Óptica Calvo

miércoles, 29 de junio de 2011

Las clases de recuperación del verano.

El verano es la estación del año por antonomasia  para dar clases de recuperación, principalmente  para aquellos alumnos que tengan que presentarse a  los extraordinarios de septiembre; o clases de apoyo, para aquellos que aprobaron.... a base de enviar jamones de pata negra, JAAAAAA, ¡es broma!

Habiendo aprobado el curso, y considerándome que estaba muy desconectado con el género femenino, me propuse tomar unas clases de verano en el arte de ligar con lo más bonito del mundo, que son las mujeres, para así, llegado el otoño, estar más preparado y poder, ¡de una vez por todas!, hacer algo más de provecho que hasta lo entonces hecho.

Tenía elegida la profesora, su nombre era Amapola. El porqué de la elección lo vais a entender bien pronto. Ella era amiga mía, yo era para ella un amigo comparsa. Como todos los amigos comparsas, ella salía conmigo  a solas, nos divertíamos juntos pasándolo muy bien, me contaba sus secretos, me ponía bien caliente, y, cuando estaba a punto de empezar a  arder, sentenciaba: "contigo no, tu eres mi amigo". Estudiante de Filología Hispánica, culta, vasta lo justa, guapa, hay que reconocerlo, se me antojaba que me ayudaría bien y me dejaría suficientemente preparado.

Se lo dije un 30 de junio, de hace muchos años, es como si lo estuviera viendo ahora por pantalla, ella vestía una falda corta y  una camiseta entallada, de pelo moreno, largo, rizado, que adornaba tez muy blanca, no sé si vendría bien o mal peinada, porque no hacía más que clavar mi mirada en su tetorras, ¡madre mía que tetorras!

- Amapola.- ¿Qué miras?, ¡no seas descarado!

- Yo.- ¡Por el amor de Dios!, ¡con ese escotazo vas a provocar accidentes!, ¡vámonos al parque, allí, al lado de la fuente, que me refresco un poco, me calmo y te cuento!

- Amapola.- Vaaaleee, luego vamos a tomar algo, que te invito.

Después de refrescarme en la fuente, elegimos una sombra del Parque de las Tres Cruces, cerca de un lago que allí hay, sentados bajo un frondoso árbol, inicié mi exposición.

- Yo.- Amapola, querida, me tienes que ayudar.

- Amapola.- Tú diras.

- Yo.- Verás, a ver como te lo explico, es peliagudo el asunto, y no sé si decírtelo ahora mismo o dar un rodeo,  estoy hecho un flan de nervios.

- Amapola.- Cuentamelo tranquilo, y tómate el tiempo que necesites. Soy toda oídos.

- Yo.- Pues verás, te explico. Nos conocemos de hace tiempo, y hablamos de todo, y bien sabes que con las mujeres no come un rosco, así que he pensado que tú me ayudes, que me orientes, que me guies en la búsqueda, porque en verdad no hay quien os entienda, no sé si cuando estais diciendo blanco pensais negro, ¡joder, qué cada vez que lo intento me doy la ostia padre!

- Amapola.- Eres muy burro, ya te lo he dicho muchas veces, aunque buena persona. A ver, ¿no dices que en Talavera se te rifan?, ¡no hay quién te entienda!

- Yo.- Si, bueno, ¡pero así no quiero!, no me gusta que me entren a saco, ¡me asuntan!

- Amapola.- Pues querido, tú haces exactamente lo mismo. 

- Yo.- A lo mejor es por el tipo, ¿qué opinas?

- Amapola.- Ummmm, vamos a ver, vamos a ver, que me lías en cuanto me descuido. No vengas con esas porque tú sabes que no estás mal, ¡vale!, estás bien, bueno estás bien bueno.

Menos mal, porque me estaba empezando a mosquear, y en tris se pierde la amistad por un malentendido.

- Amapola.- ¡Eres un presumido!, pero lo peor de todo es que eres un borrico, ¡sí, un borrico! Entras a saco, no tienes tacto, te enfadas como si fueras un niño, ¡ese no es el camino! Si una chica te gusta, lo mejor es ser tu mismo. El tiempo dirá si hay feeling o no, si lo hay, ¿para qué correr y tropezar?, mejor ir poco a poco. A nosotras nos enamoran los hombres que nos entiendan; aunque también es verdad que el físico importa, para que lo vamos a negar. 

- Yo.- No sé ni besar Amapola, no sé que decirlas, me quedo en blanco y soy un  sosazo, y si quiero hacer algo, me tengo que tomar varios lingotazos, y luego, cuando lo recuerdo, no me gusta lo que veo, aunque también es verdad que así es como he triunfado, estoy harto, ¡por favor, ayúdame!

- Amapola.- Lo primero que te recomiendo es leer poesía, y mientras lo lees, imagina que lo estás recitando a alguien. De de esa manera, trabajarás y pulirás el trato a corta distancia. Por hoy ya basta, vamos a tomar esas Fantas, y luego te dejo algo de Alberti y de Cernuda.

Esa noche llegué a casa con un libro y unas hojas. El libro era "Los placeres prohibidos", y las hojas unas copias de unos versos de Alberti, que correspondían a "Canciones para Altair". No recuerdo ni palabra de lo que leí, pero si recuerdo, que del libro me quedó claro que el poeta estaba enamorado, y de las hojas, sólo recuerdo que me gustó, y también recuerdo que esos versos me provocaron fantasías "verdes". Comprendí que la palabra enamora, que el gesto adorna, y que la intención, siendo honesta, puede amansar hasta las fieras.

La profesora me aprobó la primera parte, ¡y sin hacerme examen! Me lo dijo mientras ella se tomaba una Fanta y yo un pacharán. Escuchar a Amapola, cuando hablaba de Literatura, me trasportaba a un destino vibrante, que no sabría describir, de esos que se desean con vehemencia volver siempre que se visitan. Hubo un momento que ella me cogió las manos, y yo, azorado y sin saber que hacer, esperé.

- Amapola.- No eres un diamante en bruto, eres como esos guijarros del río, pulidos y brillantes, que no pasan inadvertidos - mirándome a los ojos - recitó a su Alberti querido:

Subes del mar, entras del mar ahora.
Mis labios sueñan ya con tus sabores.
Me beberé tus algas, los licores
de tu más escondida, ardiente flora.

Conmigo no podrá la lenta aurora,
pues me hallará prendido a tus alcores,
resbalando por dulces corredores
a ese abismo sin fin que me devora.

Ya estás del mar aquí, flor sacudida,
estrella revolcada, descendida
espuma seminal de mis desvelos.

Vuélcate, estírate, tiéndete, levanta,
éntrate toda entera en mi garganta,
y para siempre vuélame a tus cielos.

Me mantuvo la mirada, esperaba algo, sin duda, con mis manos retenidas en las suyas, mis ojos esquivaban sus pupilas. El tiempo contabilizó segundos, 1, 2, 3 y solté con furia su presa para refugiar mis manos en la bebida, el vaso de  licor de endrinas, dulce y  helado, alivió mi calentura y me devolvió al momento, sacándome de mi angustia.

- Yo.- ¡Joder!, ¡vas y me dices eso!, luego dirás que soy burro, pediría un ventilador o un cubo de hielo, ¡me ha subido la temperatura!

- Amapola.- Te has puesto rojo, sudas,  estás violento pero te gusta, no me mientas ni lo niegues, Miguelín, que es mejor esto que decir: "Ey, tía, te comía hasta meados".

- Yo.- JAAAAAJAAAAAA - paré porque me atranganté, el maldito asma - vale, vale, lo pillo, ¡eres mala!, ¿lo sabías?, ¡sí, lo sabes!, ¡eres una bruja!, JAAAAAAAA, como dice el reflán: "ni tanto, ni tan poco", yo no digo eso que tú acabas de decir, JAAAAA, ¡tampoco me veo recitando a Alberti!, no sé, creo que incluso es pedante.

- Amapola.- ¡Hombres!, no veis más allá de vuestro "paquete", te quiero decir que para todo hay un momento, y que lo importante es buscar el momento apropiado.

- Yo.- ¡Vale!, bueno, como voy prograsando adecuadamente, ¿qué es lo próximo?

- Amapola.- Lo próximo es el arte de arrimarse sin dar calor, ¿me entiendes?, bueno, tú de eso, sin tenerlo aprobado, no creo que seas alumno tarugo.

- Yo.- ¿Habrá clases prácticas?

- Amapola.- ¡Por supuesto!, pero tendrás que tener un detalle.

- Yo.- Amapola, ¡qué soy de Móstoles!, lo que haga falta mujer, JAAAJAA, siempre y cuando entre dentro de mi presupuesto.

- Amapola.- Pues esta tarde descansamos y nos vamos para el centro. Mañana, que es sábado, en Moncloa lo hablamos y practicamos.

- Yo.- ¡Camarero!, por favor, la cuenta. ¡Coño, 900 pesetas!, ¡anda, paga tú que tienes más pelas!

- Amapola.- ¡¡Trae, ya pagarás tú mañana los cubatas!!

Continuará.....

