Óptica Calvo

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Pensamientos que tengo cuando me aburro: el número Ñ.

Antes de nada: por motivos de agenda y de trabajo, no he podido visitaros como a mi me gusta (despacio), por lo que me perderé algunos posts... a veces, uno no puede estar en misa y repicando al mismo tiempo.

Ayer tuve un día nefasto en el trabajo. Una de las máximas responsables de un cliente (primer grupo editorial de Europa, ahí es nada) me llamó para despedirse, no podía contenerse el llanto, ¡un palo!, de las mejores personas, en todos los aspectos, que he conocido en mi vida. También recibí una mala noticia desde Italia, un gran ingeniero tiraba la toalla en un proyecto en el que casi  lo teníamos ganado, consecuencias de la puta crisis, y papelón para nosotros (ya veremos como lo hacemos, aunque todavía está por cuantificar las pérdidas), una de las personas con más coraje que me  habré encontrado en mi camino, la realidad le había superado por mucho, y, estando en un callejón sin salida, se rindió. Esto no va mal, va cuestaba abajo y sin frenos.

Una de las herramientas que yo tengo para abstraerme un poco de estos "palos", es ponerme a pensar en cosas "profundas", cosas que ha pensado alguna vez en su vida todo quisqui; por ejemplo: ¿estamos sólos en la Galaxia o acompañados?, ¿hay "vida" después de la muerte?, ¿será verdad que unos pocos son los que dirigen todo el cotarro en el planeta Tierra? Gracias a pensamientos como estos, y otros muchos más, el hombre ha ido avanzando en cuanto a ciencia y conocimiento, y para ello siempre ha empleado  la observación, abstracción, reducción y conclusión (del método científico ya escribí varios posts en el otro blog de iEspaña).

Así las cosas, yo tengo una teoría que paso a exponer:

"El número de polvos que echa una persona en su vida, es una cantidad con la que se nace predestinado.  A ese número lo designo por la letra Ñ (en mayúscula siempre)".

Así, por ejemplo, una persona cuando nace es Ñ500, queriendo decir que en toda su vida echará 500 quiquis, ni más ni menos. Otro será Ñ0, como por ejemplo una persona religiosa que practique el celibato, y otros, no sé, como Rocco (que el otro día dejó aquí un comentario, utilizando a Temujín), serán Ñ20.000.

Mi teoría, no es tan potente como para determinar la distribución a lo largo de la vida del número de quiquis con los que se nace predestinado. Se podría discutir de otras variables que llevan implícitas el número Ñ,  si son también predestinadas o no, o si son fruto del entorno, para eso, si os parece, podemos generar el debate pertinente.

También es muy discutible si el número Ñ debe ser entero o no, ¿Cómo podemos determinar un quiqui con el número 0,5, es decir: medio quiqui, o 1,5 (quiqui y medio)?, eso muy complicado, y bien es verdad que la suma de números decimales pueden dar números enteros; pero como mi teoría está en una estadio inicial, la acotaré a aquellas circunstancias en la que el número de quiquis sea por fuerza un número entero (para la discusión, están los comentarios).

Y por último, a través de una ciencia, que es la estadística, podríamos obtener las herramientas necesarias para determinar, con una aproximación, el número general Ñ al que se tiende desde que nacemos; pudiendo hacer  distinciones por zonas geográficas, por estrato social, por género, etc. etc. Se me ocurre que  encuestas al final de la vida, tomando por ejemplo 80 años en el modo capitalista occidental, y en aquellas personas que puedan acordarse con bastante aproximación de su número Ñ, nos podrían dar una pista, y calcular los límites o la tendencia con aproximación  relativa; claro, que ahora que lo pienso, habría que poner varios "coeficientes correctores", porque la gente, para según que cosas, miente más que pestañea.

Y por último una coña con el número Ñ. ¿No os parece que sería cojonudo conocer el número Ñ a priori?, ¡sería lo más! Si yo, con las herramientas que sea, puedo determina que soy un Ñ300, y me enrollo con una chiquilla de Ñ3000, ¿no os parece que ahí podría haber problemas? Imaginaros que el payo en cuestión está enamorado, y ella también de él, se casan y van pasando  los años, ¿como se conjuga una cantidad tan dispar en el número Ñ?, sería imposible,  es decir: o bien  le pondría unos cuernazos de búfalo viejo, o antes o después se separarían y ella recuperará el tiempo perdido; o tal vez no, a lo mejor se hacen un apaño, todo es cuestion hablarlo, y para gustos se hicieron los colores.

Por cierto, ¿que opinais vosotros?

¡Oye!, ¡no vale tirarme tomates!

Miguel

ACTUALIZACIÓN: ¡Atención!, gracias a vosotros, en los comentarios, al final,  amplio la teoría del número Ñ, donde Ñx=ñab + ñcd + ñef +....+ñmn. Merece la pena leerla.




lunes, 27 de septiembre de 2010

Mal día para haber elegido fabada.

¡PRRRRRRRRR!, ¡uffff!, ¡malditos gases!, ¡joder!, parece que me hubiera cagado, ¡estoy podrido por dentro! 

No tengo mesura con la comida, me pasa como en el sexo, o como  con el pacharán, siempre me excedo, mira que hoy me había propuesto comer sólo un plato del menú, y sí, lo he cumplido,  ¡a medias!, sólo he comido el primero, que era fabada, pero he repetido. ¡PRRRRRRTZZZZZ!, ¡hala, otra vez me he cagado encima!, ¡me voy corriendo al ascensor, y me encierro en el despacho!, ahí podré cagarme a gusto y desabrocharme el pantalón.

Nuestro hombre se ha metido en el ascensor, y pulsa el botón pertinente. Es un ascensor muy pequeño, para sólo dos personas, que sube desde el recibidor del ministerio hasta el despacho. Lo construyeron hace 10 años, ha funcionado sin problemas hasta la fecha. Él, y las personas que le antecedieron, siempre han querido cambiarlo introduciendo una partida de gastos extra, pero si no era por una cosa, era por otra, y ahí sigue, el ascensor original, subiendo y bajando prebostes, ¡cuantas cosas descubriríamos si sus paredes hablaran!

¡Me cago encima!, ¡maldita sea!, ¡aquí en el ascensor nooooo!, ¡¡PRRRRRRZZZZZZZ!!, ¡og, Diossssss!, a ver si llego de una vez..... ¡ehhhhhh!, ¿qué coño pasa?, ¡se ha parado el ascensor!

¡Calma Gumersindo!, respira, ¡aggg!, ¡que pestazo de mis propias trispas!, intentaré no peerme más, aunque los malditos gases me están perforando la tripa.

¡Venga Gumersindo!, aprieta el botón de alarma y espera, aprieta, ¡no funciona!, ¡mecagüenmimadre!, ¡mañana pongo en la puta calle al Jefe de Mantenimiento!, ¡¡SOCORRO!!, ¡SAQUENME DE AQUÍ!, ¡SOCORRO!

Han pasado 3  minutos, 10 pedos han salido por el culo del ministro, el aire se hace irrespirable, ¡es una tortura!, siente que se ahoga, que se axfisia, se deshace el nudo de la corbata, ¡está empapado por el sudor!, ¡y por la peste de sus pedos!, golpea con fuerza la puerta, grita, nadie responde, ¿dónde están todos?

Se ha sentado en el suelo del elevador, se ha quitado la chaqueta, tiene el gesto desencajado, no consigue controlar sus esfínteres, los dos platos de fabada gasean a intervalos regulares aquel espacio tan pequeño...

¡¡SOCORRO!!,  ¡por el amor de Dios!

Alguién, ¡por fin!,  escucha al otro lado... son dos empleadas de la limpieza.

- Carmen, ¿no oyes voces?

- No, estoy en mis pensamientos.

- Escucha, viene del ascensor.

- Es verdad, hay alguien encerrado, ¡rápido, vamos a llamar a seguridad!

El guardia de seguridad ha subido ráudo, descubre que el ministro está encerrado, decide hablarle para calmarle, mientras habla, pulsa el botón de bomberos de la pared, es la única solución, el país está en huelga general y no hay empleados del ministerio que puedan abrir el ascensor privado del susodicho.

- No se preocupe Don Gumersindo, he llamado a la central para que avisen a los bomberos, espero que no tarden. No hay nadie en mantenimiento, recuerde que hoy es 29 y hay huelga general, no le puedo abrir  yo porque no tengo las llaves, tampoco sé como, ¿me oye?

Desplomado, sin sentido, oye voces a lo lejos, pero no entiende el mensaje. Sus ojos dejan de ver la vida real, entra en otro estadio, hay una luz blanca, al principio con más brillo, luego se va apagando, por la mente pasan fragmentos de su vida, ¡parece una película!, un fotograma es una representación de cuando era niño, reconoce la voz de su madre, le increpa:

Gumersindo, hijo, no comas tantos garbanzos, ¡no ves que luego te vas por la pata abajo!, algún día te morirás en tu propia mierda.

