡una liga!

- Amapola.- ¿Qué haces?, ¡no te despistes!

Ella seguía vestida y yo ya estaba en ropa interior, así que quise que estuviéramos empate. Intenté bajarle los tirantes, no se dejaba, sólo me besaba con pasión; intenté subir la falda bien arriba, pues ya me llegaba el aroma de su sexo y mis receptores de feromonas me habían provocado un hinchamiento, de la parte de abajo, se entiende, y quería ver aquello. Tampoco me dejó, se revolvía, aunque no dejaba de besarme.

Antes prohibiciones, medidas extremas, afuera los gayumbos y que corra el aire, y ella, que vió aquelló, pegó un bote, y se asustó, ¡joder, qué aquello no era nada malo!

- Amapola.- ¡Por el amor de Dios!, ¡guárdate eso!, ¡me apunta como una pistola y me intimida!

- Yo.- Sí, sí, como sigamos así ya verás tú lo que es disparar.

En eso que no me había dado cuenta y nos estaban mirando, era la policía municipal. Uno por un lado, y el otro por delante apuntando la matrícula. Lo que antes era un primor, se quedó en mierdecilla fina. Amapola pasó menos vergüenza, pues no estaba desvestida, yo, pues os podeis imaginar.

Después de vestidos, salí del coche y el cabrón del policía me leyó la receta. A todos los que allí estábamos nos encularon con 30.000 pts. ¡Por algo llevo escribo en la frente: "nasio pa ser pardillo".

Amapola me estuvo animando durante una hora, incluso me dijo que ayudaría con la multa. Yo quería irme a casa, dormir, contar a mi padre lo de la multa, aguantar el chaparrón y dar por zanjado aquello, ¡lo qué no puede ser, no puede ser!

- Yo.- Amapola, por respeto y por aprecio que te tengo, ¿por qué has buscado liarte conmigo?, ¿porque no me negarás que tenías ganas de juerga?

- Amapola.- Porque eres un amigo especial, y quería que tú fueras el primer hombre en tener sexo completo. Llámame tradicional, pero yo tengo que sentir algo más para tomar esa decisión.

¡Tómate esa!, ¡¡tanta ostia para tan poca boca!!

Continuará.

Si en el próximo capítulo aparece el aviso de contenido, no os extrañe.

Muchas gracias a todos por leer esta pastelada. Por cierto, insisto, que esté contada en primera persona no quiere decir que sean mis experiencias personales. Mi vida ha sido muy normal, ¡gracias a Dios!,  y aunque está inspirado en hechos reales, no son los míos. Eso sí, esas calendas estaban a la orden del día en mi adolescencia subida, que es aquella que va de los 20 a los 30. Las generaciones de ahora no se calientan la cabeza con estas cosas, creo.

¡Esto está terminandooooo!

Miguel Ángel de Móstoles








martes, 5 de julio de 2011

Las clases de recuperación del verano - III.

Parte I - Publicada el miércoles, 29/06/2011.
Parte II - Publicada el viernes, 01/07/2011.

Amapola volvió a llamar por teléfono a casa dos veces más, en ambas seguí sin querer hablar con ella. En la primera, mi madre dijo que estaba haciendo aguas mayores, y que por falta de fibra en la dieta, llevaba para largo; en la otra, Amapola no dió tiempo a que mi madre se inventara algo, JAAAAAAAA, mi madre, ¡qué gran mujer!

En aquella época existían en España unos aparatos, que situados en la calle, servían para llamar por teléfono, ¡ohhhhh!, ¡las famosas cabinas telefónicas!, ahora ya desaparecidas. Yo tenía 4 al lado de mi casa, en la esquina de C/. Bécquer con C/. Juan Ramón Jiménez. Eché monedas hasta ver en el visor el número 100, marqué el teléfono de Amapola y esperé.

- Voz al otro lado.- ¿Dígame?

- Yo.- ¿Está Amapola?

- Voz al otro lado.- Un momento... (era su madre, la cual pensaba que teníamos una historia).

- Amapola.- ¡¡Miguelillo!!

- Yo.- ¡Joder!, ¡la de veces qué te habre dicho que no quiero que me llames así!