Prometo mañana daros la castaña con mis visitas, JAAAAAA, y también prometo que esta historia no será tan larga como la anterior.

Hasta mañana a todos, ¡qué paseis una buena noche!

Miguel Ángel de Móstoles



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martes, 28 de junio de 2011

Locura transitoria perenne.

Tenía la intención de publicar ayer un post de  agradecimiento a todos vosotros. El corto camino recorrido en Blogger había llegado al número de 100, que unidos a los de iEspaña, hacen más de 600 posts personales, ¡casi nada!. Como todos sabeis, El Jordi se marchó; no me quedaron ganas de fiesta.

Pasado el luto, estaba decidido a publicar los agradecimientos hoy, pero..... como Homografía Gay Granatense  (http://homografiagay.blogspot.com/) hizo un post muy cachondo, JAAAAAAAAAAJAAA, en el que me incluía, JEEEEEEEE, ¡lo siento, me meo!, y pregonaba a los cuatro vientos que estoy mal del piso de arriba, pues eso, que merece un explicación del porqué estoy tan echado a perder (¿no os doy lastimita?).

Cuando mi madre se quedó en cinta,  fue la mejor de las sopresas  para mis queridos pachurris; los pobres habían perdido toda esperanza de tener descendencia. Al igual que Claudia (ella nació un 19 de marzo, yo un 22), echaron una mierda casquete en pleno calorazo del junio madrileño, y, al óvulo, que debía estar abatido por la flama nocturna, le pilló despitado cuando el más rápido de los espermatozoides entró a saco.

Claudia nació guapa (su pelo rojo es un faro allá donde vaya), de piel blanquita, y encima lista y espabilada; ha salido a su madre. Su padre nació feo, moreno, con la cabeza pepino, y con síntomas de ser más simple que el asa de un cubo.

Crecí feliz, no me puedo quejar, pero nunca llamé la atención por ser listo o espabilado, más bien por todo lo contrario, y sobre todo por torpe, pues recuerdan mis padres, que era el cachondeo de vecinos, paisanos y familiares por mis andares de pato, y mis aterrizajes a lo kamikace, pues antes chocaba en plano cabeza que espalda, barriga o manos.

Llegó la adolescencia y me pilló más resuelto, no en vano había visto que las mujeres eran diferentes por las revistas guarris, y pensé que aún siendo gordo, feo y con granos, me comería un rosco. Como para las mujeres no existía, me dió por jugar al fútbol. Jugador malo era un rato, pero como daba leña, me sacaban siempre un rato; si no mandaba al banquillo algún lesionado, por lo menos se echaban unas risas, porque alguna vez me di un buen cocorotazo con el poste de la portería, o un buen morrazo al intentar hacer la  zancadilla a algún Leo Messi, que haberlos ya los había. Seguía pues, mi carrera de leñazos en el piso de arriba, acumulando y acumulando.

Un verano, con 16 años,  me golpeó en la cabeza el tambor delantero izquierdo de un Renault 6. No calcé bien la barra de torsión y en su liberación el tambor salió disparado, golpeándome en todo la cocorota y haciéndome una gran brecha. Me dolió más el culo que la cabeza, porque del golpe me sentó en el suelo. Aquel golpe asustó mucho a mi madre, a mi padre también, lo deduje por el comentario que hizo:

"Con esa cabeza tan dura, podrías partir piedras de molino"

Si hubiera contabilizado hasta aquella fecha mis golpes en la cabeza, seguro que algún record mundial hubiera batido.

Como tengo problemas con el Reflejo Simétrico del Tónico del Cuello, nunca he sido muy diestro montando en bicicleta, ni en motocicleta o haciendo equilibrios en barra estrecha, así que mientras crecía seguía en mi carrera de estrellarme de cabeza y acumular sufrimiento para mi cerebro. A los 17 me estrellé con la bicicleta contra un muro (mis frenos de zapatilla no hicieron bien su trabajo (1)); de aquel accidente conservo dos cicatrices de guerra en los labios. También me estrellé ese año haciendo gimnasia en la barra, como no, ¡de cabeza!, y como bien saben algunos, queriendo ligar con mozas esbeltas, de los 18 a los 21 algunos leches fuertes me dí, ¡coño, qué en una caí a un canal de riego!, haciendo el bobo con la motocicleta.

Pasaban los años y mi ángel de la guarda hacía horas extras. Era un peligro andante, me golpeaba con todo, la culpa: otro reflejo primitivo que no tengo asumido, que se traduce en ser un despitado allá donde vaya, con tan mala suerte, que termino dándome con todo  magullando mi pobre cuerpo, porque la cabeza, al tenerla tan dura, ya ni me afectaba, eso sí, el cerebro sufriendo y sufriendo.

En el año 2001 tuve un accidente de moto, fue un accidente muy grave, pues choqué contra un tractor que no avisó el giro, saliendo despedido y haciéndome demasiado poco para lo que podía haber sido. Del choque con la cabeza rompí un magnífico casco integral; se puede decir que volví a la vida, ¡menuda cabeza más dura la mía!

Desde entonces, algunos  golpes más me he dado: por arriba, por los lados, por la frente, por todos los sitios. De esos golpes y su acumulación, digo yo que algo me habrá perjudicado, ¿no?

Así que sí, lo confieso, me faltan todos los tornillos, y no hay cerrajero bueno que sea capaz de atornillarlos, porque el casco ya está muy deformado, y ese es el motivo por el que esté tan mal de la azotea. Como le dijo el especialista a Ana:

"Su marido no está tonto, simplemente tiene locura transitoria perenne, y cuidado, que se hereda".

La pobre Claudia se cayó el otro día del sofá y aterrizó con la cabeza, ¡menudo susto! Desde entonces Ana no duerme, cree que ha heredado mis genes.

JAAAJAAAAAAAA.

Dicen que la risa es buena, y dicen que mejor reir por no llorar, yo no me río porque sí, me río para intentar ser más feliz. Siempre he sido un torpe, y los golpes relatados no son coñas marineras, ¡son todos verdaderos, y si miento, que caiga ahora mismo y aterrize con la cabeza!

Aquí sigo, sentadito y sin caerme.

¡Feliz día a todos!

Miguel Ángel de Móstoles

(1) La bicicleta no tenía frenos. Para frenar, retiraba el pié derecho del pedal y lo ponía sobre la cubierta delantera, actuando como una zapata. Cuando iba a toda mecha, con los nervios perdí la chancla y encima me atorullé. Frené gracias a una pared que se interpuso en mi loca carrera.





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lunes, 27 de junio de 2011

Jordi, que estás en los cielos.

LLegó El Jordi el sábado por la noche al cielo perruno, y se encontró con un San Bernardo, que hace las veces de San Pedro en el cielo canino.

- El Jordi.- Buenas, que me he muerto y he aparecido aquí, ¿dónde estoy?

- San Pedro.- ¡Muy buenas!, ¡Bienvenido!

- El Jordi.- ¿Perooooooo,  dónde estoy?

- San Pedro.- Un poquito de tranquilidad - mientras se sacudía el lomo, porque una mosca le estaba picando - estás a las puertas del Cielo de los Perros. Te estaba esperando, ya que a nosotros nos avisan con 24 horas de antelación del "nacimiento".

- El Jordi.- ¡Ah!, bueno, vale, pues nada, a ver que tal por aquí, espero que bien.

- San Pedro.- No será peor que en la otra vida. Podrás dormirte las mismas siestas, con los mismos periodos de actividad de no más de 2 horas seguidas; también podrás ponerte morado de queso, ¡y encima no te sentará mal!; no tendrás los achaques físicos que padecías en la anterior vida, y, fíjate, ¡no te gritarán al oído tu nombre con el mismo volumén que lo hacía Claudia!

- El Jordi.- ¡Dabuten!, ¿sólo una cosa?

- San Pedro.- Siiii, podrás, ¡por fin!, catar perra en coito.

- El Jordi.- ¿Sin que me dé un pasmo?

- San Pedro.- ¡Será posible!, todos los que vienen aquí sólo piensan en lo mismo. Jordi,  podrás "empujar" hasta que se le caiga el "pito", siempre y cuando que encuentres perra, perrita, o perro, que esté en disposición, ¿contento?

- El Jordi.- ¡Contentísimo!

- San Pedro.- Pues arreando, que tengo que ir a echar un ñordo al prado porque me viene apretando.

Lo venía avisando, El Jordi estaba ya hecho un cascajo y antes o después nos abandonaría. Para quien no lo sepa, El Jordi era la mascota perruna de Ana. Famoso en el mundo entero, !este bulldog ingles de pura raza,  que ha vivido la friolera de 12 años! (un bulldog no suele pasar de 9 años) ha sido algo más que una mascota. A pesar de su aspecto fiero, era, como todos los bulldogs, más bueno que el pan con los seres humanos. Se dejaba acariciar por todos, subirse en él, darle en el lomo, gritarle a todo pulmón su nombre en la oreja sin pestañear y con paciencia infinita. Ha sido un gran amigo de Claudia, a la cual ha soportado de forma estóica, y eso que ya estaba en la cuenta atrás. 