Han pasado 15 minutos, llegan los bomberos. El guardia de seguridad les abronca.

- ¿Como han tardado tanto?, ¡Don Gumersindo está encerrado!

Han venido la mitad del retén de los bomberos, son los servicios mínimos por la huelga general.

- ¡Cállese, haga el favor!, a ver, ¿dónde está el ascensor?

El guardia les lleva y espera, junto con las empleadas de la limpieza; los bomberos hacen su labor  con celeridad, en poco tiempo han podido abrir la puerta y bajar a mano la caja del ascensor. Cuando llega a planta, ven a un hombre caído, sin sentido, mientras un terrible olor se expande por  toda la sala, tan apestoso es que provoca vómitos en algunos, ¡es nauseabuendo!

- ¡Se ha muerto y ya se está pudriendo!

- ¡JAAAAAJAAA!, lo que ha ocurrido es que casi se muere en sus propios pedos.

Gumersindo pudo vivir para contarlo, pero su culo y sus pedos dieron la vuelta al mundo.

Al día siguiente, en unos de los periódicos de la oposión al gobierno, se leía:

"Gumersindo Afloja La-Mosca, Ministro del Gobierno, ha sufriendo en sus propias carnes la mala política de su partido, estando encerrado durante 20 minutos en su ascensor particular del ministerio, por no haber nadie de mantenimiento debido a la huelga general del 29-S. Gracias a la nefasta política del partido que nos des-gobierna, casi muere, y encima, ¡el tío guarro!, ha resultado ser un flojo de culo que se le van los pedos a la más mínima. La portavoz de la oposición ha dado una rueda de prensa al respecto, argumentando que el ministro Gumersindo debe dimitir inmediatamente, poniendo su cargo a disposición del gobierno, y, por supuesto, vetándole entrar en espacio público para no gasear a los allí presentes. Gumersindo ha respondido a la ministra que todo el mundo se tira cuescos algunas vez, y que tire la primera piedra quien no haya tenido problemas estomacales por fermentación no deseada de la comida ingerida....".

A mi me pasa como a Gumersindo, estoy pocho por dentro y mis gases interiores tienen tendencia a salir en demasía. Como esto siga así, me veo como el ministro: despedido de sus funciones (tengo muy hartita a Ana).

Por cierto, imaginaros la tortura que hubiera sido para el pobre Gumersindo si, a parte de tener que aguantar sus propios gases nocivos, tener encima que soportar ésta, ésta, bueno, lo que sea, que el otro día la  escuché por accidente  y me puso de los nervios (no la soporto), aunque me sirvió de inspiración para el post.




Pues nada, ¡feliz lunes!

Miguel




viernes, 24 de septiembre de 2010

Un pecado capital, una venganza y una de niños.

Había momentos, cuando era pequeño, que  mi pobre madre me hubiera tirado por el balcón. Ahora, que han pasado muchos años, la perdono, ¡porque la quiero mucho! Es verdad que a veces me portaba mal,  pero... ¡no merecía  el castigo que me dispongo a contar!, yo era un niño bueniiiiiiiiiiiiiisimo.

Antes me he pasado con el superlativo cursi, lo reconozco, era un chavalote bonachón, sí, pero a veces demasiado cansino, sobre todo con la comida. A parte de grotón y exquisito, ya que eran más las cosas que no me gustaban que las que me gustaban, era un pelma elevado a la enésima potencia. Mi madre, ariana como yo,  no tenía la paciencia del Santo Jonás como virtud, así que, hartita de tener que torearme todas las tardes con la merienda, decidió darme un escarmiento.

Un ejemplo de lo ostiable que podía llega a ser.

Yo.- ¡Mamá, mamá, la merienda!

Mi pobre madre.- ¡Ya voy!, te la estoy preparando.

Yo.- ¡Mamá, mamá!, ¡me muero de hambre!, ¿que es?

Mi pobre madre.- Un bocata de chorizo.

Yo.- ¿Chorizo?, ¿otra vez?,¡¡ ya lo comí ayer!!, ¡jooooooo!, ¡no quiero chorizo!

Mi pobre madre.- Ayer merendaste chocolate, hoy te toca chorizo.

Yo.- ¡Yo quiero un bocadillo de chocolate!, ¡no quiero chorizo!, ¡mamá, mamá!, ¡hazme un bocadillo de chocolate!, pero lo quiero de barra de pan, ¡mamá, mamá!, ¡qué tengo mucha hambre!

Al final me comía el de chorizo, y otro más de chocolate de propina. Estaba hecho un ceporro. Era un espectáculo verme comer. Mi adorable pachurri tenía que echar horas en el curro para que la nevera estuviera llena, sobre todo de aquello que le gustaba a su hijo único, que comía por tres.

Como los pimientos asados eran unas de mis perdiciones,  el frutero reservó a mi madre un kilo de unos verdes que picaban como cayena de primera calidad. Para hacer todavía más atractivo el bocadillo, le puso unas lonchas de jamón serrano.

En la jornada de autos, sobre las 18:00 h, tenía tanta hambre que me  hubiera comido  hasta los baldosines de la cocina, no veía el momento de clavar diente  en aquel bocata de pimientos con jamón serrano. Mi madre se tomó esa tarde más tiempo del normal en prepararlo,  ¡a propósito!, mientras  yo me esforzaba por ser todavía más pelma; ¡por fin!,  con el plato en una mano, me puso a la vista tan suculento manjar,  y, no permitió que lo cogiera a la primera, no, no,  lo que hizo fue pasármelo por la vista, una y otra vez,  esquivando a mi "tenazas", mientras yo babeaba horrores, con el innoble propósito de poner al máximo mi contador de gula. Varios esquivos después,  como cuando le das un hueso a un perrillo, permitió que mis manos agarraran aquella merienda especial. En menos de un minuto había devorado la mitad del bocadillo; no  lo saboreaba, tragaba literalmente, hasta que empezó a picarme la lengua.

- Yo.- ¡Mamá!, ¡estos pimientos pican!

- Mi madre.- Un poquillo, si te comes rápido el bocata ni te enteras.

No la escuchaba bien, tenía los pabellones de los oídos cerrados por la fuerza que hacía con las mandíbulas. 

Devoré el bocadillo en un santiamén. La lengua se me quedó dormida, y para refrescarla, no se me ocurrió otra cosa que tomarme de una sentada medio litro de leche.

Aquella mezcla explosiva estalló en mi estómago, y la onda resultante recorrió mis intestinos, provocando que 30 minutos más tarde tuviera que acudir ráudo al trono, con graves destrozos de orto por onda expansiva. ¡Madre de la amor hermoso lo mal que lo pasé!,  seré  bueno y no daré detalles de la calidad, textura y forma en la que salió sustancias nocivas por mi aliviadero;  fijaros como sería,  lo que me quejaría después del acto, que mi madre llenó el bidé de agua fresca y me hizo sentarme en él, siendo un remedio eficaz, pues el frescor del incoloro líquido alivió la zona enrojecida.

Con el culo metido en agua, no me percaté que había entrado  en el piso mi vecina Yoli para jugar conmigo (entonces jugábamos los vecinos entre nosotros, pasándonos de una casa a otra, ahora eso no se ve).  Viéndome así, no pudo por menos que preguntar:

- Vecina.- ¿Por qué estás con el culo metido en agua?

- Yo.- Porque acabo de cagar, y no veas como me pica el culo, ¡es horroroso!, mi madre ha llenado el bidé de agua y me ha dicho que meta el culo aquí. Es un gustirrinín.

- Vecina.- ¡Ah!, ¿vas a estar mucho tiempo así?, me he traído unas cuantas muñecas para que juguemos a los papás y a las mamás.

- Yo.- No sé, hasta que  diga mi madre.

Estuve tres días cagando metralla, ¡que tortura!; me obligaba a andar de una forma rara para que mis cachas no se rozaran, ¡se pasó tres pueblos mi madre!

Pero vereis, ¡que la historia no terminó con mi escozor! Cuando eso me pasó a mi, (yo tendría unos 6 años, y Yoli unos 3 ó 4), como los niños copiamos todo, un buen día ella  se puso a hacer lo mismo en su casa. Su madre, alucinando con la escena, la preguntó el porqué hacia eso, y  Yoli la  contó  a su mamá que me había visto a mi hacerlo, para alivar el culo, que Salvadora (mi madre), me había puesto así, y que era un gustirrinín. La madre se lo tomó a coña, pero se quedo con la mosca tras la oreja, por eso, cuando vió momento, se lo preguntó a mi madre, y entonces fue cuando se enteró del escarmiento al que me había sometido, por estar hasta los pelos de mi imbecilidad a la hora de comer. 