- Amapola.- Bueno, ¿has podido cagar por fin?

- Yo.- ¿Ein?

- Amapola.- Déjalo, ¿como estás?

- Yo.- Tenemos que hablar, ¿quedamos el viernes a las ocho de la tarde en dónde siempre?, me llevaré el coche, ¡no beberé!, que ya me sienta mal hasta el agua, por cierto, me fui hecho polvo y tengo que hablar contigo porque estoy hecho polvo, cosa fai?

- Amapola.- Guardando la T.V. Hai detto due volti "povere", cosa sai pensando?, JAAAAAAAA

- Yo.- Entonces, ¿nos vemos el viernes?

- Amapola.- Que siiiiiiiiii, y te prometo que seré puntual.

- Yo.- Vale querida, pero eso no me lo creo.

- Amapola.- Ciao Michelangelo. Ci vediamo il Venerdí.

- Yo.- Ciao bella.

Esos días sin verla me habían sentado bien. Había recuperado mi regularidad intestinal, con las 2 visitas diarias de rigor; también habia recuperado el buen humor; incluso había perdido un Kg. por el disgusto (no hay mal que por bien no venga).

Como pedir el coche era tener un "no" por respuesta, directamente sustraje las llaves y la documentación sin interarse el cancerbero, que era mi padre. Ese viernes no me puse guapo, solamente me duché y me puse la ropa más mierdosa que primero encontré. De calzado nada de zapatos, zapatillas y tirando millas.

Apareció Amapola con una hora de retraso, ¡con dos ovarios!, estando yo que me subía por las paredes. Llamé a su madre 3 veces (utilizando las cabinas telefónicas), y las 3 veces me dijó lo mismo:  "que había salido 15 minutos antes de las 20", y, que estando a 10 minutos del lugar de la cita, la estaba empezando a poner intranquila; cuando la pobre madre estaba a punto de llamar a la policía, apareció la susodicha detrás de mi, avisando de su presencia con leve toque en el hombre derecho, tranquilizando por fin a su madre, y desatando en mi al peor de los migueles que llevo dentro.

- Yo.- ¡Mecagüentumadre, mecagüentupadre, mecagüento!, ¡¡esta es la última vez que me haces esperar!!, la próxima, ¡te darán por el  culo!

- Amapola.- Tranquilo, verás...

- Yo.- ¡Joder!, ¡siempre igual!, ¡coño, mecagüendios!, ¿lo haces a propósito?, ¿qué pasa?, ¿te produce cosquillas en el chocho hacermen esperar?

- Amapola.- A ver, que nooo, verás...

- Yo.- ¡Qué estoy hasta los huevos!, ¡y ya está, hombreeee!

Lo peor de todo era que la muy pelleja no se inmutaba lo más mínimo, encima sonreía. Cuando me hube tranquilizado, sacó dos entradas de su bolso, me las enseñó, y dijo:

- Amapola.- Esta tarde vamos al cine, ¿si te apetece?

A ver, no iba a decir que no.

- Yo.- La madre que te pario..... bueno. Oye, que no quiero seguir con las clases, ¿eh?, aquí se terminan. Además, que el destino al que llevaba todo esto no podía ser bueno. Calentar por calentar produce recalentado, y del recalentado se pierden propiedades, así que, ¿o somos amigos, o somos más que amigos?

- Amapola.- JAAAAAAAAAA, vale, no te enfades anda, ¿mejor ahora? Somos amigos, y si después viene algo más, ya se verá.

- Yo.- ¡Ya me estás liando!

La película escogida por mi lianta amiga era "La boda de mi mejor amigo".



En una escala gañancilla sacó un 0,1, por no darla un cero. En escala pastelada sacó un notable alto. En escala de tías buenorras también sacó buena nota; resumiendo, estuvo entretenida.