También, como todos los bulldogs, lo pasaba muy mal con el calor. Nunca fue un perro para sacarlo a pasear mucho, ya que era el perro más vago que jamás haya visto, tan vago que le he visto salir a la calle, echar los dos pises de rigor  (sólo salía dos veces al día), y salir corriendo de nuevo a casa; a parte de ser una bestia parda con muchísima fuerza, que como le diera la real gana de ir hacia donde él quisiera, tú tenías que ir detrás; eso, o le ahogabas o te arrastraba por la fuerza tan bestial que tiene esa raza. Superbuenazo con las personas (es la mejor raza para niños), era un poco conflictivo con otros perros, ya que su aspecto fiero era una provocación para canes más grandes que él (con algunas señales de guerra se ha ido al paraiso). 

También destacaba su memoria de elefante. En cuanto iba una vez a un a sítio, no lo olvidaba jamás, recordándolo muchos años después (a cientos de kilómetros de su casa). 

Yo lo conocí al mes de conocer a Ana. Entonces era un perro que causaba sensación por la calle, ya que no era normal ver un bulldog. Fijaros si era poco normal, que hace casi 13 años  costó la friolera de 300.000 pts. (1.800 €); por no contar los más de 6.000 € gastados en veterinarios por sus operaciones y problemas físicos.

En el anterior blog tenía muchas entradas dedicadas a él, es una lástima que no esté operativo hoy en día.

Mi avatar en la blogsfera es su cara, con unas gafas de sol.

El pobre se ha ido al otro barrio virgen. Hace unos años le salió una pretendienta a 700 Km. de distancia,  por este video que colgué en Youtube:



Le hemos enterrado al lado de un almendro, y encima de él hemos plantado unos lirios, espero que florezcan la próxima primavera, y de esa forma sepamos que él está contento, allá donde quiera que esté.

Un vacío ha dejado, vacío que no se cubrirá con otro perro. Nos quedamos tristes y contentos a la vez. Tristes porque se ha muerto, y alegres porque llevaba tiempo sufriendo; ahora, en el otro sítio, seguro que esos problemas no tiene, y seguirá siendo el mismo que era aquí.

Adios amigo, adios.

Miguel Ángel de Móstoles






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miércoles, 22 de junio de 2011

Él no lo haría, lo real versus lo virtual.

Con permiso, saludaré como lo hacen en Talavera de la Reina: 

¡Ey! (que quiere decir: "¿como estás?, ¿bien?, ¡vale!, pues yo bien, ya me ves")

Antes de nada, no quiero dejar pasar la oportunidad para daros las gracias por el apoyo en la última tontá parida en 7 capítulos (publicado el final el pasado viernes). Muchísimas gracias. Tengo pendiente un post para explicar el motivo, porque hay un motivo,  será en breve.

Como por aquí vienen lectoras y lectores jovencísimos, ¡mecagüenalaleche!, ¡qué yo con 40 años me hace parecer un "tarro"!, ¿por cierto, os he dicho ya que me ha sentado muy mal cumplir 40 años?, pues eso, que la mayoría de vosotros no se acordará de este magnífico anuncio de TVE, emitido hace muchos años. Por favor, deleitaros con él, es una obra maestra y dura muy poco. Luego seguimos.


Se me saltan las lágrimas viéndolo, lo reconozco, ¿será por la edad?, ¿¡no me negareis que el anuncio sigue siendo  vigente!?

Claudia hace algo parecido conmigo las pocas veces que estoy con el ordenador en casa, ¿no lo creeis?, JAAAAAAAAJAA, es estar viendo por internet  la cotización de endrinas en el mercado mundial, y su posible evolución en el precio del pacharán, cuando viene Claudia y me pone carita de pena, me mira,  me tira del brazo, y dice con voz compungida: "papa, ven a jugar", ¡a ver, tengo que apagar el ordenador!, ¡¡hay prioridades!!, y aunque me queje, tiene toda la razón;  por lo virtual, muchas veces nos perdemos lo real.

Internet y las redes sociales han supuesto una revolución en las relaciónes interpersonales. Los blogs también, aunque algunos digan que están muertos. A veces, por querer estar al día con lo virtual, abandonamos lo real, y encima menospreciamos los perdido, no dándonos cuenta de valor de ello.

En un futuro muy cercano, se podrán "echar casquetes" de forma virtual como si fuera real. Será algún aparatejo que nos conectaremos en los órganos genitales, con sensores varios, y a través de nuestra webcam, echaremos polvetes virtuales, sintiendo orgamos, y demás, ¡encima en 3D!; peroooooooo, no séra lo mismo que en la vida real, ¡no!, porque no oiremos los jademos (propios y de la pareja) en nuestra oreja, no oleremos el perfume a chotuno berraco que se desprende de la jodienda,  no será el mismo sudor, no serán los mismos dolores por intentar hacer posturas más allá de las "normales", no fumaremos el cigarrito después del coito, mientras bramamos por el polvazo echado; se parecerá, pero no será igual, porque lo virtual no es de carne y hueso.

Por eso, me aplico el cuento del video, y gracias a él recuerdo, que aunque por el ordenador hay cosas que molan, no hay que olvidar a quienes tienes al lado de carne y hueso, porque ellos son la realidad,  y lo demás, no diré que cuento, pero no se puede palpar.

Hoy ha sido cortito, JAAAAAAAA.

¡Un abrazo para todos!





jueves, 16 de junio de 2011

El Preparador - Parte VII (¡y última!)

Parte I - Día 8 de junio.
Parte II - Día 9 de junio.
Parte III - Día 10 de junio.
Parte IV - Día 13 de junio.
Parte V - Día  14 de junio.
Parte VI - Día 16 de junio.

Hacía dos meses que Arrás había abandonado  Almendrugal,  un mes que su primo había terminado el primer Consolador marca AT (vendido al Conde de la Casa de Alba), y dos días que el Arzobispo de Toledo había recibido la siguiente carta, del párroco de la iglesia de Almendrugal:

"Su excelentísima y muy ilustrísima, ¡qué Dios guarde en su gloria por muchos años!

Pastor de todos nosotros, los cuales somos su rebaño, estamos en grave peligro  y necesitamos de su magna ayuda. Desde hace 40 días, mi parroquia se ha convertido en Sodoma y Gomorra, ¡mis plegarias al Santísimo Dios no han sido respondidas, y esto se está convirtiendo en la antesala del Infierno!

Su ilustrísima: el Sr. Marqués tuvo la peregrina idea de contratar los servicios de un brujo embaucador, a pesar de mis esfuerzos para que no lo hiciera. Dios no le ha dado la virtud de satisfacer a su mujer, y en vez de andar por el camino recto y único,  que era donar 1.000 monedas de plata la Iglesia para que Dios le iluminara en los menesteres pecaminosos, hizo caso omiso y tiró por lo sencillo. El brujo del que le digo, de nombre Arrás, ¡nombre que no es cristiano!, convenció con sus malignas artes a la Sra. Marquesa, y por ende al Sr. Marqués, para pecar con  instrumento demoniaco, un instrumento similar a un pene humano, que probado por persona, hace que el Cabrito Mayor le absorba por los más bajos instintos y lo lleve a la perdición eterna.

Desde entonces, todo el mundo en Almendrugal está dale que te pego con prácticas onanistas, ¡por el dichoso instrumento!, ¡Dios me guarde de pronunciarlo más!; y cuando la pobreza no da para  tenerlo, utilizan a modo de ello  hortalizas varias, ¡qué no son para eso, joder!, ¡¡qué son para comer!!; ¡¡arderán todos en el infierno!!

Encima, no son las hembras del lugar quienes pecan a todas horas, ¡no!, ¡los hombres también!, ¡¡Satanás los tiene abducidos y practican sodomía!!, ¡mal rayo les parta a todos! Le pido a usted, Señor, nos envíe el Tribunal de la Santa Inquisición y haga "limpieza" profunda, ¡qué aquí hace mucha falta!

Le prevengo que si tiene a bien venir por aquí,  se encontrará un panorama dantesco. Verá que están todos contentos, desde los nobles marqueses, a los criados, a los porqueros, a los vasallos, hasta los más pobres, no importando si son viejos o jóvenes. Las mujeres anda raras, y los hombres no se sientan, ¡es el instrumento de Satanás!, que hace que escueza, y no vea como escuece; y aún así, a pesar del escozor, algo hace que se recaiga, ¡no es el onanismo el camino!

¡Aquí ya no hay perdón!, esto, definitivamente, está perdido.

Almendrugal, a 16 de junio del 1797".

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Y con esta carta señores, termino la presentación de mi tesis sobre la relación entre los Preparadors y el primer vibrador castellano. Espero Sres. Catedráticos que haya sido de su interés, y que pronto me promuevan para publicar mis estudios, así con el gran descubrimiento del plano del primer vibrador español.

Nada más terminar, esperando los aplausos, se hace el más absoluto silencio. Los 3 catedráticos se miran entre ellos, sonriendo y hablando bajo, hasta que el más viejo, D. Cipriano del Valle Mojado, dice:

- D. Cipriano.- ¡¡Pascuaaaaaaaal!! - que es el bedel - ¡haga el favor de traer un compás!