Por cierto, la madre de mi vecina tomó nota y lo aplicó años después, con una segunda hija que tuvo.

Como Claudia se pase un poquito, yo haré lo mismo.

¿Y vosotros?, ¿habeis sufrido en vuestras carnes escarmientos de vuestros papis?

¡Buen fin de semana!

Miguel

P.D. No quiero despedirme sin antes agradeceremos los comentarios del post anterior.  Me sorprendió, gratamente, que haya gustado tanto. Creo que os habeis pasado en elogios, y me quedo más con el comentario de Ana: 

"Eso es como lo que te dije una vez,  después de haberme echado más de 100 polvos, que me echaste uno decente y te felicité; parecido es lo que te ha pasado ahora,  a base de escribir gilipolleces, ha habido suerte y te ha salido una historia decente. Ahora tendrás que escribir otros 100 posts más, llenos de tonterías y mal redactados, para que vuelvas a escribir algo que se pueda leer. ¡ESPÉRAME SENTADO, CHATO!".




miércoles, 22 de septiembre de 2010

El fuego y sus consecuencias.

 AVISO: Me ha salido un post larguiiiiiisimo

Silvina es actualmente una mujer de 65 años. Está divorciada y tiene 2 hijos. En el plazo de unos meses llegará su primer nieto. Su madre murió de un cáncer de higado hace unos 10 años; un martillazo en el alma del que tardó muchos meses en recuperarse. Su padre  todavía vive, tiene 94 años, y pasa los días en una residencia privada, que costea ella sóla por ser hija única.

Silvina es pelirroja, de pelo liso,  aunque por coquetería ha cambiado a rizos de permanente. En la última visita a su padre, descubrió un hecho que desconocía.

Están padre e hija en el jardín de la residencia, aprovechando los rayos del sol de la tarde. Ella le coge de la mano, él está distraido viendo a los jardineros de la residencia podar el seto de  aligustre. El padre se gira  hacia ella y rompe el silencio.

- Padre.- Te has cambiado el pelo. Me gustaba más antes.

- Hija.- ¡Padre!, estaba cansada de tener el pelo liso, además, que ahora me piropean más, entre que lo tengo rojo, y con este rizo tan bonito que me han dejado... fíjate que incluso me echan menos años, ¡¡JAAAJAAAA!!

- Padre.- Tu madre decía que saliste pelirroja por el cómo te hicimos.

- Hija.- JA,JA, bueno, ¿le he dicho alguna vez que han sido unos padres extraordinarios?

Los padres de Silvina se casaron en 1944. Ella, nacida en un pueblo de la provincia de Burgos a orillas del Duero, trabajaba desde los 15 años como interna en una casa de buena familia de Madrid. A base de trabajar como una mula, de no "molestar" a los señoritos y seguir una vida recatada, tenía el aprecio de sus empleadores. Él, dos años mayor que ella, era madrileño de pura cepa, nacido en una casucha cerca de la glorieta de Cuatro Caminos, algo más curtido en letras y números que la que sería su futura mujer; trabajada de representante de vinos de una bodega de Valdepeñas en Madrid. Ella se llamaba Alejandra, él se llama Enrique. Se conocieron en la casa de los señoritos, cuando él la visitó para vender vino de  cosecha a domicilio.

Estuvieron dos años de noviazgo. Se casaron por la iglesia, ¡como Dios manda!, y de viaje de luna miel visitaron Aranjuez.

Cuando se consumó el matrimonio en Iglesia y Registro Civil, ella dejó de servir (forma eufemística que se decía entonces al trabajo de las empleadas de hogar, del campo, y de más sítios) y se trasladaron a vivir a una habitación de la casucha familiar de él. Antes que se me olvide, Enrique vivía con su madre, ya que su padre había muerto en la Guerra Civil, y como adquirir una casa en Madrid era misión imposible, decidieron hacer obras en la casa parental, reformando la habitación más grande, la de los padres de Enrique, y trasladándose la madre a otra, que estaba al otro lado del patio que tenía la casa, para que ellos tuvieran mayor intimidad.

Era costumbre, ya desde novios, trasladarse a las fiestas del pueblo de Alejandra en septiembre. Allí se acomodaban en la casa de los padres de ella, ya que los hermanos tenían su vida  hecha y vivian en casa propia. El pueblo tenía como única diversión una taberna y un frontón (diversiones sólo para hombres). Las mujeres, sólo podían pasear con sus novios o maridos por una calle que discurría en parte a lo largo del cauce del Duero, ir y venir era el entretenimiento. Siempre había que pasear por donde había luz, como a una mujer se le ocurriera entrar en zona oscura con hombre, cuando regresaba, automáticamente era tachada por el populacho como puta, y se daba por hecho que había sido follada y bien follada. Cosas de la España de entonces. 

Los abuelos maternos de Silvina eran castellanos recios, no en vano Castilla somete a sus habitantes a un temple-revenido; a saber: verano infernal por el calor con 40º de temperatura, e inviernos gélidos, con heladas nocturnas durante meses, y temperaturas de hasta -20º. El clima hace el caracter, y el castellano es en parte fruto del clima que soporta. 
El padre de Silvina era mozo apuesto. Alto, fuerte, con pelo negro, enamoraba a las mozas con su sóla presencia. La madre, en cambio, era pequeña, muy delgada, muy bella de cara, pero con cuerpecito; eso sí, aunque abultara poco, su forma de ser apagaba al más gigante, incluido a su marido.

Los hijos que tuvieron aquel matrimonio fue producto de un meticuloso proyecto de la  progenitora. Según algunas tradiciones, ocultas para la mayoría de los mortales, y que se pasaban de madres a hijas, para engendrar varón o hembra era preciso seguir una serie de rituales, de esa forma no se dejaba al libre albedrío lo que nacería 9 meses más tarde. Según esas leyendas, dependiendo de la luna, del día, de la estación del año, y del flujo de la regla, el quiqui pertinente aseguraba un hijo o una hija, ¡vamos, un niño a la  carta! Por último, para que en ese momento preciso se quedara la mujer en cinta, era necesario que el hombre  echara a la mujer 4 ó 5 polvos seguidos, con poco descanso, y para evitar desmayo, estaba la solución del "calientaburras", brebaje que bebido por el hombre, y también por la mujer, hacía que les entraran unas ganas de coyunta irreflenables. Imaginaros como debería quedar el abuelo en cada acto, ¡4 ó 5 polvos son una exageración! (sí, ya lo sé, alguno los habrá echado, vale, pues mejor para él, y para ella, por descontado).

Como al año de casados, Silvina y su marido no esperaban descendencia, la madre de ella decidió tomar cartas en el asunto. Había decido que en  la visita de ese año los hincharía a "calientaburras" a los dos, ¡para eso estaba ella, para ayudar a una hija en lo que sea! ¡Ah!, se me olvidaba, la abuela quería nieta, no nieto, porque estaba muy hartita de tener que bregar con su marido y con sus hijos; si quiso hijos al principio, era para asegurarse el porvenir y  el trabajo en tiempos futuros, cuando ya  hacieron los dos varones, quiso hija y así fue.

Silvina y su marido si habían practicado el acto amatorio. Ambos llegaron vírgenes al matrimonio. Se unió a la inexperiencia, que él tenía un miembro demasiado grande, no por largo, si no por grueso, pareciendo más una morcilla de arroz que un chorizo culeño. Ambos se habían desvirgado al día siguiente de las nupcias, y después vinieron más coitos;  pero los diferentes intentos no terminaron en el cosquilleo final que te hace gritar; más bien ella gritaba de dolor, ya que no estaba suficientemente lubricada. Piensen queridos lectores, que en aquella época, la mayoría de la gente no había visto el mundo sexual ni por un agujero, no se hablaba del asunto, todo era tabú, no había precalientamientos, y las cosas se aprendían practicando, ¡si se aprendían!; por eso, Silvina y su marido abandonaron las ganas de hacer el amor por otras cosas, aquello resultaba desagradable. Afortunadamente, el no tener goce en cama no mermó lo más mínimos el amor entre ellos.

Como había dicho, la abuela los había puesto "calientaburras" hasta en el agua del botijo, y los pobres padres de Silvina andaban con calentura; pero cualquiera se ponía en faena allí,  en casa ajena y fuera de Madrid. 
Al segundo día, decidieron ir a visitar unas higueras  en propiedad que había a unos dos kilómetros del pueblo, lo hicieron para despejarse un poco, y de paso, pensaban, el aire les sentaría bien para bajar los calores. Regresando a casa, al caer la tarde, empezó a llover con tanta fuerza que tuvieron que refugiarse en el pajar del tío Ciruelo, un pajar semiabandonado que estaba al principio del villorrio.