Después del cine me quiso invitar a un granizado, cosa que no dejé que hiciera, ya que no era plan ir siempre de agarrado. La película me había dejado más-turbado, que no es lo mismo que masturbado, porque creo que se eligió con toda la intención del mundo. En el servicio, mientras estaba a mis cosas, me dió por mirar a la máquina de preservativos, incluso se me pasó por la cabeza comprar, cosa que medité unos segundos, quitándose al final de mi cabeza ese pensamiento. Ya de vuelta, quise saber:

- Yo.- Oye prenda, me da la sensación que la película es para decirme algo. Como soy tonto, prefiero que me lo aclares, y a ser posible sin rodeos y en español.

- Amapola.- ¿No te ha gustado?

- Yo.- Las hay peores, ¿¡qué me expliques!?

- Amapola.- Bueno, a ver, sí, tengo algo que decirte, pero esperaba encontrar el momento. El otro día me dejaste echa polvo, me moría de ganas porque te hubieras quedado, ¡cállate, no te arranques!; como te decía, te fuiste y me dejaste con el corazón en la mano. Después de aquello,  te he llamado para hablar contigo,  aunque tú no has querido ponerte, te diré que lo entiendo. El otro día no quise calentarte, lo siento, me estaba conteniendo, si tú supieras - y la s final se quedó en la atmósfera de mi cerebro, a modo de eco, "si tú supieras" se repitió durante un largo tiempo.

Ella miraba y yo clavaba mis ojos en la pajita. Sorbí el líquido elemento, y ella seguía mirando, me estaba matando esa carita de buena.

- Yo.- ¡Joder!

- Amapola.- ¿Te has quedado flipado?

- Yo.- A ver, cuéntame...

En el siguiente capítulo, sabremos lo que pasó.

¡Besotes a todos!

Miguel Ángel de Móstoles







lunes, 4 de julio de 2011

Lunes de cabreo.

Bueno, tenía la intención de escribir un post de agradecimiento, pero no lo voy a hacer. Hemos pasado los 100 posts en Blogger, que unidos a la burrada de iEspaña, hacen muchos, muchos, muchísimos.

También dar las gracias por los regalos a Winnie, a Morgana, a Una Soñadora Más, a Emycuento y a Rosana Martí. Y de paso, mis gracias sinceras a todos los que por han querido pasar por aquí (no me hago responsable de las consecuencias mentales, ni demás tipos, por leer tantas tonterías juntas).

También quería escribir sobre mi trayectoria en la Blogsfera, ahora que en unos meses será el cuarto aniversario; pero total, para aburrir, pues al final no.

He estado intentado hacer un premio para la ocasión. Tenía en mente poner un ramo de flores en una botella de pacharán vacía. Las flores las tenía, pero las pobres se han quedado chuchurrías, ya que ahora no bebo pacharán (¿será por eso por lo que estoy tan flojo?).

Para todos  aquellos que piensen que 100 posts no son nada del otro mundo, bueno, pueeeees, a ver, ¿quienes, de los que por aquí pasan, pueden decir que echan más de 100 casquetes al año?, ¿eh?, JEEEEEEEEEE, ¡a qué jode!, vale, vale, ya veo que muchos, peroooooooo, ¿quién puede decir que tiene 100 coitos, en los cuales llega al orgasmo al mismo tiempo que su pareja?, JAAAAAAAAJAAAAJAAAA, ¡para que luego digais que 100 no es nada!

Como hoy es lunes de chiste, no voy a contar un chiste, ni dos, ni tres, voy a contar una situación que me tiene muy enojado, tanto que necesito muchos mimitos, así que hoy es lunes de cabreo.

Resulta que el otro día voy por la calle con Claudia, concretamente el lunes pasado, en plena ola de calorazo a más de 35 º. Es normal que se acerquen personas admirándose de su pelo (ni que fuera la única pelirroja del mundo);  aunque menos, también se acercan personas preguntando si el pelo es tenido, ¡como se puede ser tan gilipollas!, ¿¡¡teñir una niña tan pequeña!!?, ¡sí claro, con Tintalux y una pistola la tiño!, ¡joder, como está el personal!; pero, lo que me pasó el lunes, espero que no me vuelva a suceder. Pensaré que era por el sol, que calentaba tanto que nos tenía los sesos fundidos.