Y yo, todo perplejo, ¿un compás?, ¿para qué coño lo querrá?

- Yo.- D. Cipriano, si desea un compás, yo en mi mochila tengo uno.

- D. Cipriano.- ¡Ah!, ¡muy bien Miguel!, haga el favor de dármelo.

- Yo.- ¡Faltaría más!, ¡aquí tiene!

Y el capullo del catedrático, abre a tope el compás, y encima de la tapa de mi tesis, hace un pedazo de círculo que estropea la tapa dura.

- Yo.- ¿Qué hace D. Cipriano?

- D. Cipriano.- ¡Vaya historia que has contado, macho, JAAAAA!, te mereces el mejor cero  que pueda hacerse, así que por eso te lo hago con un compás. Toma chaval, te puedes limpiar el culo con tu tesis, o lo que quiera que sea eso. Nos vemos el año que viene.

Y los otros dos catedráticos le aplaudieron el gesto, se levantaron todos, y se fueron con aire fresco; y yo allí me quedé, con cara de gilipollas, con un cero hecho con compás, y cagándome en todos sus muertos, porque aunque ellos piensen que me lo invento, ¡¡pardiez, vive Dios, que el vibrador fue cierto!!

Quiero agradeceros a todos la paciencia que habeis tenido, y daros las gracias, ¡sois la leche en verso!

Y con esto y un bizcocho, me dispido hasta el lunes (si me da la vena!

¡Feliz fin de semana a todos!

Miguel Ángel de Móstoles





El Preparador - Parte VI (penúltimo)

Parte I - Día 8 de junio.
Parte II - Día 9 de junio.
Parte III - Día 10 de junio.
Parte IV - Día 13 de junio.
Parte V - Dia. 14 de junio.

Ya en Almendrugal, quiso la Sra. Marquesa que Arrás le entregara en prenda el "follador de mano"; pero Arrás, para evitar un engaño, puso condiciones:

- Arrás.- Sra. Marquesa, le ruego me preste atención: ahora ordeno a mi primo que envíe mensajero a su esposo, para decirle que esta noche, podrá cumplir su deseo. En carta de mi puño y letra, le diré a su marido que se perfume, que ese arregle como es menester, que la ocasión lo merece, porque usted, señora, es más que eso; quedara bien claro en la misiva,  que a las doce en punto será la cita.

- Sra. Marquesa.- Arrás, no sé..., no engañaré a aquel que el corazón me diga que no haga daño, ¿a qué vienen esas desconfianzas?

- Arrás.- Marquesa, no se ponga clueca. Nada más  llegue usted a palacio, le ruego me envíe súbito las 100 monedas. En cuanto las tenga en mi mano, le devuelvo el instrumento con el mensajero. Si no viniera antes de dos horas, avisaría al Sr. Marqués que usted se la está pegando con el primero que se me pase por la cabeza. No me parece una zorra, así que choque mi mano y en menos de dos horas tendrá lo que ya ha probado.

- Sra. Marquesa.- ¡Es usted un verdadero cabronazo!, pero hace muy bien de no fiarse de nadie.  Vendrá mi ama de llaves, su nombre es Fortunata, y le traerá lo acordado. ¡¡ADIOS!!

Teodora escuchaba con atención, los nervios la ponían cada vez en más tensión. Arrás la tranquilizó, la explicó que el Marqués y la Señora pagarían por separado, que ambos acabarían bien contentos, y que desde aquel momento, ellos dejarían de ser pobres, gracias a los cuartos que iban  a ganar, pero que sería mejor ir pensando en abandonar el poblado, por aquello de evitar suspicacias, ambientes enrarecidos, o venganzas sin motivo. Teodora salió a buscar a su marido, que andaba arando a media legua de camino.

Llegó Fortunata con bolsa que sonaba a plata. Se presentó y se la dió a Arrás. Esperó acontencimientos.

Fortunata era doncella bien joven, no desvirgada, ni fea ni guapa, no pareciera destacar en la corta distancia, aunque si era la mano derecha de la marquesa, sería por algo. Su patrocinadora la había enseñado a leer, a escribir, y a hacer las cuatro cuentas; sólo por eso, ya destaca por encima de cualquiera en aquel lugar perdido de Dios. La eligió por su discrección, por su bondad, y porque sabía que en ella podría confiar. Arrás contó los caudales, uno a uno, la suma era correcta: 100 monedas. Para saber si era plata, o una tangada, aplicó el principio de Aristóteles y dió positivo, era plata de Ley. El invento reparador de cabreos se entregó en el interior de una cajita de cerezo, con una inscripción en oro que decía:

"Alea jacta est"

LLegó Anselmo corriendo, Arrás le espera a la sombra de la parra:

- Anselmo.- ¡Primo, mecagüenlaleche!, ¡ya me ha dicho mi parienta que la marquesa ha quedado como manceba chocha!, JAAAAJAAAAAAA, ¡ya lo decía yo!, ¡déjame qué te dé un beso!

- Arrás.- ¡Dámelo, joder, a qué esperas!

Y se lo dieron.

- Arrás.- Anselmo, querido, ha salido tan bien que me tiemblan las piernas. Mira, aquí tienes 55 monedas de plata, cuentalas si quieres, faltan las que nos tienen que dar esta noche el Sr. Marqués. Con semejante fortuna  tienes la vida solucionada si sabes administrarlo bien; pero antes quiero decirte unas cosas, anda sientate.

(el beso que se dieron fue en la mejilla, como yo se lo doy a mis primos, no en los morros, que ya veo que estais pensando raro).

- Arrás.- Teodora - que estaba en la distancia, haciendo que hacia algo - ven, siéntate con nosotros, ahora que los niños duermen un poco la siesta, sé partícipe de lo que voy a decir a mi primo, tendrás que ser tú quién a partir de ahora gobiernes, ¡qué yo de este no me fío! 

- Anselmo.- ¡Habrese visto el primo, ay Dios!

Sacó Arrás el plano del vibrador de su faltriquera. Lo desplegó en la mesa y Anselmo y Teodora quedaron mirándolo, extrañados, ¡¿qué era aquello, qué parecía una polla?! Se miraron asombrados, sus miradas delataban pensamientos de locura, ¿serían los planos de algún mecanismo extraño?

Arrás lo explicó de forma demasiado técnica; no entendieron nada, así que sacó una muestra, que desmontó en su presencia, y volviéndolo a montar se dieron cuenta de lo que aquello era, y para lo que valía, pero no terminaban de entender...

- Arrás.- Anselmo, con el dinero que ganes, que tendrás que irte de aquí, como ya te he dicho, montarás un taller en el que fabricarás El Instrumento del Placer. Con un poco de publicidad en la Corte, labia te sobra, aunque tendrás que pulir tus modales, te lloverán los pedidos y podrás ganar todavía más cuartos. Lo mismo vale para hombres que para  mujeres, el camino del gustito no está reñido con hacerlo por detrás o por delante. A estos nobles, que de todo están hartos, el poseer semejante trasto hará que paguen lo que sea necesario, ¿está todo claro?

- Teodora.- Claro no, cristalino. Ahora mismo hago un par de atillos y lo preparo todo para irnos sin demora. Cuando regreseis de cobrar lo que falta, saldremos hacia Sevilla, que allí seguro  medraremos bien,  ¡ya lo estoy viendo!; aunque pensandolo bien, mejor no hacernos  ilusiones.

- Anselmo.- ¡Vaya!, ¿entonces?, ¡me la corto!, porque si eso es lo que ha hecho perder el sentido a la Sra. Marquesa, entiendo que hará lo mismo con doncella, con gallina vieja, o con cualquiera, ¡primo, tú estas tonto y lo que quieres  es taer vicio!

- Arrás.- ¡No seas bobo!, tú fabrica y allá cada cual con sus cosas. Repito, tú fabrica, vende  y cuida de tu familia, ¡qué no te la mereces!, lo que hagan los demás, allá ellos, ¡arroyo seco no mueve molino!

(Teodora ya pensaba en emplearlo al mismo tiempo mientras fornicaba con su maridín; ya sabeis que quien mucho habla y presume... JAAAAAAA)

A las 23:30, sereno y sin viento, estaban Arrás, Anselmo y el noble esperpento departiendo sobre el gran  encuentro.  El Sr. Marqués pareciera otro, ¡joder!, ¡¡hay que ver lo que puede llegar a cambiar cuando uno se lava en profundidad!!

- Sr. Marques.- ¡Le felicito Arrás!, ¡Anselmo, a ti también!, mi mujer me ha dicho que esta noche claudicará, y por la sonrisa y lo contenta que estaba, me da que no habrá marcha atrás. De lo que le devo le pago ahora  la mitad, y el resto, en cuantito eche el polvorón, que no será necesario que el reloj dé la media, ¿lo entiende, verdad?

- Arrás.- Sr Marques - haciendo una reverencia - ¡es usted todo un caballero!, allá donde vaya, pondré su nombre y condición en pedestal bien visible, ¡qué temo no habré de encontrar tan buen cliente como usted!