Mojados hasta las trancas, se subieron a la parte superior de aquel corral, en donde había paja. Allí se quitaron parte de la ropa empapada, mientras esperaban a que la tormenta amainara.
La blusa de la madre era como si no llevara nada, sus grandes pechos, insunuaban unos pezones que atravesaban la prenda, el pelo mojado, la hacía  todavía más irresistible; él, con la morcilla de burgos hinchada en sangre, también hubiera podido  atravesar el pantalón, pero por fortuna el encierro para aquel miembro duró poco. Ni la mayor tormenta  en tiempos  caída en el lugar, pudo con el miedo a ser pillados, allí mismo lo hicieron, y, ¡por fin!, ambos se corrieron, ¡y al mismo tiempo!, ¡un polvazo señoras y señores!

Padre.- Sí hija, tu madre decía que tenías el pelo rojo porque cuando te engendramos pasó una cosa. Nunca  te la hemos contado, pero para lo que me queda en el convento... ¡me cago dentro!
Hija.- ¡Esa boca padre!, a ver, ¡ya desvaría!

Padre.- Hija mía, tú fuiste engendrada en una tarde de tormenta, en un pajar que había a la entrada del pueblo de los abuelos. Fíjate si fue bueno el polvazo que echamos tu madre y yo,  que después de terminar, se me fue el santo al cielo y me puse a echar un cigarrito, ¡imagínate!, ¡en un pajar!

Hija.- ¡Padre!, ¡que soy su hija!

Padre.- ¡JA! Llevaba yo un mechero de gasolina, ¡que entonces era un lujo para sibaritas!, y sin darme cuenta,  la ceniza del cigarrillo prendió la paja. Intentamos apagarla, pero  fue en balde, aquello empezó a arder, y no se nos ocurrió otra cosa que salir corriendo de allí, y gritar "fuego, fuego". Se armó la gorda Silvi, la gente salió de sus casas, y eso que estaba lloviendo a mares, y el pajar, mientras tanto, quemándose y amenazando a más corrales de al lado. Las campanas tocaron a arrebato para avisar del fuego, incluso nosotros nos pusimos a la cola para tirar agua, como si acabáramos de llegar. El fuego calcinó el pajar ,que había  sido testigo, y otro de al lado,  afortunadamente no hubo más establos ni más casas quemadas, ¡menos mal!,  la fuerte lluvia, y lo rápido que se movilizaron los vecinos evitaron el desastre. Nadie preguntó de dónde veníamos y cómo habíamos visto el fuego. Cuando tú naciste, y fuimos a ver a los abuelos y los tíos, algunas viejas cayeron que tú habias sido engendrada en la época del gran incedio, las  alcahuetas lo dijeron en conferencia, los hombres con chato de vino en mano,  pero siempre con sorna, nunca con segundas, cosas de los pueblos Silvi.

Hija.- Me deja perpleja...

Padre.- Naciste pelirroja, ¡como una llama de fuego!, y tu madre y yo pensamos que había sido un mensaje de Dios, y...

Hija.- No meta a Dios en todo esto.

Padre.- ¡Callate!, a veces me enfadas, te estaba diciendo que pensamos que había sido un mensaje de  Dios, porque no recordamos en ambas familias pelirrojos, y tú naciste así, ya sé que todos dirán casualidad, pero tu madre, que en paz descanse, y yo somos muy creyentes, y siempre hemos pensado que fue un mensaje, para que no olvidáramos, que por mi mala cabeza, casi provocamos un desastre; aunque bien valió un incendio para que naciera la niña más guapa de todo el mundo.

Hija.- ¡Menuda historia me ha contado!, ya hablaré con el médico de las pastillas que está tomando.

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Que cosas, de un "fuego" se produjo otro fuego, parece una paradoja.

Por cierto, con respecto a las creencias de los padres de Silvina, me he inspirado en mis abuelos, que eran castellano-manchegos de misa diaria (sus nietos, sin embargo, no pisamos la  iglesia ni aunque regalaran el vino).

Y nada más, que siento el rollazo que he soltado.

¡Feliz día!

Miguel



lunes, 20 de septiembre de 2010

Estos niños...

¡Como corre el mes de septiembre!, ya no queda nada para que nos den la tabarra con la Navipeich, ¡UFFF!

Los transportes públicos son fuente inagotable de vivencias para luego ser contadas. Tengo varias anécdotas de mamás  y papás que han pasado un mal rato con sus hijos pequeños, cuando viajaban en metro o tren. Generalmente, esos diablillos no paran, son como toberllinos, preguntan sin cesar, y creo que engordan dando por saco a todos los viajeros, y, sobre todo, a sus padres, que algunos pasan una vergüenza supina.

El pasado mayo, regresando del curro en el Cercanías, iba una mamá con un niño que no llegaría a los 4 años. La habían cedido el asiento, ¡muy bien hecho!, porque a parte de su hijo, portaba varias bolsas. El niño no deseaba estarse quieto ni por un momento, preguntaba tonterías sin cesar, una y otra vez, a voz en grito, ¡daban ganas de darle un sopapo!, mientras, la pobre madre hacía lo imposible para que estuviera más calmado y no hablara tan alto. Llamarme burro, y además, soy padre de una hija de año y medio, pero a veces, ¡hay que joderse  con las consecuencias que trae el haber tenido unos segundos de gustirrinín!

Al lado de mi iba una chiquita sudamericana, con un escotazo que se le veía hasta los pelos del ombligo y con una delantera que no era de éste mundo. "Habrá quedado con el churri," pensé,  porque no creo que fuera así a trabajar. Sus tetazas, como melones, aguantaban estóicas los escáneres de todos los machos del convoy.

Aquel niño, en una  sus idas y venidas por el pasillo del vagón, descubrío aquellas dos montañas redondas. Con la boca abierta, y ojos como platos, se quedó mirando fijamente aquel cuerpo. La poseedora de las mamas (no confundir con mamás) atrayentes cada vez estaba más nerviosa, ¡pobre chica!, ¡entre los gañanes que la desnudábamos  con la vista!, y el niño aquel que parecía abducido por algo extraterreste, no sabía donde meterse!

La madre ni se enteró. Con la vista perdida en el infinito, con cara de abatimiento,  "descansaba" estando sumida en sus pensamientos, hasta que su hijo la hizo volver al mundo real diciéndola algo en voz baja. Estaba claro que se refería a mi compañera de viaje, porque la apuntaba con el dedo. La madre le regañó con mucha dulzura, ¡monumentos en cada esquina a las madres había que poner!, y parece que el niño se olvidó del asunto.

Hasta que pasados unos minutos, el niño vuelve otra vez, la mira, y dice a gritos:

"¿Son operadas?"

¿¡Un mierda que no levantaba un palmo del suelo, va y suelto eso!?, ¿pero como  puede hacer un mocoso semejante pregunta? Todos los que estaban alli empezaron a reirse, incluso la madre, y yo también, salvo la pobre chica, que no abrió la boca y se bajó en la misma parada que yo, que era la siguiente al sainete presenciado.

Arriba, en el recibidor de la estación de Entrevías-Asamblea de Madrid, estaba esperándola el novio, a juzgar por como la recibió, y ahí los dejé, porque no eché vista atrás (bastante cotilla había sido ya).

Me sentí "sucio" en el camino de la estación a  casa. No pude evitar escanear aquellas tetas, y pensar algunas barbaridades, echaré la culpa a la tetosterona; pero lo que más incómodo me hizo sentir fue las risas de los viajeros, y la pobre chica, ¡que nada malo estaba haciendo! La culpa no la tenía el niño, la culpa la teníamos todos, que todavía seguimos anclados en algunas cosas como si viviéramos hace 40 años. No sé, tal vez es que yo me como demasiado la cabeza por cosas que no tienen importancia.

Los niños son la leche. A mi hija, de18 meses, si la preguntas: "¿donde está el chichi?", va la jodia  y se toca el parrus, mientras dice: "chichi, chichi". A ver, que no ha aprendido sóla y por inspiración divina; pero , ¡joder!, hará unas semanas, se me ocurrió decirla: "mira, esto el chichi", y fijaros ahora, ¡lo grabó en su cerebro al instante!

Ahora que lo pienso, imaginad por un momento que voy yo con Claudia en el tren, aparece un zagal marcando paquetón, y mi hija, que ha salido en lista a su madre, va y le dice: "¿que llevas ahí que abulta tanto?", ¡me daría un pasmo ahí mismo!

¡Con Dios!

Miguel




viernes, 17 de septiembre de 2010

El invento.

Estaba yo un día, sumido en mis pensamientos, con mis manos amasando los ... cabellos, cuando me vino una gran idea: convirtamos en energía eléctrica algunas de las actividades sedentarias que tenemos los humanos, en concreto, tocarnos los bajos.

Si nos frotamos un bolígrafo en el pelo, y acto seguido lo acercamos a papelillos de papel, el bolígrafo los atraerá (por estar cargados con iones positivos, y los papelillos con negativos), es un ejemplo más de la energía electroestática. 