Voy por la calle con Claudia de la mano, tirando ella de mi, porque últimamente tengo el pistón muy bajo, y se acercan un grupo de tres gitanas, de unos 14 - 15 años, y, se ve que se aburrían, nos rodean y empiezan a señalar con el dedo a Claudia.

- Gitanas.- ¡Ay qué guapa, qué pelo, yo quisiera tenerlo asin!

El caso, es que ellas pueden presumir de pelazo, porque en las tres era moreno azabache y muy largo.

- Yo.- Pues nada, os teñís el pelo y ya está. 

- Una de las gitanas.- ¿Es su madre pelirroja?

- Yo.- No.

- Otra de las gitanas.- Entoces, ¿es el paaaapa?

- Yo.- Tampoco, ¿me veis a mi pelirrojo?

- La gitana más bajita.- ¡Ah!, ¿usté é el papa?, ¡creíamos que era el agüelo!, JAJAAAAAAAAA, ¡ay el payo!, ¡entonces no es suya!, JAAAAAAAAAA.

¡Mecagüenlamadrequeparió a panete!, ¡¡no las mandé a cagar porque lo mismo me dan un conjuro que me tapan el culo!

¡Ay qué joderse!, vamos, vamos, vamos, ¡¡estoy indignado!!

¡Besos luneros!

Miguel Ángel de Móstoles





viernes, 1 de julio de 2011

Las clases de recuperación del verano - II.

Capítulo I - Publicado el miércoles, 29 de junio del 2011.

Aprobado el primer examen, estaba expectante por practicar con Amapola la segunda clase: arrimarse sin dar calor. La cita: sábado. Lugar:  garitos de  Argüelles. Hora: desde antes de ponerse el sol hasta que el cuerpo aguante.

Escoger esa zona de ocio madrileña no era nada nuevo, siempre que salíamos terminábamos por allí. Para la ocasión estrené camisa nueva, blanca con pintas negras, y un slip blanco. La camisa me subió el pavo hasta la estratosfera, pero el slip me hizo cagarme en todos los muertos de algunos, porque yo, acostumbrado a mis gayumbos de toda la vida, no soportaba que un maldito cordel se metiera por la raja del culo, por no hablar de lo apretado que llevaba las partes pudendas. Desde aquel día, no he vuelto a ponerme un slip, antes voy con los colgajos al aire.

Amapola llegó tarde, 20 minutos de retraso, ¡tenía el maldito defecto de la impuntualidad! Le calló una buena bronca, porque yo soy de los que llegan 10 minutos antes y no me gusta que me hagan esperar sin motivo, ¡20 minutos es una desconsideración muy grande!

En el trayecto en metro de Aluche a Moncloa, Amapola hizo lo imposible por hacerme desaparecer el enfado. Me animaba diciendome lo guapo que estaba con  la camisa nueva, lo bien que conjuntaba con el vaquero, y el toque gracioso que daban los tirantes. Los enfados me duran 10 minutos, así que cuando llegamos a destino ya se me había pasado, aunque fingía que seguía enojado. Estoy seguro que ella se daba cuenta que hacía un papel, porque a mi, fingir, se me da también muy  mal.

Unas "Leches de Pantera" en el Chapandaz, unas sidriñas con unas bravas, y listos para ir a mover el esqueleto a cualquiera de los garitos de los "bajos". La zona estaba a tope, para no variar, niños y niñas, piernas esbeltas que adornaban minifaldas, escotazos, grupos de tios buscando juerga, vicio y ganas de pasarlo bien. En aquel hormiguero de la diversión Amapola y Miguel eran dos hormigas más, una la profesora y la otra el  alumno, que  se disponían a iniciar la segunda clase del curso pactado. Amapola no andaba, se deslizaban las baldosas a sus pies, yo tampoco andaba, pareciera que montaba un caballo imaginario mientras me estiraba el pantalón por la raja del culo. La princesa y el gañán, JAAAJAAAAAA, ¡vaya pareja!

El nombre del garito no lo recuerdo, eso es lo de menos. Ambiente cargado por el humo, música española del momento, la barra a tope, borrachos ya a punto de empezar a babear a las féminas,  empujones en la barra, malas caras, y gritando al camarero para llamer su atención, ¡por fin, tras 15 minutos!, me hice con dos tercios de cerveza bien fresquita.