- Sr. Marqués.- ¡Uy!, son ya las doce menos diez, ¡no devo hacer esperar!, les ruego se queden aquí, Anselmo y mi buen Arrás; si quisieran más vino y queso, toquen las palmas, que acudirán los criados raudos y  prestos.

El reloj dió las 12 en punto y entró el marques en el aposento. En cama noble esperaba la marquesa, a la luz de unas velas, con camisón de seda, con la melena suelta, sudando y muy contenta, señando con el dedo un agujero a la altura de las piernas, y  dijo al marqués:

- Sra. Marquesa.- ¡Haz lo que has venido a hacer!

Y el Sr. Marqués se desabrochó la braguera, y sacó a pesar el perro, ¡qué enseñar los cuerpos desnudos en la jodienda,  no es de buenos cristianos!, y mientras se relamía, llegaron las 12:05.

Calor y humedad notó el marqués al introducir su miembro, "¡pardiez, qué lubricada está!"

- Sra. Marquesa.- ¡Vamos, gañán, métemela ya!, OHHHHHHHH, ¡qué bueno!, ¡¿a qué esperas, no me hagas esperar?!

Las 12:06, y entre gemidos y gritos de placer, el marqués responde:

- Sr. Marqués.- Ya estoy en ello señora, ¿acaso no nota mi hombría? - y mientras el follador se esmeraba, la follada sólo pensaba en una cosa: en Arrás, en el bosque, y en lo que propició el encuentro.

Las 12:07, el marqués venga a culear y culear, y en el fragor del polvo, qué mas pareciera una batalla, no sabía si metía o sacaba, porque estando aquello dilatado y lubricado, y con pito tan enano, pues eso, que algo haría, porque la susodicha bien que gritaba, ¡vaya si gritaba!

- Sra. Marquesa.- ¡Mi vida, mi amor, eres el hombre al que yo quiero!, ¡dámelo todo!, ¡¡hasta dentró!!, ¡no la saques, déjala dentró!

- Sr. Marqués.- Señora, ¡tenga clemencia vuesa merced!, que no soy conejo, ¡qué soy hombre joder!

Las 12:08 y el marqués estaba que se iba, pensaba en la muerte para aguantar más...

- Sra. Marquesa.- Mi vida, ¡no puedo más!, AHHHHHHHHHHHHHHHH, OHHHHHHHHHHH, ¡ay Dios, ay Dios, ay Dios!, ¡qué cosa más ricaaaaaaaaaaaaaaaaaa! - y volvió a tener una "tormenta", que la recorría entera, partiendo de entre sus piernas, llegaba a dedos, a tetas, a nariz boca y orejas, y llovió en su interior, era un orgasmo, casi igual al que había ya tenido en el campo.

El marqués la penetraba, pero no la hacía el amor, era Arrás quien la poseía, y en su pensamiento, ella, estaba dispuesta a darlo todo. Y lo dió. El orgasmo que ya estaba, continuó más fuerte y sin descaso, ¡era multiorgásmica!

Cuando casi eran las 12:09, hasta las palomas del campanario se asustaron.

- Sra. Marquesa.- ¡¡Me voy, me voy, me voooooooyyyyyyyyyyyy!!, AHHHHHHHHHHHHHHHHH, ¡qué sensación tan placenteraaaaaaaaaa!, cariño, ¡¡inúndame!!

Los huevos del marqués se quedaron bien vacíos porque nada pudo hacer, echó el "lechazo" bien profundo, y la llenó, pues los tenía llenos desde hacía dos semanas, si de aquella mojada no se empreñaba, ¡más le valía cortársela y tirársela a los perros!

4 minutos bastaron, 4 minutos que hicieron olvidar 4 años, esos que los esposos llevaban en secano. Por fin el deseo del hombre se vió cumplido, aunque fuera con ayuda, ¡censurable deseo el de poseer a su esposa como si fuera una vaca!. La mujer, en cambio, supo lo que es placer, pero algo falló, aquel que le abrió los ojos al mundo estaría ya partiendo; a modo de recuerdo, con aquel trozo de madera, soñaría con el hombre que una vez pasó  por su vida,  y que nube tan fugaz no quedaría en nada, porque 9 meses después habría de venir un pequeño vástago.

Salió el marqués azorado, todo rojo, sin resuello, ¡más contento que un ocho!

- Sr. Marqués.- Arrás, tenga usted lo que falta y 100 más, ¡qué no he gastado dinero mejor empleado!, ¡¡si hubiera cátedra en Salamanca de Preparadores, usted sería el mejor catedrático!!

- Arrás.- Sr. Marqués, aquí me despido, ¡a sus piés!, mi primo se viene conmigo, le he cogido como escudero fiel.

- Sr. Marqués.- ¡Haga lo que le dé la real gana! - no pensaba, no estaba para ello.

¡Eran ricos! 

Teodora espera el regreso, todo estaba preparado. Arrás les dijo que se iba a Portugal, a crear una escuela para niños con aquel dinero, que ya les enviaría misiva, y quien sabe, tal vez, algún día se dejara caer por Sevilla. Partió al galope a lomos de  caballo, se perdió en el horizonte de la noche oscura. A Portugal se dirigió, y pensaba gastar los dineros de forma altruista, pero eso no eran sus verdaderos sentimientos.

Arrás y familia partieron a Sevilla. Allí prosperarían y fundarían la Real Fábrica de Vergas de Madera, con patrocíneo del Borbón reinante, y sólo conocida por unos pocos privilegidos, ya que  se decidió no darla publicidad. La historia de fábrica tan curiosa merece enciclopedia exclusiva, sólo, a modo de anécdota, sepan los presentes que la fábrica contaba con personas encargadas de hacer pruebas a los nuevos modelos.

En el próximo capítulo termina este engendro... que ya va siendo hora, ¿no?

¡Besos y gracias por la paciencia!

Miguel Ángel de Móstoles








martes, 14 de junio de 2011

El Preparador - Parte V

Parte I - Día 8 de junio.
Parte II - Día 9 de junio.
Parte III - Día 10 de junio.
Parte IV - Día 13 de junio.

Cerca de Almendrugal existía un bosque frondoso, atravesado por un arroyo caudaloso. Era el sítio en el que acostumbraba a perderse la Sra. Marquesa con su caballo árabe. Tenía sobornados a los vigilantes de su marido, los cuales la dejaban en paz en sus pensamientos, en sus desvanes, en sus "locuras", en sus cosas. Si eligió la muy noble marquesa aquel bosque para hablar con Arrás, fue para abrir su corazón, no para abrirse de piernas.

- Sra. Marquesa.- Dígame Arrás, parece usted persona ilustrada, y también me parece que de dineros anda escasa, ¡no le pega este trabajo!, dígame, ¿dónde ha estudiado y  de dónde viene?

- Arrás.- Vengo de familia humilde pero hidalga. Dios me dió en el seno de mi madre las ganas de saber, de aprender, y de no juzgar nunca a los hombres por las apariencias. Estudié varios años en el seminario de Toledo, de ahí viene parte de mi cultura. No quise dedicarme a trabajar en el clero, pues no me veo de cura, ni de misionero, ni confesor, si yo soy pecador, ¿por qué acaso tendría yo la potestad de perdonar en nombre de Dios a quienes hayan pecado? Cuando me despedí del seminario empezé a servir como secretario personal, ¡nada menos que del Sr. Conde de Trovalso! Fueron 3 años maravillosos. Aumenté mi sapiencia y disminuyó mi soberbia. También aprendí que en la vida hay hombres y mujeres, que ambos son seres de Dios, y que en nada se distinguen.

- Sra. Marquesa.- ¿Acaso ha visto usted un hombre con el periodo?, JAAAAAAAA, ¡Qué cosas tiene mi buen Arrás!

- Arrás.- Tiene una sonrisa franca, en verdad la digo, y con toda  franqueza, ¡ríase  Sra. Marquesa!

- Sra. Marquesa.- Escucharle me relaja. Si después de esto busca trabajo, yo se lo daría encantada.

- Arrás.- ¿De qué Señora Marquesa?

- Sra. Marquesa.- De persona de confianza. Con usted podría aprender todo aquello que no sé, porque, querido Arrás, saber sé más bien poco, aunque más que mi marido, que él sólo sabe meter en adobo y ganar dinero, y si lo gana es porque quien se lo administra es decente y se conforma con poco. Como verá, mi esposo es una joyita, ¡por algo digo que prefiero siempre a mi caballo!

- Arrás.- Veo que su propuesta es sincera, pero no le veo futuro. No terminaría bien.

- Sra. Marquesa.- ¡Ya! - con cara de fastidio, cambia de tema - dígame, pre-pa-ra-dor, ¿a usted le gusta el conejo pelado, o con muchos pelos a los lados?

- Arrás.- ¿Señora?

- Sra. Marquesa.- No te hagas el tonto, que tengo ya muy calado. Por si no lo sabes, la mujer de Anselmo es mi ama de llaves y  te ha espiado. Esta mañana, mientras te lavabas, ¡por orden mía te ha estado vigilando!, y me ha contado... ¡qué tienes 3 patas!

- Arrás.- Espiar no es buena cosa señora, pero si ver lo que vió la produjo alegría, ¡bienvenida sea!