Como yo me arrasco mucho los fandangos, cuando me aburro y me amuermo, y como ahí hay pelajos, abundantes y espesos, me dispuse a pensar en un invento, ¡de premio!, convirtamos la electricidad electroestática, generada en tanto empeño, en energía que sirva de algo, no sé, iluminar la bombilla que acompaña en el amuermamiento.

Con un "tester" medí la electricidad generada, unos pocos miliamperios, ¡era necesario esfuerzo!, así que,  cuanto más me tocaba, más electricidad generaba, sólo había que almacenarla; con dos cables conectados, un condesador viejo, y media hora de tocamientos, cargué por completo el almacenador eléctrico, ¿y ahora?, ¡era poca la  corriente almacenada!, ¡otra gran idea!, ¡gastaría una broma a Ana!

Cuando apareció por allí, toda contenta, pues venía de fundir la tarjeta en prendas de otoño, la tiré el condesador, y ella, como acto reflejo, lo cogió, propinándole una descarga desagradable que la hizo gritar de dolor.

- Ana.- ¡¿Qué coño me has tirado, mastuerzo?!

- Yo.- Un condesador eléctrico, nada malo querida, ¿a que no sabes con que lo he cargado?

- Ana.- ¡¿Con qué?!

- Yo.- ¡Con mis huevos!, ¡mira que invento he hecho!: EL HUEVOGENERADORELÉCTRICO, ¡JAAAJAAAA!

Ana, que de humor anda sobrada, no se enfadó y me dió un beso, ¡no me merecía menos!

No volví a cargar electricidad, aunque amasando estuve, pues entré en otro estadio de excitación... ¡y no seais mal pensados!, ¡estaba contento porque mi Atlético de Madrid, por fin, ganaba algo!

Pasaron los días, pasaron las noches, y Ana, que también se acuerda de mi cuando gasta comprando, me trajo un crema antiarrugas, ¡todo un detalle! El envase me pareció raro, algo me hizo sospechar...

- Yo.- ¿A quien has comprado esto?, ¿a un gitano que lo vendía por la calle?, huele a rancio y pasado, ¿y dices que esta crema es buena?

- Ana.- ¡Ya estamos otra vez!, ¡no seas pesado!, es una crema hecha en farmacia, una formula que se hereda de padres a hijos, ¡60 € me ha costado!

- Yo.- No te disgustes querida, ahora mismo me echo un poco y vemos el resultado.

Y como soy de Móstoles, que ganamos a los de Bilbao en brutos, me eché medio bote,  y esperé unos segundos... y, ¡la madre que la parió!, aquello empezó a picarme, a escocerme, ¡me puse como un tomate!, parecía que me hubiera afeitado sin espuma, ¡madre mía que desastre!

Mucha agua fría,  varias toallas, y conseguí aliviar el picor, y algo el escozor; y menos mal que era sábado, porque si pasa entre semana, me hubiera tenido que dar de baja.

Moraleja: Las mujeres, cuando se vengan, se vengan de verdad.

Aún así, a Ana la sigo querido.

Aunque estamos a viernes, y esto pega más para el lunes,  noto que, en general, estamos un poco "quemados"; así que he intentado escribir unas tontás para intentar hacer sonreir. No sé si lo habré conseguido.

¡Feliz fin de semana!

Miguel





jueves, 16 de septiembre de 2010

Un deseo para cuando me muera.

He dicho en algunas ocasiones, que cuando me muera, quiero que me incineren, y que mis cenizas las entierren donde deseen, siempre y cuando planten un árbol ahí. Mi preferido es el olivo, aunque tampoco me enfadaré en el infierno  si ponen otro. Lo quiero así, porque si lo cuidan para que se desarrolle, es una forma de acordarse de mi más agradable que ir a un cementerio y visitar un tumba, un nicho, o un columbario.

La misma idea la tengo para cuando se mueran otros seres queridos, como son los animales domésticos, y me fijo especialmente en El Jordi, el bulldog de Ana, que ayer cumplió 12 años (¡todo un record para esa raza de perro!). ¡Qué lastima que no funcione nuestro blog de iEspaña!, en donde había cerca de 30 entradas dedicadas especialmente al más gañán de los perros: El Jordi (con fotos incluidas). Para el que no lo sepa, la foto que acompaña al perfil del blog (al final de éste, a la derecha), es El Jordi.

Mis padres ya empiezan a estar viejitos. Mi madre, con 70 años, y mi padre, con 73, van cuesta abajo y sin frenos. Mi madre es la que más forma física ha perdido, ¡la maldita artrosis!, y mi padre, aunque menos,  nada tiene que ver con respecto a cuando tenía 65 años. Es LEY de vida, no podemos vivir siempre como si estuviéramos en la adolescencia, el haber llegado hasta ahí ya es un triunfo. Su deterioro físico en los últimos años, la muerte de mis abuelos, el ver como avanza la sociedad, me hacen pensar en ese momento, que nadie desea pero que al final llega. Me sirve para prepararme, aunque pensándolo bien, por mucho que te prepares, ese momento siempre te superará.

No sólo me preparo para cuando se mueran, me preparo también para cuando no se puedan valer, y haya que hacerse cargo de ellos. No sé en los paises de nuestros amigos americanos como será, pero en España, cuando un anciano ya no se vale por él mismo, se le considera una carga, y es motivo de muchos divorcios, de muchas peleas entre hermanos; porque nadie quiere tener a un anciano en casa que sea  obligación cuidarle, y como se decidan a meterlo en una residencia (que no bajan de los 1.500 €/mes por persona), las broncas entre cuñadas y yernos estarán a la orden del día. 

Así que visto lo visto, y viendo por donde puede ir la sociedad actual, al final habrá que implantar una Ley que diga que a partir de X años habrá que pasar una I.T.V (Inspección Técnica de Viejos). Si no  se cumplen los requisitos físicos y mentales impuestos, entonces se darán dos opciones a la familia:

a) A la chatarra, en donde se reciclará lo todo lo que se pueda. Es decir: MUERTE ASISTIDA y reciclaje de tejidos, huesos, pelos o lo que sea; que para entonces la ciencia estará tan avanzada que de ahí podrán sacar tejidos nuevos, órganos nuevos, etc. etc.

b) Reparación costosa para pasar de nuevo la I.T.V. en un plazo muy corto. La medicina habrá avanzado tanto que ni nuestra menta es capaz de imaginar, y tal vez, los más pudientes, puedan aplicarse tratamientos que los haga envejecer más lentos, o mejoren su calidad de vida, tanto mental como física. Seguro que algunos, aún pudiendo, decidirán la opción a).

Parece descabellado, ¿verdad?, pero visto lo visto, a veces creo que nuestra sociedad pierde por el camino lo bueno que tenía en el estadio anterior  en su avance, se supone, hacia una sociedad mejor.

¿Os gustan los olivos?



















Foto tomada prestada de internet

¡Feliz viernes para todos!

Miguel



martes, 14 de septiembre de 2010

El chip de stop.

A mis padres, hablarles de internet es como si le hablas de  la vida y costumbres del ornitorrinco, les da lo mismo que lo mismo les da.  Yo no sé si sabría vivir sin internet, Ana sí, porque salvo el Facebook o algún e-mail, pasa olimpicamente de LA RED.

Pedrito es un niño de 8 años, que el otro día perdió en un centro comercial su agenda electrónica. Aquella pérdida le alteró su estado nervioso, provocándole bloqueos cerebrales que le impidieron concentración en la cena. No cenó como debiera, y derrapando por el suelo de gres, camino de su habitación, le faltó tiempo para  escribir en su PC, en la barra de Google:

"Como encontrar una agenda perdida".

Google le dió un burrada de resultados, ojeó varios y no encontró nada satisfactorio. Decidió abrir su cuenta de Facebook, en el muro escribió: "He perdido mi Notebook", y en pocos minutos tuvo respuestas a sus lamentos. Hizo lo mismo en sus cuentas de Tuenti y Twitter. Algunos dirán, que teniendo 8 años, no tiene permiso para acceder a las redes sociales, ¡JAAAJAAA!, los niños nacen sabiendo latín.

Estuvo navengando por varios foros, dejando constancia por si alguien hubiera pasado por ahí, y se hubiera encontrado con ella. NADA DE NADA.

Dió la casuliadad que dándome un paseo con Ana y Claudia por el centro comercial me encontré una Notebook. 

- Yo.- Alguien la ha perdido, vamos a entregarla en recepción.

- Ana.- ¿Y no sería mejor que no la quedáramos?

- Yo.- ¿Para qué?

- Ana.- Para venderla, seguro que en la tienda de segunda manos nos dan unos cuantos billetes.

- Yo.- Eso no está bien.

- Ana.- Cuando perdiste tu agenda electrónica, nadie te la devolvió. Así que es el momento de quedártela y darle uso, o sacar dinero de ella.