- Amapola.- ¿Qué te pasa?, ¿tienes zurraspas?, JAAAAAAAAJAAAAAAA.

- Yo.- ¡No!, ¡¡es el punto tanga!!, me voy a wáter y me lo quito, ¡no aguanto más!

- Amapola.- Andaaaa tontorrón, ummmmmm ¡qué buena está la cervecita!, ¡entra de maravilla!, ¡joder!, ¡me estoy empezando a poner peoooo!, JAAAAAAA - tenía risa de hiena, pero había momentos que hasta me gustaba.

- Yo.- ¡Ya está!, me voy al wáter y me lo quito.

Y me lo quité, y me guardé en el bolsillo. ¡Menudo alivio!

Regresé a la vera de Amapola y sonaba "La chica de ayer"


Esta canción tiene algo especial, es sonar y cambiar los semblantes, los gestos, las "actuaciones" del personal, hasta la camarera, que con tanto trabajo no paraba, se quedó pensando, en sus cosas imagino, ¡el mundo se para al oir esta canción!

Cogí a Amapola por la cintura, desde atrás, y ella apoyó su cabeza en mi esternón, seguimos el compas de la canción agarrados. La canción terminó y pusieron a Obús, ¡vaya cambio!, sin ella soltarme, la dije:

- Yo.- Bueno, ¿cuando empezamos?

- Amapola.- ¿Con esta música?, a ver si ponen algo más propicio.

De la melancolía al Heavy Metal patrio y luego a pasteladas varias, ¡se estaba luciendo el pinchadiscos! Yo, que me las prometía muy felices,  me estaba dando el bajón padre. Estaba a punto de ir a pedir la tercera tanda de botellines de Mahou, y mi musa de sueños, Jennifer Rush, vino a sacarme del sopor, cabreo y depresión.


¡Qué voz!, ¡qué canción!, dejé la barra y me fui hacia Amapola, me arrimé y empezé a cantarle, mal, porque yo no canto, destrozo música y ritmo, y, me arrimé, pero sin pegarme, y ella correspondió, y empezamos a bailar, bueno, a intentarlo, ¡qué más daba!, como si estuviéramos en un lugar sólos los dos. No sé, algo pasó, se nos iluminó los ojos, y la clase empezó.

Aquello fue un cortejo, no un arrimao, era eso que hacen dos personas, que son amantes de pensamiento, y cada uno sabe que el otro lo sabe, pero que  todavía no se han dicho "te quiero"... ufff, ¿os suena? Ella me abrazaba desde abajo, porque yo le sacaba la cabeza, pegaba su testa en mi corazon, y yo la cogía con fuerza, aquello era arrimarse dando calor, y tanto, que empezé a notar que lo de abajo crecía y crecía, y temiendo se separara y se asustara, sucedió todo lo contrario, permanecío quieta, mientras me sonreía, y bajó las manos a mi culo, apretándolo, y yo contra sus tetas, y en ese momento no sabía si besarla, si irme a la barra, si quedarme allí, sólo pensaba y pensaba; al final me quedé, necesitaba que alguien me abrazara así, no lo había sentido nunca.

Vino más música, más canciones, y Amapola se separó, pero poco, cogiéndome de una mano, me trajo hacia ella, casi hasta sus labios, y me dijo:

- Amapola.- Menos mal, pensé que atravesabas el pantalón, me ha  gustado como abrazas, pero habrá que continuar practicando, ¿qué me dices?

- Yo.- ¡Qué te invito a un cubata!, ¡lo necesitamos!

- Amapola.- ¡Pero si ya empiezo a estar borracha!, tú lo que quieres es aprovecharte, JAAAAA.

- Yo.- De ron con coca, ¿no?

- Amapola.- De amor, ¡atontolinao! (¿qué habría querido decir con eso?).