- Sra. Marquesa.- ¡Dejémonos de tonterías!, ¡enseñáme ya el "material"!, ¿no pongas esa cara?, ¡ah, ya veo!, bueno, cubramos esos remilgos profesionales con dinero, ¿cuanto?

- Arrás.- Cero.

- Sra. Marquesa.- Una palabra mía y mi marido te corta el pescuezo.

- Arrás.- ¡Y detrás a usted por puta!

La clienta golpea al aire con su fusta, buscando la cara y hacer mucho daño; calculó mal y Arrás tuvo reflejos, agarrándola por la mano, ella suelta el arreo, él la mira sonriendo, ella tiene la vena hinchada, su palidez cambió al rojo por cabreo, se masca un desenlace trágico.

- Arrás.- Señora, me gusta el conejo pelado, pero si hay que comer, tampoco me disgusta uno peludo. Relájese y démeje hacer, que a partir de ahora, olvidará sus problemas con esto que le voy a enseñar, observe con atención Sra. Marquesa.

Y Arrás, entre sus calzones, sacó lo siguiente:

Para verlo mejor, guardar la imagen y luego imprimirla.


Siiiii, es un vibrador al uso, JAAAAAA, ¿qué esperábais? Lo que acabais de ver es el mayor descubrimiento del mundo, el vibrador en Europa fue invento español, y, ¿¡qué menos que venir del pensamiento lúcido de un Preparador!?


Os explico un poquito la mecánica del mismo:

El vibrador está construido de madera bien pulida y barnizada. En el interior hay un hueco, en el cual se desliza un peso por una guía. A ambos lados del peso hay muelles, que evita que  el peso coche de forma violenta con  ambos extremos de madera. La guía es sinuosa, para que el peso en su recorrido vaya haciendo movimiento de vaivén. El ángulo del hueco es importante. Está hacia arriba para descomponer la fuerza del peso en componente vertical y componente horizontal. La componente horizontal es aquella que hace que el peso vaya de arriba hacia abajo y viceversa; la componente vertical lo que produce es un movimiento de arrastre hacia arriba de todo el vibrador, para que golpee en el clítoris y lo excite más. En su bajada, el vibrador presiona la base la vajina, pues la componente vertical cambia de sentido.

El mecanismo es muy sencillo. Estando excitada la usuaria, bate el vibrador de forma violenta y se lo introduce por la vagina. La vibración hace que el peso se desplace por su guía, arriba, abajo, y viceversa. La componente vertical original lo antes descrito. En su trayectoria por la guía, como es sinusoidal, hace que el vibrador vibre también lateralmente, produciendo mayor goce. Con una fuerte batida, el peso golpea varias veces en los extremos, transformándolo en embestidas, como si fuera un amante con ganas. 

Una vez introducido en la vagina, el movimiento de dentro hacia afuera crea todo lo antes descrito. En menos de un minuto, estando bien excitada, el orgasmo es menesteroso para dejar a la fémina abatida y sin ganas por un buen rato.

Arrás.- Señora, he aquí su salvación, con esto se correrá viva las veces que quiera. Déjeme ver su conejo, que yo le explicaré personalmente lo que habrá de hacer con semejante invento.

La señora marquesa estaba alucinada. Como si una droga hubiera tomado, no se dió cuenta que Arrás le había levantado todos los refajos, dejando a la vista un monte de venus bien rasurado, y una rajita sin pelos a los lados. Arrás lo empezó a acariciar con su lengua viperina; arriba, abajo, y unos toques con la puntita en el botón del goce, la marquesa se dejó llevar, no quiso poner reparos a la lección magistral.

Arrás hizo que se tumbara en la hierba, con las patas bien abiertas, y con su lengua mágica empezó a hacerle un cuníngulis. Los suspiros primero, los jadeos después, los "¡ay madre qué bueno!", y los gritos por doquier, hicieron que se espantaran las bestias del bosque por aquel estruendo, que no era más que la antesala, porque Arrás batió bien fuerte el invento, y cuando menos lo esperaba, lo introdujo todo adentro, menenando con maestría, a la vez que aquello lamía, y provocando una corrida, que la señora marquesa no supo ni por dónde le venía, ¡tan grande fue el orgasmo, que pensó que se había meado encima!

- Sra. Marquesa.- ¡Ay cabronazo, cuanto quieres por ese invento del gozo eterno!, por cierto, romperás el pantalón si no sacas a pasear la tercera pata.

- Arrás.- Señora, yo soy un profesional, aquí no es momento de sacarla. Por mi invento le pido 100 monedas de plata, y, ¡eso sí!, que esta noche deje que el marques la posea a placer.

- Sra. Marquesa.- Te los doy, ¡vaya si te los doy!, y dile al cerdo de mi marido, que esta noche, cuando el reloj dé las 12, que venga a mi despacho, que allí le estaré esperando, ¡pero que venga bañado y perfumado!, ¡ay!, estaré toda la tarde dale que te pego con esto, ¡madre del amor hermoso!, ¡¡lo que me estaba perdiendo!!

Y con las piernas temblando, se montó la Sra. a lomos de su caballo, y ambos regresaron al pueblo. Arrás a hablar con Anselmo,  y su clienta a seguir probando el invento.

La continuación, en breve, que el cuento va terminando.

¡Feliz día a todos!

Miguel Ángel de Móstoles






lunes, 13 de junio de 2011

El Preparador - Parte IV

Parte I - Día 8 de junio.
Parte II - Día 9 de junio.
Parte III - Día 10 de junio.

El cielo estaba enmarañado y anunciaba tormenta a la tarde. Todavía quedaba para que el sol saliera por el este; en los albores del día, Arrás ya llevaba tiempo levantado.

Como en aquellos tiempos, el aseo y el agua eran cosas del demonio, Arrás acudió pronto al arroyo, aprovechando una charca como bañera improvisada. Con jabón se lavó el pelo y el cuerpo con esmero. La brisa de la mañana dejó secar su figura fibrosa y su media melena. Una vez seco, se pasó por sus axilas y demás recovecos unas hierbas, cuya función eran camuflar el olor corporal y disminuir la sudoración. Si su primo sólo tenía una muda, toda grasienta y mugrienta, Arrás tenía muchas, demasiadas para la época. No eran prendas de nobles ni ricos potentados, pero suficiente para poder pasar como alguien versado. Con la ropa límpia, las botas brillantes, la hebilla lustrosa, la barba arreglada, oliendo a perfume, y sombrero que cubre su cabeza de medio lado, regresó al hogar de su primo hermano. Allí ya estaban preparados, hacía tiempo que se habían levantado, leche de cabra y pan, con moscas que acompañaban, era el desayuno reparador para el día que empezaba. ¿Acabaría la tarde en tormenta?, veremos que pasa.

Una vez desayunado, andando hacia la casa del Señor Marqués, Anselmo está preocupado.

- Anselmo.- ¡Primo, por tu madre, estoy cagado!

- Arrás.- ¡Vaya!, ahora el "valiente" tiene miedo. No te preocupes, saldrá bien, tengo varias alternativas, ¡hombre previsor vale por dos! - y su sonrisa pareció maliciosa.

- Anselmo.- ¡Más nos vale, o la horca nos llevará al infierno!

En el palacio del Sr. Marqués estaban esperando a los invitados. El Marqués había dado orden de pasarlos a una salita de palacio, diseñada y utilizada para hacer esperar al recaudador de impuestos del reino, a cobradores varios, y a todos aquellos que el señorito quisiera examinar antes del encuentro.

Entraron los dos al despacho. Se miraron y se quitaron el sombrero. No hablaron entre ellos, pues Arrás explicó a su primo que ni una palabra dentro de palacio, ya que  imaginaba que estarían en todo momento vigilados, como así era. El Sr. Marqués les estuvo espiando, no sacó nada en claro. Al final ordenó que les pasaran a otra sala más hermosa, de más caché, en dónde él estaría esperándoles.

Entraron los dos a la estancia, y el marqués miraba por una ventana. Anselmo se arrodilló sobre su pierna derecha, como era costumbre,  Arrás sólo se quitó el sombrero. El Sr. Marqués contó hasta 10 y se dió la vuelta brúscamente, mirándolos, esperaba una respuesta.

- Anselmo.- ¡Señor Marqués, mi señor!, ¡aquí le traigo a mi primo Arrás, Preparador profesional!

- Arrás.- Quitándose el sombrero con donaire, e inclinándose a lo cortesano - Mi Señor Marqués, un placer.

- Marqués.- ¿¡Qué clase de nombre es Arrás, no suena a cristiano!? No te veo muy noble, ni cortesano, no eres más que un piojoso vestido disimulado, ¿no serás descendiente de moros?

- Anselmo.- ¿Señor Marques, como dice..?

Arrás, aguantándole la mirada al marqués, levantó la mano a la altura de la boca del cagón de su primo, a modo de orden de silencio.

- Arrás.- Señor Marqués: Arrás era el nombre de mi padre, y el nombre de mi abuelo, y me viene de decenios, tantos que no recuerdo; pero sí recuerdo que uno de  mis ancestros luchó en Lepanto, así que, por favor, le pido un respeto.