- Yo.- No seas así, cotillearé un poco, a ver si saco el nombre y teléfono del propietario.

La información buscada resultó muy fácil encontrarla, ¡el propietario era un niño que de nombre Pedrito! En minutos encontré su dirección, telefóno, cuentas, etc. etc. ¡Con razón que luego pase lo que pasa!

Con Ana delante, llamé a uno de los teléfonos, al otro lado de la línea, una voz femenina.

- Voz.- ¿Dígame?

- Yo.- Buenas tardes. Mire, me llamo Miguel. He encontrado una Notebook en el centro comercial del Eroski, y creo que es de su hijo o hermano. El dueño se llama Pedro Exposito Exposito.

- Voz.- Es mi hijo, soy su madre.

- Yo.- Bueno, que sepa que la dejaré en consigna para que pase a recogerla.

- Voz.- ¡Espere!, vivo muy cerca, ¿me la puede traer en mano?

- Yo.- Ummmmmm, dígame la dirección.

A Ana le sentó a cuerno quemano, me regañó por no saber decir "no". En 5 minutos estábamos en la casa de Pedrito, su madre, unos 6 años mayor que Ana, nos atendió muy amablemente.

- Madre de Pedrito.- ¡Estoy harta del chisme dichoso!, su padre se lo regaló y lo quiere más que a mi misma.

- Ana.- ¡Ya!, es lo que tienen los niños de ahora.

- Madre de Pedrito.- ¡Que niña más guapa! (refiriéndose a Claudia), aprovechen ahora que pueden, que luego lo único que pasa por la cabeza es cometer un infanticidio.

- Yo.- JEJEEE, ¡ya será menos!, nos vamos señora; por lo menos su hijo y su marido ya se quedan tranquilos.

- Madre de Pedrito.- Estoy separada.

Ana y yo nos miramos.

- Yo.- Señora, si tiene un martillo yo le resuelvo los problemas de su hijo con ese cacharro en menos que canta un gallo.

- Madre de Pedrito.- Tengo el martillo, ¿se lo traigo?

- Yo.- Sí, haga el favor, y ponga la maquinita encima de la mesa con un trapo debajo.

La madre sonrió, salió a la terraza, tardó más de lo esperado, tiempo que aprovechó Ana para echar un vistazo a la cocina, a la entrada y hacer un escáner de aquella vivienda.

- Madre de Pedrito.- ¿Que va a hacer con el martillo? (mientras ponía el trapo debajo del aparatito).

- Yo.- Ahora lo verá.

Y con todas mis fuerzas, le dí un martillazo a la Notebook, con tanta energía, que la dejé hecha unos zorros.

- Yo.- Ahora, cuando vuelva su hijo, le dice que la han encontrado así; de esta manera su hijo estará desconectado por unos días, y su marido, si quiere, tendrá que aflojar la mosca para volver a tenerle contento, ¡mata dos pájaros de un tiro!

- Madre.- ¿Me aceptarían una botellita de licor como regalo?

- Yo.- ¡Mejor una de pacharán!

- Madre.- Tengo una de Zoco, pero ya está usada.

- Yo.- Da igual.

De camino a casa, muy contento con mi botellita de Elixir de Dioses, que es el Zoco, me dice Ana:

- Ana.- ¿Puedo yo utilizar tus mismas tácticas cuando sea necesario?

- Yo.- ¡No conmigo!, que te veo venir, ¡no quiero que arrees un martillazo en los huevos!

- Ana.- ¡Te lo mereces muchas veces!, ahora ya menos, pero a días que quemaría el ordenador, porque mira que te gusta.

- Yo.- Me he dado cuenta que Claudia, tú, y la vida, vale más que hacer el bobo por LA RED.

Nunca he estado superenganchado al internet. Lo utilizo como herramienta de trabajo principalmente. Si puedo, me gusta leer blogs y ojear algunas páginas;  pero en cuanto me paso un poco, me he instalado un chip en el cerebro que me avisa que voy mal, y me olvido del ordenador por un tiempo.

Siento el rollazo, tantas semanas sin postear es lo que tiene.

¡Feliz día a todos!

Miguel



lunes, 13 de septiembre de 2010

Una de mucho canguelo, con un chiste fallido de por medio.

Y que le voy a hacer, si yoooooo, no nací para contar chisteeeeeeees, no nací para contar chiissssteeeeessss.

Hay una bloguera que me conoce, y puede dar fe de la poquita gracia que tengo. Soy más soso que las comidas que hace mi suegra, donde la sal brilla por su ausencia (si no lo digo reviento, ¡JAAAJAAAAA!).

No hay nada peor a que te obliguen a contar un chiste, así por la buenas, que me lo digan a mi.

Era una noche de septiembre, en la zona de Huertas (Madrid), haciendo el tonto con una chavalita. Después de varios vasos de sangría, la conversación derivó en lo "unico" ("único": unico tema del que hablan los hombres, según las mujeres, y que es el SEXO).

- Yo.- ¿Te he dicho alguna vez que estás para cogerte y ponerte mirando a Cuenca?

- La que quería poner mirando a Cuenca.- ¿Y yo te he dicho alguna vez que he soñado contigo, mojando sábanas blancas?

Ahí me cagué un poquito, porque yo soy perro ladrador y nada mordedor.

- Yo.- Aquí cerca, en Leganitos, hay algunos locales que están muy bien para tomarnos la penúltima y echarnos unas risas.

- La que quería poner mirando a Cuenca.- ¡Tu eres un guarro!

- Yo.- ¡Y tú una jamona! (me acordé de la película "Jamón, jamón!).

- La que quería poner mirando a Cuenca.- Cuéntame un chiste gañán.

- Yo.- No sé contar chistes.

- Esa que quería y ....- Pues entonces no hay Leganitos.

- Yo.- ¡Pos vale!, ¿otra sangría?

Vamos a ver, fantasías animadas con ella sí había tenido. Aquella chica era una amiga de una amiga, que la había conocido hacía unas semanas y desde entonces nos habríamos visto unas 3 veces. Le gustaba picarme y yo la seguía la corriente, echándonos unas risas y pasándolo muy bien. Mi amiga, que quería que fuéramos novios, me había informado que recientemente ella había cortado con su pareja, y que yo debía atacar, ¡menuda Celestina estaba hecha mi amiga talaverana! Era muy guapa, muy simpática, (azafata de congresos, 1,80 m de estatura, pelo moreno largo, buen tipo, pagaba las copas y no era necesario invitarla, buen plan en definitiva) pero no tenía ganas de complicarme la vida, estaba muy a gusto como estaba, y yo sólo llego a algo serio si mi corazón me avisa, tengo que estar enamorado para ello, y no lo estaba en absoluto.

En medio de las risas,   apareció un armario empotrado de 2 x 1,80 metros. Aquel chorvo era el ex de la chica, y su cara era un aviso a navegantes;  lo supe nada más ver su  gesto de pelea,  volcando  todo su desprecio sobre mi con la mirada, mientras apretaba los puños. Mi buena salud corría peligro.

- Ex.- ¡Hola!, ¿éste quien es?

- Yo.- ¡Hola, soy Miguel!, soy amigo de Belén (mi amiga).

- La chica.- ¿Qué coño haces aquí?, es un amigo mío, salgo con quien me da la gana y me estaba contando un chiste.

- Ex.- ¿A sí?, cuéntamelo a mi.

Tragé saliva, no dije nada, de un salto me tiré hacia mi amiga Belén, poniéndome detrás de ella, a modo de parapeto, y ella, para intentar protegerme de aquella mala bestia, no se le ocurrió otra cosa que darme un morreo delante de todos, ¡delante de su novio!, ¡con el que se iba a casar!, y el otro, que me tenía mucha ley y gran aprecio, ¡alucinó!, y dudó entre unirse al otro pavo cabreado y hacer algo penado por la Justicia, o "divorciarse" ipso-facto en ese momento.

Creo que dije algo, no recuerdo bien, sólo que  salí de allí disparado y sin mirar atrás. No sé de donde sacaría las fuerzas, pero corría por la C/. Huertas como si me persiguieran perros rabiosos para moderme en donde más duele. ¡Es la vez que más miedo he pasado!

Mi amiga se cabreó conmigo, porque no quise volver a quedar en grupo,  ¡me llamó gallina!. El novio, de Belén, la amiga,  lo dejó pasar y me invitó a la despedida de soltero, que no acepté porque mis convicciones morales me lo prohíben. Tampoco asistí a la boda, aunque sí hice un buen regalo (400 €).