Y ahí empezó el declive de lo se presumía sería divino. Superado el tope de cerveza, Amapola empezó a ponerse calentorra, y pasó de lo tierno a lo directo, cogiéndome del cuello, tirándome hacia ella, yo intentado darla un pico (1), y ella esquivándolo, y de nuevo, el amigo de abajo empezó a crecer, y ella tapó el bulto con otro abrazo. 

Bebía y bebía, pero todo tiene un límite y  mi cuerpo dijo "basta". Me puse malo, todo empezó a darme vueltas.

- Yo.- No me encuentro bien.

- Amapola.- Nos hemos pasado, salgamos fuera, tomamos el aire, nos comemos unos bocatas en "Los cachorros", y luego nos damos una vuelta por el Templo de Debod, a la luz de las estrellas, que hace muy buen tiempo y apetece pasear... de la mano.

A pesar del calor, porque Madrid es un infierno cuando llega el calor, mi cuerpo no reaccionó bien al cambiar el aire del local por el de Madrid capital; me entraron arcadas, aunque no eché  la papa (3). No queriendo estar así, me empeñé en regresar a casa. Amapola insitía, "quédate un poco, por favor", me decia, pero yo no escuchaba, sólo me quería ir y dejarla.

Sé que no sueba bien lo que hice, pero este alumno no desea continuar con la clase de esa noche. Ni estaba bien, ni tampoco quería un final estando así. Paré un taxi, y le pedí a mi profesora me prestara 2000 pts., porque andaba escaso para pagar la carrera. Me dió lo que tenía, unas 1.500, que sumado con lo mio era suficiente. Ella se quedaba allí, dijo que regresaría en "buho" (2), y yo ya no  la dije nada, tampoco  eché la vista atrás, cómo buscándola, ni la miré por la ventanilla, no sé si quedo de pié, mirando, hasta que perdió de vista al coche, o se dió la vuelta nada más yo montar; lo que quiera que hiciera, a mi, en ese momento, me daba igual.

Me tocó un taxista majo, tal vez se vió reflejado al recordar alguna salida nocturna. Tardó poco en llegar a Móstoles. Me ayudó a contar las monedas, porque tan mal estaba, que ni las  veía. Por lo menos se me pasó algo el mareo en el rápido trayecto.

Entré en casa, intentado no hacer ruido (seguro que hice tanto que despertaría hasta los vecinos, porque cuando vamos borrachos, no medimos). Saludé a mis padres, respondieron con pocas ganas y  se quedaron tranquilos, y a la cama, ni el pijama me puse. Todo me daba vueltas, ¡pase la noche fatal!, ¡hay días que ni es mejor levantarse de la cama!

A la mañana siguiente el desayuno me devolvió a la vida. El tazón de leche con tostadas me recuperaron físicamente; pero la noche anterior me había dejado un gusto amargo, me había dejado tocado.

Empezé a darle vueltas y vueltas, y como supese que Amapola llamaría, avisé a mi madre que dijera que no estaba si llamaban preguntado por mi.

- Yo.- Mamá, esta tarde me voy a ir a la biblioteca, estoy cansado y quiero relajarme.

- Mamá.- ¿A la biblioteca?, ¿en domingo?, ¿está abierta?

- Yo.- Siii, cierra sólo en días muy concretos - mentí, lo que en realidad haría es ponerme a pasear, que es lo que hago cuando necesito pensar - Si llamara cualquiera de los gañanes o alguna de las chicas de Aluche (que es lo mismo que decir Amapola), dile que estaré en la biblioteca.

- Mamá.- Muy bien, así lo haré.

Amapola llamó a las 16:00, y recibió el recado de mi madre. En aquella epoca tener un teléfomo móvil era de potentados, así que no me podía localizar. Conociéndola, tampoco vendría de Madrid a Aluche para buscarme.

Me recorrí esa tarde cerca de 6 Km. LLegué con los piés reventados, la cabeza revolucionada, y el alma confundida.

Continuará.

¡Qué paseis un excelente fin de semana!

Miguel Ángel de Móstoles

(1) "Dar un pico",  para los amigos americanos, significa dar un beso en los labios sin lengua.

(2) También para los amigos americanos. Los autobuses que hacen el servicio nocturno en Madrid se les llama así popularmente.

(3) Devolver.



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