- Sr. Marqués.- Bueno, demos la presentación por terminada. Le habrá contando ya Anselmo que la Señora Marquesa necesita, ummm, como decirlo, ¿un empujoncito? Mi jefe de cuadras, su primo, me ha recomendado sus servicios, espero que sean productivos, porque como me sienta estafado, te convertirás en una comadreja que no deja de correr para salir del reino; dicho todo esto, discutamos de dinero.

- Arrás.- Mis honorarios están claros, cristalinos. Cobraré cuartos en mano, nada de tierras, ni casas, ni bestias, ni papeles de notarios. Comprenderá que tan difícil tarea no sea económica. Mi minuta es por horas: tantas horas, tantos monedas de plata. Cada hora son 2 monedas, lo toma o lo deja.

- Sr. Marqués.- ¿Cuantas jornadas, de cuantas horas, cual es el máximo previsto?

- Arrás.- Dos días, de 12 horas por jornada; total: 24 horas. No es el máximo ni el mínimo, es el necesario. Vaya calculando. Si ahora empezamos, serán 48 monedas de plata. Ni más ni menos. Eso sí, ¿está su señora, la  Señora Marquesa, informada?

- Sr. Marqués.- Sí, lo está, nos espera en la sala; antes de presentársela, ¿le vale mi mano como trato, o es necesario escribano?

Anselmo estuvo en todo momento en el suelo, pues es obligación rendir pleitesía al Sr. Marqués, aguantando sus nervios. Al principo no le cabía la blusa en el cuerpo, luego se fue tranquilazando, para terminar casi relajado, ¡pardiez con su primo!, ¡¡si pareciera Notario!!, ¡lo que hace estudiar en convento desde bien pequeño! 

- Arrás.- Escribano Sr. Marqués, hagamos las cosas bien.

Vino el escribano y dejó constancia escrita del acuerdo ya pactado. La firmas del marqués, la firma de Arrás, y el sello pertinente. Cuando se marchó, el Sr. Marqués hizo traer una jarra de barro con buen vino fresco, del cual dos bebieron y uno miró, terminada la reunión, a Anselmo le echaron con viento fresco y a Arrás acompañó a su cliente, a reunirse con la doncella displicente.

Hizo las presentaciones el Sr. Marqués y se despidió  de ambos, ya que tenía asuntos que atender, algunos sin más demora (entre ellos ir a visitar a Anselmo, para irse al río, y hablar un poco más de aquel muchacho que era su primo, el cual le había dejado algo turbado).

La Señora Marquesa estaba radiante. De piel muy blanca, ojos verdes, melena larga y rubia, no hacía falta peluca, ni brillantes, ni esmeraldas que resalzaran, en aquel mundo mungriento, una señora así destacaba, ¡una Diosea parecióle a Arrás!

Arrás se arrodilló ante la Señora Marquesa, la cogía la mano e hizo ademán de besarla, era el saludo habitual. De rodillas, la miró a la cara, no a los ojos, no quería ser intimadatorio, con el sombrero en la mano dijo:

- Arrás.- Señora Marquesa, ¡es un placer conocerla! Su marido me ha contratado, ya lo sabe, pero créame, que de saberlo, lo hubiera hecho regalado.

La Señora Marquesa sonreía, soltó aire.

- Señora Marquesa.- ¿Así que tú vas a ser quien me ponga a tonto para que el subnormal de mi marido me monte?, ¿y cuanto te paga por eso?

- Arrás.- ¡Señora, por el amor de Dios!, ¿como tan noble mujer dice palabras tan bellacas?

- Señora.- ¿Como hombre tan cursi  pretende convencerme?, ¡me da usted asco! - y le escupió en la cara.

- Arrás.- Si no quiere, yo no obligo a nadie, aquí termina el contrato ahora mismo, ¿llamó a su marido, el Señor Marqués?

- Señora Marquesa.- ¡No, no lo llame!, ¡me aburro en esta meseta de bastos! Mis doncellas sólo valen para engañarme; mi marido para pagarme lo que le pida, mis amantes, que no tengo porque aquí no valen, están en mi pensamiento. El único que vale es mi caballo. Sepa usted, que me casé con ese engendro por orden de mis progenitores, un apaño entre familias, y si quiere que le dé un varón, ya se lo daré, ¡pero cuando a mi me dé la real gana!, no cuando quiera el marqués, ¡qué yo no estoy para eso, YO SOY MÁS QUE ESO!

- Arrás.- La entiendo, de verdad. Tal vez, en un futuro, cambie todo esto.

- Señora Marquesa.- ¡Silencio! - cortó de seco el comienzo - hablemos primero un poco, luego montaremos a caballo - el tono cambio a más sosegado - le digo Arrás, que yo la palabrería me la pasó por el refajo.

- Arrás.- Lo que ordene Señora Marquesa.

¿Será capaz Arrás de llevar a término su trabajo, estando la Señora Marquesa enrocada, y con pocas ganas de engaño?, ¿lloverá al final de la tarde?, ¿habrá tormenta?, eso lo sabremos en el siguiente capítulo, o en el otro, o ya se verá, pero tendrá que ser a mediados de semana.

¡¡Feliz lunes para todos!

Miguel Ángel de Móstoles





viernes, 10 de junio de 2011

El Preparador - Parte III

Parte I - Publicado el miércoles, 08/06/2011 (San Maximino y San Salustiano)
Parte II - Publicado el jueves, 09/06/2011 (Día de las C.C.A.A. de la Rioja y Murcia)

- Arrás.- ¡Vive Dios qué no sé cómo me he dejado engañar por ti!

- Anselmo.- Eres un cagabrevas, ¿te lo habían dicho alguna vez?, vamos a ver: ¿acaso tú no has estado varios años en el seminario de Toledo?, ¿acaso no eres un mancebo bello?, ¡si sólo te faltan dos dientes!, ¡fíjate en mi, me faltan la mitad!, ¿acaso no sabes poemas, de esos que cantan al corazón que hacen perder la sinrazón?, ¿eh?, la Señora Marquesa suspirará nada más verte, ¡caballerete!

- Arrás.- Terminaremos en el patíbulo, no puede salir bien, no puede...¡ay Dios mío!

- Anselmo.- Además, que si tus finuras no son suficientes, siempre puedes aplicar el plan B.

- Arrás.- ¿Salir corriendo hacia Portugal?

Anselmo estaba desquiciado con la poca moral de su primo. En su mente el plan no podía fallar. Arrás era pobre como una rata, pero podía pasar como el más culto de toda la comarca. Las mancebas se citaban con él a la luz de la luna, en pajares, praderas y dehesas, para escuchar de su voz historias, en verso y en prosa, de amor, de guerra, de aventuras y sorpresas; él, sin duda, conquistaría a cualquiera que quisiera, entonces, ¿¡a qué esa cagalera!?

- Anselmo.- Escucha mentecato, te lo voy a volver a explicar una vez más. Te presentaré al Sr. Marqués, y sólo de escucharte, de verte como vistes, ¡tan moderno! (para la época, se entiende), de comprobar que eres hombre versado en números, letras, astrología, teología, poesía, y demás ías, no lo dudará ni un segundo. Mi señor, el marqués, es tan bruto y cerdo como los cochinos que tiene en la dehesa. Vistirá como lo que es, un noble de España, ¡nada menos!, pero escucha primo, y escuchame bien,  si lo sacudes caen bellotas. Te doy la razón que dudará al principio, incluso te vigilará, pero tú no tienes que hacer nada especial, simplemente comportarte como tú eres, y poco más, en cuantito te vea la Sra. Marquesa pensará que ha llegado un ángel a visitarla, ¡no ves que el Sr. Marqués no la lleva a Toledo, ni a la corte!, ¡¡no la saca de palacio ni alrededores!!

- Arrás.- ¿Y si falla?

- Anselmo.- Pues si falla te bajas los calzones y enseñas el material, ¡qué todo hay que decírtelo! Con ese salchizón que calzas la dejarás extasiada.

- Arrás.- ¿Ein?, ¿¡oye!?

- Anselmo.- Que sí, que sí, que lo sabemos toda la familia, que estás superdotado; además, que te he visto mear y parece que te hubieran hecho un injerto de caballo.

- Arrás.- ¿¡Y quién te dice a ti, que la mujer del marqués caiga rendida a mis piés por calzar un 23!? El placer de las mujeres no se consigue con volumen, ni con masa, se consigue con palabras. Es la dulzura, los susurros, disfrutar de su inteligencia, lo que las hace felices y nos acerca a ellas, ¡no un meneo a lo bestia, como su fuera un esclavo negro!, ¡¡qué te entre en la cabeza que ellas  no son menos!!, y encima la marquesa, ¡Dios mío! - mientras se tocaba la cabeza con las dos manos, como si el mundo le fuera a caer encima y estuviera sin casco.

Anselmo pusó el culo en pompa, se arqueo sobre su coxis, y lanzó cuescazo al viento que asustó a pajarillos que por allí volaban. 