Soy un "gallina", lo reconozco, no me gusta la violencia. Tengo recuerdos de pequeño de haberme partido dientes, ponerme ojos morados, y algunas cosas más por pelearme, así que no, ¡qué no quiero peleas!, ¡¡ni en chiste!!;  a veces nos la buscamos por tonterías (como hace unos meses en el LIDL, donde Ana montó una bronca con un tío que se le coló en la cola, y el pedazo de mamón decía que nos peleáramos fuera él y yo, ¡y Ana encima se cabreó porque no le partí la cara!), bastante complicado está todo como para encima complicárselo más.

¿Por qué a las mujeres os gusta que los hombres nos pelemos por vosotras? Yo creo que esto es fruto de la sociedad, una sociedad en  donde desde que somos pequeños nos inculcan valores erróneos, como el del pobre chaval del video (aunque como broma está bien).


¿No os doy penica?
 

MIGUEL



viernes, 10 de septiembre de 2010

¡Maldito café!

¡ATENCIÓN!, ¡madrileños, madrileñas, todos los que puedan!, ¡¡Móstoles está en fiestas!!, ¡ya estais tardando en ir a disfrutarlas! 

Ayer escuchaba, en uno de los programas  más seguidos de la radio española, las relaciones sociales alrededor de las máquinas "vending" de café en los centros de trabajo. Las llamadas telefónicas giraron siempre alrededor del mismo asunto: el tiempo que tardaban en cagarse vivos, cada vez que  bebían el brebaje que salía de la máquina dichosa. Disfruté como un enano, porque yo, si no me tomo mi café cagalera por la mañana, antes de entrar en el curro (¡en cafetería!, ¡a 1,20 €!), no  soy persona. No falla, es tomarme el café y aflojarse mis tripas ipso-facto.

Hace unos años, en una empresa situada cerca de Tolosa (Guipúzcoa),  el Diablo, que estaría  aburrido y  debía pasar  por allí, se vengó de mi por no hacerle caso cuando me da la tabarra. La visita tenía miga, ya que se discutiría si al final compraban o no  la máquina ofertada, y nos parecía que teníamos pocas posibilidades.

La entrevista no tuvo nada que ver con la que me había preparado. Llevaba varias alternativas ante el bombardeo que esperaba. No hubo bombardeo, solamente me consultaron un par de dudas y dieron por definitiva la decisión: presupuesto aceptado. Adelante la compra. ¡FENOMENAL!

Coincidió que llegó la hora del almuerzo, y decidieron invitarme a un café en la máquina de "vending" de la división de ingeniería. Eramos 2 chicas y 3 chicos.

- Chica 1.- ¿Qué quieres?

- Yo.- Un café con leche. 

Se miraron entre ellos. 

- Yo.- Yo lo tomo así.

- Todos al mismo tiempo.- ¡Vale, vale!

El caso es que ellos no tomaron nada de la máquina de café. Las chicas eligieron Coca Cola Light, de otra máquina de "vending",  y los chicos no tomaron nada.

- Yo.- ¿No tomais café?

- Chica 2.- No.

- Yo.- ¿No os gusta?

- Uno de los chicos preguntando a las chicas.- ¿Han puesto papel esta mañana?

Había dado un par de tragos al café, no me pareció malo, es más,  me pareció excelente acostumbrado a mis cafés cagaleras. 

- Yo.- A ver, por vuestras caras, me parece que el café de la máquina tiene efectos secundarios, e imagino que serán rápidos.

- Chica 2.- Imaginas bien. 

- Yo.- ¡Ya!, ¿dónde están los servicios?, por si tengo que salir corriendo.

- Chica 1.- Al fondo de aquel pasillo a la derecha. Creo que todavía no han puesto papel. 

Se quedaron con las ganas, no me entró ningún apretón (rememoro en mis pensamientos las caras de asombro de aquellas personas, ¡JAAAAAJA!, ¡los madrileños somos de una pasta especial!). Me despedí, no sin antes desearles una  feliz Semana Santa, que estaba a la vuelta de la esquina y ya había ganas de descanso.

De ahí tenía que ir a Zarautz, y al cabo de unos 10 Km., ya en la atestada N-I, me entró de repente un apretón que creía que me lo hacía encima. Tenía escalofríos, sudaba, me miraba por el  retrovisor y estaba blanco como la cal, si aflojaba mi culo  había 100 % de posibilidades de dar parte a la lavandera, ¡"por mi vida, una gasolinera para  poder cagar!".

¡Gracias a Dios encontré rápido una! Salí disparado, ¡la puerta estaba encerrada con llave!, ¡joder!, corrí hacia la caja para pedirla, ¡una cola que te cagas! (nunca mejor dicho) de personas para pagar y un sólo cajero; "¿¡que hago!?", me dije, "¿digo a todo el mundo que me cago encima y que me cuelen para pedir la llave?" No fue necesario, el cajero era rápido cobrando, y aunque se me hizo eterno, no creo que pasaran más de cuatro minutos hasta que por fin puede sentar posaderas, relajar esfinter, y evacuar sustancias nocivas para mi organismo, que de seguir ahí, hubieran hecho que explotara como un globo.

Aquel servicio ha sido el más límpio que me he encontrado en la vida en una gasolinera. Nosotros no tenemos los baños de casa así de relucientes. Se podían comer sopas en la misma taza. ¡Que lástima!, aquel WC, de primer premio por limpieza, después de mi paso por él, ganó la copa al más apestoso. 

Al cabo de dos días volví a pasar por ahí. Me acordé de lo limpio que estaba y decidí llenar el depósito de gasolina. En la caja estaba el mismo chaval.

- Chaval.- ¡Vaya!, ¡usted es el que entró en el servicio hace dos días!, ¿que es lo que come  caballero?, ¡llegaba el tufazo que dejó hasta Donosti!

- Yo.- Bueno, ehhhhhhhh, uffff, lo siento, ya, bueno, lo siento, hágase cargo, un café me sentó mal, de veras que lo siento, pero no me puede regañar porque  no dejara el servicio límpio, nada de rastros, que hay cada uno....

- Chaval.- Ya, pero, al cabo de media hora quiso entrar un camionero y tuvo que hacer  pis en el seto, ¡por el olor!

- Yo.- Me llevo también unos chicles (no se me ocurrió otra cosa).

¡Creí morirme de la vergüenza! Además, que me dió por pensar que me llevé el rastro encima hasta el otro cliente, y vete tú a saber lo que habría pensado de mi, no sé, ¡fatal!, yo no tengo casi olfato, y como el otro lo tuviera fino seguro que lo olió, y entonces, a lo mejor, pensó: "¡aivalaostia, éste tío se ha cagao encima y no se ha limpiao el culo!".

¡Buff!,  desde entonces no tomo café en horas de trabajo.

¡Feliz fin de semana!

Miguel




miércoles, 8 de septiembre de 2010

El secreto.

¡Muy buenas!

Creo que no soy el único que se coloca en el mismo sitio del andén cuando viaja en transporte público. A base de entrar todos los días por la misma puerta, se termina conociendo de vista a muchas mujeres y hombres. Día tras día, te encuentras a la misma hora con las mismas personas; algunas de ellas, sin saber el porqué, atraen nuestra atención.

Cuando vivía en Móstoles, se montaba por la tarde en Embajadores una muchacha que tenía su parada de bajada en Aluche (el camino de mi vida se empeñó durante un periodo en "conectarme" con esa parte del mundo). La chica llamó mi atención desde el principio por ser muy atractiva y tener un cuerpo para el pecado. Lo que más me gustaba de ella era su cara, me recordaba a las mujeres que dibuja Milo Manara (http://es.wikipedia.org/wiki/Milo_Manara) , pareciera que el dibujante italiano se había inspirado en ella. Su atractivo rostro estaba coronado por una melena larga, lisa, de color caoba, que cuando se la recogía en una coleta, mostrando su nuca en cuello de garza,   me revolvía las hormonas del deseo por soplarla en ella para llamar su atención.

Hubo una tarde que la chica se subió al tren con grandes gafas de sol. En el trayecto leía un papel arrugado, y por su ceño se adivinaba que había llorado, era toda tristeza, ¿qué palabras serían las escritas en aquel papel?

Antes de apearse en Aluche tiró el papel al suelo. Aprovechando que en esa parada se vacía el tren, para luego volver a llenarse, lo recogí del piso  y me lo guardé en la gabardina. Los 15 minutos de trayecto entre Aluche y Móstoles se me hicieron interminables. Estaba impaciente por leer aquel papelajo.

El papel era una carta, escrita con ortografía de alumno no universitario. La carta era una despedida. El autor la decía que la dejaba, la imploraba perdón por no despedirse a la cara, se disculpaba esgrimiendo que eran muy jóvenes y con mucha vida por delante; palabras ingratas, palabras como balas que dieron en el blanco; había letras borrosas por lágrimas, que era como la sangre derramada.  Me dio mucha pena por ella.

Guardé la carta durante tres días. El primer y segundo día, después de leer aquella despedida, encontrarme con ella me hacía sentir como un gusano; su cara muy triste, sus ojos perdidos, hacían temblar mis pilares.  Me había metido en donde no me llamaban, ¿por qué  lo haría? Me sentí sucio por dentro.

