El trayecto desde el pueblo hasta la fábrica de cemento era de 5 Km. Sinesio trabaja de peón especializado. 3 pts. al día de jornal, monetizaba su vida. A base ahorrar, había conseguido comprar una bicicleta de segundas manos, un lujo en aquella época.
Aquel sábado de mayo, Sinesio tenía que entrar en la cementera a las 7:30. Arrancaba uno de los hornos, y los peones tenían 10 horas por delante echando carbón a paladas. Desayunó un trozo de pan con un vaso de leche, en compañía de su mujer, que se había levantado para preparle el hatillo. Sus dos hijos dormían plácidamente en un camastro.
La carretera de la cementera atravesaba un bosque frondoso, la parte más asustadiza del camino, lugar de fábulas tenebrosas, que se contaban a los niños en noches cerradas de invierno. Un poco antes de llegar a la zona boscosa, un muchacho andaba por la carretera. Sus ropas tenían remiendo sobre remiendo, llevaba una bolsa en bandolera y caminaba a buen paso. Se detuvo a su lado.
- Sinesio.- ¿A dónde vas muchacho?
- Muchacho.- A la cementera.
- Sinesio.- ¿Por qué vas descalzo?
- Muchacho.- Porque mis padres son muy pobres, señor; somos tres hermanos, yo soy el mayor, y hoy comienzo a trabajar en la cementera.
- Sinesio.- No te conozco, no eres del pueblo.
- Muchacho.- Soy de Valdecasas (un pueblo a unos 15 Km. de Sinesio).
- Sinesio.- ¿Vienes andando desde allí?
- Muchacho.- Sí señor.
Sinesio sintió algo en su interior, tristeza, pena, dolor, "¡pobre muchacho!", pensó.
- Sinesio.- Anda, súbete a la parte de atrás de la bicicleta (la parte que está provista para colocar un cajón, que también sirve de segundo sillín). Con la caminata que llevas, estarás cansado antes de trabajar, y te echarán.
- Muchacho.- ¡Gracias señor!
Con el muchacho de paquete, Sinesio tenía que esforzarse más de lo habitual para poder avanzar. Gracias a que el bosque hacía de paraviento y que el terreno era llano, pedaleaba con esfuerzo pero sin perder el resuello. Poco antes de finalizar el bosque, un hombre andrajoso caminaba por la carretera, también en dirección a la cementera. Muchacho y ciclista giraron la cabeza, lo rebasaron.
- Sinesio.- ¿Has visto eso chaval? (mientras pedaleaba)
- Muchacho.- Debe ser muy pobre. Llevaba un triste trapo a modo de vestimenta. No sé si se habrá fijado, pero parecía que llevara días sin asearse, es más, incluso semanas, su olor pestilente me ha molestado.
- Sinesio.- Esta carretera finaliza en la cementera, después no hay nada más, camina hacia allí.
Sinesio se dió la vuelta y fue al encuentro. El hombre se había sentado.
- Sinesio.- Oiga, ¿va usted a la cementera?, ¿de dónde viene?
- Mendigo.- Sí, voy a la cementera, me llamo Miseria.
- Sinesio.- Queda apenas 1 Km. para llegar, súbase a la barra y le llevo.
- Muchacho.- Mejor que se suba atrás, yo puedo andar, iré caminando al lado.
- Sinesio.- Tus padres estarán orgullosos de ti. Tenga (dirigiéndose al hombre andrajoso), un trozo de pan, suba a la parte de atrás y vaya comiéndoselo, tiene usted pinta de no haber comido en días.
El mendigo se sentó en el transportín, y empezó a morder sin ganas aquel chusco de pan negro.
El final del viaje terminó con sorpresa. La fábrica era devorada por llamas, que la calcinaban a velocidades increibles. Sinesio miraba atónito, el muchacho miraba al suelo, ¡justo el día que empezaba a trabajar se quema la fábrica!, y el mendigo comía el chusco de pan regalado, nada más. La impotencia atrapó a Sinesio y las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas....
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"Vamos Sinesio", levántate, llegarás tarde al trabajo y se enfadarán tus jefes, ¡es sábado y mañana no se trabaja!, ¡venga!", gritaba Hortensia.
"¡Joder Hortensia!, estaba soñando, ufff, un sueño horroroso, se quemaba la cementera, y había un chaval y un mendigo, no sé, todo muy raro", hablaba Sinesio, al mismo tiempo que se desperezaba.
"Cuando regreses, tengo que darte una buena noticia, no insistas en saberla ahora, no te la voy a decir hasta esta noche"; y acto seguido se fue a la cocina, a preparar el almuerzo, mientras Sinesio se lavaba la cara en una palangana.
Sinesio se encontró la cementera en llamas, había habido una explosión. Ayudó acarreando agua, junto con otros obreros (los vivos, porque había heridos y muchos habían fallecido) para intentar sofocarlo, pero fue en balde, todo se quemó. El fuego arrasó con la única fuente de trabajo de toda la comarca, la primavera se transformó en invierno gélido, la miseria asomaba a los habitantes del lugar.
La buena noticia era que Hortensia estaba otra vez en cinta, y deseaba con todos sus fuerzas que fuera una niña. La futura mamá, eligió un mal día para decir la buena nueva.
¿Os ha pasado alguna vez que habeis tenido un sueño, que luego, se repite en la vida real? Yo sí, en dos ocasiones.
¡Feliz fin de semana!
Miguel
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