- Anselmo.- ¡Primo, coge eso!, JAAAAAAAAA, - mientras se sacaba un moco al mismo tiempo - harás de ella lo que quieras, y con las perras que nos den pasaremos de ser pobres de solemnidad a gentes con cuartos, ¡para gastar primo, para gastar!, ¡mira, allí se ve Almendrugal!, estamos a 3 leguas, ¡tengo unas ganas de ver a mi cordera!; por cierto,  me cago un poco, voy a echar una plasta tras aquella encina, tú no te vayas, espera que vuelvo enseguida.

"Como un cordero al matadero" pensó el pobre Arrás.

Cayó la noche y entraron en el pueblo. El perró ladró y Teodora se atusó su pelo bermejo, llegaba su marido con refuerzos. Los niños salieron a recibirlos y Anselmo se los comió a besos, mientras reía  y reía, y Arrás miraba al cielo, implorando que fuera sólo un mal sueño.

Tan noble invitado mereció buena cena: 4 huevos fritos con pan de centeno, y vino tinto que tiñe el pellejo. A la luz de una vela, Arrás a viva voz narraba una historia a los niños, algo de un caballero loco que viajaba con escudero, en un capítulo que ataca a gigantes, que luego eran molinos, ¡estaba loco el caballero!; los niños imaginaban y los padres se besaban.

La Luna estaba llena y sonreía, como Anselmo y Teodora. Arrás no sonreía, la pena y el miedo eran su compañía.

- Anselmo.- ¡Buenas noches Arrás!, no vayas a desgastar la herramienta que te cuelga, ¡mira!, que si no mañana podríamos tener un disgusto, tú, guarda leche, por si acaso.

- Teodora.- ¡Duérmete ya!, que la noche pasa rápido y mañána hay que madrugar, ¡deja al muchacho ya!, ¡no lo atolondres más!, ¡hasta mañana Arrás!

- Anselmo.- ¡Cordera, qué aquí te pillo y aquí te trabo!

- Arrás.- ¡Silencio todos, a dormir! Recemos un Padrenuestro y oremos,  y que Dios nos perdone por nuestros pecados, los cometidos y los que vamos a cometer.

Un espantoso olor  se mezclaba con el olor a humanidad, provenía de la cuadra. Antes del alba, Arrás debería ir al arroyo y lavarse bien, perfumarse un poco con lavanda, y asearse la barba y le pelo, para estar presentable ante el marqués y comenzar la mentira. Si aquello salía bien y no terminaban de reo, prometió que se gastaría todo en una escuela para los más menesterosos.

Os podeis imaginar queridos lectores, que Arrás no pegó ojo en toda la noche. Anselmo y Teodora estuvieron un ratito en sus cosas, pero una vez terminado el mantecado, Morfeo les cogió en sus brazos.

¿Qué sucederá cuando se presenten antes el Señor Marqués?

Próximo capítulo el lunes 13.

¡Feliz fin de semana para todos!

Miguel Ángel de Móstoles







jueves, 9 de junio de 2011

El Preparador - Parte II

La parte I en el post anterior.

LLegó a Almendrugal el señor marqués a lomos de su caballo negro. Con aires  de suficiencia, preguntó a Teodora  por su marido (que era su mano derecha).

- Marqués.- Teodora, ¿dónde coño está tu marido?

- Teodora.- Sr. marqués, ¡cuanto honor!, está el establo, tardará un poco....

- Marqués.- ¡¡Anselmoooooo!!, ¡deja lo que estés haciendo y ven aquí inmediatamente! - a la vez que gritaba miraba hacia el establo, esperando la salida del demandado para abroncarle por no salir a recibirle.

Salió Anselmo levantándose los pantalones, raudo y presto se inclinó ante su "dueño"

- Anselmo.- ¡Cuando honor Sr. marqués!

- Marqués.- ¿Qué andabas haciendo?

- Anselmo.- Cagando Sr. marqués, echando una buena plasta para saciar el picoteo de las gallinas.

- Marqués.- ¡Serás cerdo! - mientras le daba un puntapié desde su caballo en las costillas - ¡no se dice cagar, se dice hacer aguas mayores!

- Anselmo.- Disculpe mi ignorancia Sr. marqués, soy un pobre bruto, que lo único bueno que le ha dado Dios es servirle a usted. Dígame, ¿qué hay de bueno para que haya venido al pueblo?

- Marqués.- Tengo que hablar contigo. Vámonos al arroyo y allí te cuento, es importante. ¡No sé como podeis vivir así, entre moscas y entre mierda!, ¡¡no valeis para nada!!, ¡no mereceis ni el aire que respirais!

A un kilómetro de Almendrugal pasaba un arroyo, el cual surtía de agua al pueblo. En su discurrir, en un meandro, hacía una pequeña playa, que rodeada de pinos la hacía acogedora y discreta. El marqués había bajado de su caballo, ayudado por Anselmo, y sentados a la sombra, cambió los aires chulescos por otro más humano; empezó a hablarle como a un hermano.

- Marqués.-  Anselmo, tengo problemas. Acudo a ti porque te tengo ley, y porque sé que me ayudarás de forma desinteresada.

- Anselmo.- ¡Lo qué usted mande Sr. Marqués!

- Marqués.- Verás, no consigo follar con la señora marquesa. Al principio hicimos algo, pero ahora no hay manera. Se me ha vuelto remilga Anselmo, dice que huelo mal, ¿te huelo yo mal Anselmo?, ¿dime?

- Anselmo.- ¡Huele usted a pradera recien mojada!, si me lo permite Sr. marqués.

- Marqués.- Pues eso, que no hay manera. Pasa el tiempo y no se empreña, y claro, ya tiene una edad, ¡con 26 años pronto no podrá ni con la peluca! Si no la empreño pronto, y encima si no es  varón, estoy jodido Anselmo, se perderá mi estirpe por lo siglos de los siglos.

- Anselmo.- Sr. marqués, ¿qué podría yo hacer?

- Marqués.- Encima, no me explico como lo haceis. Todas las tardes, al caer el alba, me doy un paseo por el pueblo, ¡os dedicais a follar pecadores!, ¡¡sobre todo tú y tu manceba!!, ¡os oigo!, ¡¡no me explico como sólo habeis tenido dos varones y una hembra, estándo todo el día dale que te dale!!, porque trabajar no trabajais, pero para el placer, ¡joder, estais siempre dispuestos!

- Anselmo.- Bueno, no sé, nos entra las ganas, y ya sabe usted, somos animales de bellota, no pensamos, somos tontos, y como tontos que somos, nos da por hacer tonterías. No tenemos más hijos porque nuestro Señor Dios no lo ha querido, pensará que no merece la pena llenar la tierra de escoria como nosotros.

En realidad, Anselmo sabía que haciendo "la marcha atrás" había más posibilidades de no quedarse su mujer en cinta. No eran tontos, ¡se hacían los tontos! Las condiciones de miseria en las que vivían, el trato humillante que recibían, la nula ayuda del clero, les espabilaba a la fuerza. Simplemente querían tener un plato de comida al día con el que vivir, un techo en el que dormir, y, si venían ganas, pues eso, ¡a disfrutar, joder, que no todo iba a ser pecado! Las moscas, la pobreza, la misera, no era por decreto divino, era porque estaban sometidos a un señor feudal.

- Marqués.- He pensado contratar los servicios de un Preparador. ¿Sabes lo que es un Preparador Anselmo?

- Anselmo.- Sí, es un persona que se encarga de "preparar" a las doncellas para que lleguen dispuestas al acto.

El marqués estaba perplejo, ¡no daba crédito!

- Marqués.- ¡Anselmo, me has dejado sin palabras!, ¿tú como sabes eso?

- Anselmo.- Verá Sr. marqués, si me permite vuestra excelencia, tengo un primo que se dedica a esos nobles menesteres. Se llama Arrás  y vive a 2 días de aquí.

- Marqués.- ¿Arrás?, ¡ese nombre no es cristiano! Quisiera conocerle, a lo mejor le contrato. Sal esta noche sin falta a su encuentro, y me lo traes a palacio. Ya veremos si hacemos algo.

Arrás era primo hermano por parte de madre de Anselmo. Había estudiado en seminario, y aunque pobre era apuesto, dulce, y ducho en versos. Pensó Anselmo en él nada más escuchar al pesado de su jefe, como una iluminación mariana, se le alumbró el cerebro. Entre Arrás y él sacarían unos buenos cuartos al marqués; total, para preparar a la señorar marquesa, con echar un buen chorro de pacharán al chocolate de la merienda era más que suficiente. Era menester engañar al marqués, conquistar a la marquesa, y cobrar buenas perras. Andándose con ojo, saldría todo bien.

Salió por la noche Anselmo, después de echar de comer a las bestias, cenar, mandar al pajar a dormir a la prole, y echar el casquete de turno, ¡qué estaría nada menos que 4 días sin pecar! (dos para ir, y otros dos para volver).

El 2 de agosto del año de gracia 1790, llegó Anselmo a La Torrada, pueblo donde habitaba Arrás con su hermana. Un ligero almuerzo, dos horas de ayuda cargando paja con su tío, y ambos dos se reunieron bajo una higera a prepararlo todo.

Mañana, más (lo intentaré).

¡Muchas gracias a todos!

Miguel Ángel de Móstoles