Al tercer día, ahora no recuerdo la marca o empresa que lo hacía,  regalaban a la entrada de la estación de Nuevos Ministerios una rosa. Todo un detalle. La mayoría las tiraba en la primera papelera a su paso, ¡ni que fuera una mierda!, yo la guardé con la intención de dársela a mi madre.

Esperando el tren en Atocha, me acordé de la chica de la carta. Desde Atocha a Embajadores hay sólo una estación y viajan pocas personas, si dejaba la rosa en el asiento que ella solía sentarse, tal vez se llevara una sorpresa agradable.

Ese día no fue una excepción, se subió y eligió sentarse en el mismo asiento de siempre, frente a mí.  El descubrimiento de la rosa  la puso nerviosa, se giró, me miró, y antes que pudiera hablar la dije:

- Yo.-  La he puesto yo ahí.

Ella quiso decir algo pero no la dejé.

- Yo.-  Las regalan en Nuevos Ministerios, no sé que hacer con ella y la ha dejado ahí.

- Chica.-  Es muy pequeña, pero una rosa es una rosa. Si no te importa me la quedo.

- Yo.-  Muy bien.

La guardó en su bolso y me dedicó una sonrisa. En el trayecto de Embajadores a Aluche  cruzamos miradas,  nada más, sólo un "adios" cuando se bajó en su destino. Yo, cuando llegué a Móstoles, quemé la carta con mi mechero y con las cenizas tranquilicé mi interior.

Durante las siguientes semanas, a lo más que llegábamos era a un "hola", "adios" cuando se bajaba, "hoy viene a tope",  poca cosa, sonrisas y miradas de timidez era nuestro lenguaje. Generalmente ella leía algún libro, yo  ojeaba el periódico o revistas.

El tiempo pasaba y dejé de encontrármela. Una mezcla de tristeza y liberación me invadió. Al final le conté a una persona querida lo que me había pasado, necesitaba liberarme. Después de ser  mi pañuelo de lágrimas, me dijo:

- Amigo.- ¿Por qué no aprovechaste la oportunidad? Si te gustaba, haberte tirado a la piscina ¡ya sabías que no estaba vacía!

- Yo.-  Me atraía, es verdad; pero no me hubiera sentido bien, hubiera jugado con ventaja.

- Amigo.-  ¡Eres tonto!


Han pasado muchos años, y si ahora me pasara algo parecido, no cojo el papel del suelo ni aunque me inviten a comer en El Bulli. Con el discurrir de los meses he perdido inocencia, y he ganado peso de grasa y de prejuicios.

JEJEEEEEE, ¡joder como pasa el tiempo!, esto ocurrió hace 9 años.

Por cierto, ¿qué hubierais hecho vosotros?

¡Feliz día!

Miguel



martes, 7 de septiembre de 2010

Un día de perros.

¡GRRRRRRRRRRRR! estos de iEspaña... la madre que los parió a todos. Soy perro viejo y vago; me da una pereza extrema tener que aprender ahora como funciona el editor de blogs de Google. En fin.

Bueno, bueno, bueno,  ya hace unos días que regresé de las vacaciones, y no me he pasado a visitar a ningún amigo bloguero por dos motivos: trabajo que me quita tiempo, y el tiempo que tengo lo quiero disfrutar con Ana y Claudia, y, que le vamos a hacer, soy muy perezoso y necesito coger inercia para no pararme.

Los 20 días de vacaciones han sido muy tranquilos. Los soldadores cósmicos debían de tener destajo que adelantar en el verano español, ¡que calorazo señores! Yo soporto muy bien el calor, no me agobia fisicamente; pero no soy inmune, tengo el problema que mi mal humor se acrecienta y me vuelvo todavía más insoportable.

Un día de mediados de agosto estaba de un  humor de perros. Si dejaba a Claudia correr me caía la bronca porque podía caerse (en efecto, se ha caído y algunas heridas se ha hecho). Si echaba al Jordi tomatitos, ciruelas y peras del huerto para que se hinchara, me caía la bronca porque luego le podía sentar mal (y sí, le sentó como un tiró y estuvo dos días devolviendo la comida). Si quería tomarme un cubata mi suegra me miraba mal (¡joder!, en vacaciones alguna licencia se debe permitir, ¿no?). Una mañana, harto, le dije a Ana.

- Yo.- ¡Estoy hasta los huevos!, ahora mismo pillo la Vespa y me voy por ahí.

- Ana.- ¡Ya estás tardando!

- Yo.- Mira, ¡te he dicho que me voy y no vendré hasta la hora de comer!, ¡si vengo!

- Ana.- No decías que te marchabas, ¡hala!, ¡ah!, no olvides comprar el pan cuando regreses.

Ya se sabe que cuando algo puede ir mal, no irá mal, irá peor. Mi "vesporro" querido estaba de vacaciones mecánicas y no quería arrancar. Tenía gasolina, entonces,  ¿por qué coño no arrancaba? 10 patadones, por lo menos, le daría al arranque y no hubo manera. Ana miraba por una ventana y se reía. Al final decidí arrancarla a la carrera, y la cacho capulla al fin arrancó, entre explosiones asmáticas el motor  llenó toda la calle de un humo blanquecino, que hizo cagarse en mis muertos a una vecina, porque tenía tendida la ropa en la calle (¡Dios mío!, tenía unas bragas colgadas que debían de ser para la mujer más grande del mundo, era tan grandes que podrían servir de paracaídas, nos os digo más).

Ya arrancada la maldita moto, el motor se calaba cada vez que metía tercera. Lo intenté un par de veces. Al final decidí que iría en segunda, a 20 - 30 Km/h y me daba igual el ruído que hacía aquel chisme, ¡como si le salía la biela por el tubo de escape!

Enfilé la carretera de la depuradora porque apenas tiene tráfico. Yo, sumido en mis pensamientos, a 20 Km/h "cortando" el viento camino de un bosque de pinos, en donde pararía y me subiría a un cerro para dar tres voces y quitarme el estrés. Ya lo había hecho antes y me había funcionado.

No sé si alguien del pueblo avisó a la policía, el caso es que un coche del a Policía Local vino a mi encuentro. Me obligó a pararme en una cuneta.

- Policía 1.- Buenos días, carnet de conducir por favor.

- Yo.- ¿He hecho algo mal?

No me respondió, tampoco me miró, mi permiso de conducir era su único objetivo.

- Policía 1.- Documentación de la motocicleta.

La tenía en regla. Estaba perplejo. Iba hecho una facha, parecía un quinqui; pero, ¿a santo de que me habían parado?

- Policía 1.- Caballero, le vamos a multar por ir tan despacio.

- Yo.- ¿Eh?, ¿está de coña?, ¡JAAJAAAAA!

- Policía 1.- Son 120 €. Si los paga antes de 15 días se queda en la mitad. No tiene pérdida de puntos. Estaba circulando a 20 Km/h por una carretera que permite circular a 60.

- Yo.- Agente, por favor, si por aquí no pasa nadie, bueno ustedes, pero vamos, algún tractor y bicicletas.

- Policía 1.- Estaba circulando usted de forma irresponsable. Ir tan despacio puede provocar un accidente por alcance.

- Yo.- ¡Esto es el colmo!, ¡mecagüenlamadrequemeparió!, claro, el ayuntamiento de Camporeal está canino y manda a la policía a poner multas, y si no puede ponerlas se las inventa, ¡no la voy a pagar, me voy a limpiar el culo con su multa!

- Policía 2.- Haga el favor señor.

- Yo.- ¡A tomar por culo!

Al final me arrestaron y me llevaron a las dependencias de la Policía Local. El sargento conocía a mis suegros y le sonaba mi careto; confirmado que era familia de Evaristo, me tranquilizaron y dejaron que llamara a Ana. Vinieron mis suegros, Ana  y Claudia en el carrito, y sólo se quedaron en casa la abuela y el Jordi. Estaba muerto de vergüenza.

Lo peor de todo es que en un pueblo pequeño todo se sabe. He pasado de  no conocerme nadie a ser famoso. Ahora me reconocen en el DIA cuando voy a comprar, en el bar cuando me tomo un vermut, en la panadería cuando compró el pan, en la tienda de prensa, ¡hasta el cura me conoce! Veo sus caras, sus sonrisas, lo sé, se rien de mi, ¡por multarme por ir a 20 Km/h!, lo mismo hasta he salido en la prensa local.

Pobre Claudia, dentro de unos años la recordarán como la hija de aquel atontao que iba en Vespa a 20 Km/h y le pusieron un multa.

Por cierto, necesito ayuda, ¿como leches se ponen en Blogger los enlaces a los blogs que quiero seguir?

Ya ha empezado la caída de la hoja.

MIGUEL